Tacos bajo fuego: El restaurante mexicano que desafía los misiles en Tel Aviv

Entre el olor a pólvora y la tensión de los refugios, un aroma a maíz y chiles tatemados emerge de un pequeño rincón llamado La Catrina.

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Por:
Emmanuel Rosales
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Para la familia Salame, dueña de este restaurante mexicano, la guerra no ha sido motivo de clausura, sino de adaptación. En un conflicto marcado por intercambios de misiles y drones, La Catrina se ha convertido en un termómetro de la resistencia civil, un lugar donde la normalidad se sirve en platos mexicanos.

El restaurante no solo ha tenido que ajustar su menú, sino su cronómetro. La gerencia ha implementado lo que podría llamarse un "horario de guerra", dictado no por la demanda de los clientes, sino por la trayectoria de los proyectiles.
"Cambiamos los horarios a horas un poco más tempranas porque empezamos a ver el ritmo de los misiles", explica Salo Salame, quien junto a su hermana Vicky mantiene el lugar operativo. "Por eso hoy en día aún tenemos un horario un poco confuso".
Mientras los hermanos mantienen el frente en la cocina y la barra, su madre, Helen, permanece resguardada en casa desde que estalló el conflicto. "De miedo sí, sí hay miedo", admite Vicky.

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Un servicio que llega hasta el búnker

La economía de guerra ha sido implacable. En una ciudad que solía ser un imán para el turismo y la vida nocturna, la soledad de las calles se traduce en cifras alarmantes: las ganancias de La Catrina han caído un 70%. Sin embargo, para los clientes fieles como Abel Katz, el valor de un taco auténtico en estos momentos trasciende lo monetario.

Katz, como muchos otros, ha tenido que aprender a vivir entre el sabor de una margarita y la urgencia de un búnker. Durante una de sus visitas recientes, la entrevista fue interrumpida por el aullido de las alarmas. Sin pánico, pero con una agilidad mecánica, clientes y empleados abandonaron sus asientos. "Cuando llegué al país pensé que los refugios eran cosa del pasado... pero me di cuenta de que son muy actuales", reflexiona Katz.

Lo que diferencia a La Catrina es su negativa a dejar que la interrupción detenga la experiencia. Si la sirena suena, el servicio no termina; se traslada. Los clientes cruzan la calle hacia el refugio cargando sus cervezas, sus platos de tacos y sus margaritas. "Cuando digo que tenemos buen servicio, es hasta el búnker", bromea Vicky, intentando inyectar algo de humor a una realidad triste.

Mientras los sistemas de defensa interceptan amenazas sobre la ciudad, dentro de este pequeño rincón mexicano, el espíritu sigue intacto. Porque en Tel Aviv, hoy en día, la resistencia tiene sabor a horchata y la esperanza se sirve con salsa picante.

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