Chicago.- ¿Alguna vez has tenido ganas de gritar sin parar para sacar tu coraje, enojos, tristezas, todos esos sentimientos que se quedan atorados, especialmente cuando estás pasando por algo difícil? Si bien hay momentos en los que queremos gritarle a una almohada o al vacío, ahora hay quienes lo hacen en grupo.
La moda de gritar en grupo: suelta frustraciones y estrés en los Scream Clubs
En los Scream Clubs, personas de distintas ciudades se reúnen para liberar frustraciones, estrés y emociones a todo pulmón.

Aunque no lo creas, hoy en día existen los llamados “clubes de gritos” que están surgiendo en distintas ciudades de Estados Unidos y prometen un poco de alivio emocional, algo que entre tantas cosas pasando en el mundo en este momento sin duda necesitamos.
Según Associated Press (AP), Manny Hernández, cofundador del primer Scream Club en Chicago, explica que estas sesiones grupales ayudan a liberar el estrés y la frustración, sobre todo en momentos complicados.
Y aunque suene loco, el punto no solo es llegar a gritar al aire, sino que los participantes comienzan con un calentamiento vocal, como tararear, seguido de ejercicios de respiración. Después, gritan juntos tres veces, cada una más intensa que la anterior.
No es como que sea una terapia oficial ni nada por el estilo, pero sí tiene sus beneficios. Según AP, la psiquiatra Ashwini Nadkarni, de la Escuela de Medicina de Harvard, explica que eso del “grito primal” no ha demostrado realmente funcionar para tratar problemas de salud mental, pero actividades como estas pueden ayudar a soltar el estrés, aunque sea por un rato y además te hacen sentir acompañado, como parte de una comunidad.
¿Cómo surgen los Scream Clubs?
Todo comenzó en Chicago, a partir de un momento complicado en la vida de pareja de sus fundadores, Manny Hernández y Elena Soboleva acababan de mudarse juntos tras mantener una relación a distancia. Durante una caminata junto al lago Michigan, Hernández, quien trabaja con técnicas de respiración, propuso soltar toda la tensión con un grito al final de un muelle.
Pidieron permiso a las pocas personas que estaban cerca y lo que siguió fue inesperado, ya que todos decidieron unirse.
“Después de hacerlo, algunos comenzaron a llorar, incluida Elena”, recuerda Manny Hernández. “Ahí nos miramos y dijimos: ‘Esto es algo que deberíamos llevar más allá’”, y tiempo después se convirtió en parte de una red que ha crecido rápidamente con 17 grupos en menos de un año en ciudades como Austin, Chattanooga, Atlanta, Detroit y San Juan, Puerto Rico.
Cómo funcionan los clubes de gritos
Dependiendo de la ciudad, los encuentros pueden ser semanales o mensuales, pero casi siempre se realizan en parques o espacios al aire libre para no molestar a otros.
Las sesiones suelen comenzar con un ejercicio como escribir en papel aquello que quieren soltar, luego vienen respiraciones profundas y ejercicios vocales para evitar lastimarse la garganta.
Después, todos gritan juntos tres veces, con pausas para respirar profundamente entre cada intento. Al final, lanzan el papel al agua como un acto de liberación.
Aunque la ciencia no respalda el grito como tratamiento psicológico, sí hay efectos interesantes en el cuerpo. Según Nadkarni, gritar activa regiones del cerebro como la amígdala y el hipocampo, responsables de procesar emociones y estrés.
Aunque no es obligatorio compartir las razones personales, muchos participantes terminan hablando después de la sesión, contando cómo algunos han perdido a seres queridos, otros enfrentan enfermedades o problemas de pareja. Y tú, ¿te unirías a una sesión de gritos para aliviar un poco de estrés?
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