Más de 50,000 seguidores de la banda BTS, conocidos mundialmente como "ARMY", abarrotaron la Plaza de la Constitución para un encuentro inédito: un saludo de siete minutos desde los balcones de Palacio Nacional, escoltados por la presidenta de México, Claudia Sheinbaum.
La diplomacia del K-pop: BTS conquista el Zócalo de la mano de Claudia Sheinbaum
Bajo un sol inclemente y una alerta por ola de calor que no logró disuadir a la multitud, el corazón de México se transformó este miércoles en un santuario del pop coreano
El evento, anunciado apenas unas horas antes durante la conferencia matutina de la mandataria, desató un caos en el centro de la capital.
El Metro de la ciudad se vio superado por oleadas de jóvenes que, armadas con sombrillas y bloqueador solar, buscaban un centímetro cuadrado en la plancha del Zócalo.
La Secretaría de Cultura extendió la invitación formal, pero fue el fervor digital el que movilizó a fans de todos los puntos de la capital mexicana, además de seguidoras de diversas generaciones, desde adolescentes de 18 años hasta mujeres de 59 que lucían tatuajes en honor a sus ídolos.
La aparición de Jin, Suga, J-Hope, RM, Jimin, V y Jungkook junto a la presidenta Sheinbaum a las 17:06 horas provocó un estallido sonoro que silenció el tráfico del primer cuadro de la ciudad. Entre frases de agradecimiento y un simpático “México mucho picante”, los integrantes de la agrupación surcoreana correspondieron al afecto de una base de fans que en México suma unos 14 millones de personas, el quinto mercado más grande para el grupo a nivel global.
La visita de BTS, que se produce en el marco de su "ARIRANG World Tour 2026", también ha servido como un ejercicio de diplomacia. Sheinbaum reveló gestiones personales con el presidente surcoreano, Lee Jae Myung, para ampliar el número de presentaciones en el Estadio GNP, tras una demanda que dejó a millones de fans sin boletos.

Aunque el Gobierno de Seúl respondió con cautela, señalando que las actividades culturales dependen de la iniciativa privada, la imagen de la banda en el balcón presidencial —el mismo sitio desde donde se proclama la independencia de México— marca un hito en la relación entre el entretenimiento masivo y el poder estatal. Para fans que llegaron a pagar más de mil dólares por una entrada, el debate político es secundario frente a la música que le brinda "felicidad en momentos tristes". Al final de la breve interacción, la promesa de la presidenta quedó en el aire: "Ya les dije que tienen que regresar el próximo año".