Durante años fue vista como una mujer discreta que cosía, cuidaba niños y llevaba una vida tranquila en Montevideo, Uruguay. Pero detrás de esa fachada se ocultaba África de las Heras, una agente de alto nivel de la Unión Soviética (KGB) que operó en América Latina en plena Guerra Fría.
La niñera que era espía de la KGB: la historia de África de las Heras y el oscuro secreto que salió a la luz
La escritora Laura Ramos, de niña, convivió con la agente de la Unión Soviética sin saber que lo era. Después escribió el libro Mi niñera de la KGB, donde revela el alcance de la doble vida de la mujer
De origen español, De las Heras participó en la resistencia contra Francisco Franco durante la Guerra Civil Española antes de integrarse a la inteligencia soviética bajo el alias "Patria". Su trayectoria fue extensa: actuó como telegrafista en Ucrania durante la Segunda Guerra Mundial, colaboró en la planeación del asesinato de León Trotsky en México, realizó labores de espionaje en París y más tarde entrenó agentes en Moscú.
Su llegada a Uruguay respondió a una estrategia clave: operar desde un país periférico y discreto para montar una red clandestina. Para ello, se casó con el escritor Felisberto Hernández y se instaló en Montevideo a finales de los años 40. Desde ahí, organizó operaciones destinadas a obtener información sensible —incluida la relacionada con el desarrollo nuclear estadounidense— y facilitó identidades falsas para agentes soviéticos.
Una de sus tácticas más inquietantes consistía en rastrear tumbas de niños en cementerios del interior del país. Con esos datos, gestionaba actas de nacimiento y fabricaba identidades que luego eran utilizadas por espías. Mientras tanto, en su vida pública, se integraba en círculos intelectuales, evitaba hablar de política y se ofrecía como niñera o modista para no levantar sospechas.
Quienes la conocieron nunca imaginaron su verdadera identidad. Ese fue el caso de la escritora Laura Ramos, quien convivió con ella en su infancia sin saber que era una espía. En su libro Mi niñera de la KGB, reconstruye no solo esos recuerdos —como las meriendas con pasteles finos y café con leche— sino también una investigación de cinco años que revela el alcance de su doble vida.
Ramos recuerda a una mujer de apariencia sencilla, voz tranquila y trato más bien distante, que la recogía a ella y a su hermano a la salida de la escuela y los llevaba a su casa. Nada en su comportamiento hacía sospechar que detrás de esa rutina cotidiana operaba una figura clave del espionaje soviético en la región.
Sospechas de envenenamiento y vínculos con muertes: los secretos más oscuros
La investigación de Laura Ramos también sacó a la luz episodios mucho más perturbadores. Tras separarse de Felisberto Hernández, la agente de la KGB obtuvo la ciudadanía uruguaya y posteriormente se casó con el espía italiano Valentino Marchetti, enviado por la propia red soviética como su superior. Ambos vivieron en una casa en Montevideo que también funcionó como punto de encuentro en la vida cotidiana de la autora.
Años después, una grabación encontrada por Ramos reveló testimonios que vinculan a la agente con al menos dos muertes. Según el relato de una mujer uruguaya reclutada como colaboradora, De las Heras habría envenenado a su esposo y solicitado ayuda para mover el cuerpo dentro de la vivienda.
El mismo testimonio la relaciona con la muerte del académico Arbelio Ramírez, ocurrida en 1961 durante un acto del Che Guevara en Montevideo. De acuerdo con la investigación, Ramírez también habría tenido vínculos con actividades clandestinas.
Uno de los elementos que refuerzan las sospechas es que el médico que certificó la muerte del esposo italiano fue el mismo que años antes intervino en el caso de Ramírez. Para la autora, las evidencias recopiladas —incluida la grabación— apuntan a una historia que mezcla espionaje, manipulación y posibles crímenes encubiertos.
El hallazgo más inquietante para Ramos es personal: según ese testimonio, el presunto envenenamiento ocurrió en el mismo lugar donde ella, de niña, se sentaba a tomar la merienda, sin imaginar que su "niñera" ocultaba una vida marcada por operaciones secretas y sombras difíciles de esclarecer.






