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Ángel, espérate, no te salgas. Quédate adentro, ángel.
Ya llegué. Carmelo: no manches, te tardaste un buen.
Desde que llegué te envíe foto de que ya estaba aquí afuera. Ándale, vámonos antes de que nos cachen.
Ángel: carmelo: ¿otra vez este malito perro pulgoso? Graciela: ¿y si mejor ya no vamos?
Carmelo: no me digas con qué te vas a rajar, eh. No, este maldito perro no me va a detener.
Graciela: carmelo, ya. Ángel, ya, suéltalo.
Ángel, suéltalo. Carmelo, ya.
Ángel, ya suéltalo! ¡carmelo!
¡carmelo! ¡suéltalo!
Entonces te vas a volver a ir solita con carmelo, amiga. Sí, amiga.
Amo más a carmelo desde que empezamos a tener relaciones y no veo nada de malo en querer estar con él, claro, siempre que se pueda. Ok, mira, no te lo digo porque sea algo malo, pero me da muchísimo gusto que estés muy feliz.
Soy una afortunada porque amo a carmelo y él me ama a mí. Y hablando del rey de roma, carmelo que se asoma.
Ahí viene. Bueno, yo me voy a comprar y me voy para mi casa.
Adiós. Carmelo: ¿lista, mi amor?
Acabo de confirmar que mi mamá no va a estar en la casa un buen rato, ya vamos a estar solos tú y yo. No me vayas a salir con que te vas a rajar.
No, no, para nada, carmelo, yo feliz de estar contigo. Carmelo: pues, vámonos, que el tiempo es oro.
A ver, ángel, ven a que te ponga a la placa que especialmente mandamos a hacer para ti. Ay, ya, para que no estés triste.
Bárbara: qué guapo, angelito, te vamos a tomar unas fotos y vas a ver que pronto vas a conquistar a una familia que sí te va a querer adoptar. Y así todos van a saber que eres un ángel y se van a pelear por tenerte con ellos.
Porque eres adorable. Bárbara: ¿le tomamos la foto?
Eso, muy bien. Ay, yo pensé que la placa iba a animar a ángel.
Bárbara: se debe sentir muy mal por el desprecio. Desde que esa gente sin alma se burló de su ilusión de pertenecer a un hogar lo he visto desganado, apachurrado, no sé, muy triste.
Ay, dichosos los ojos, muchachonas. ¿cómo están?
¿ustedes otra vez? Sí.
Les dije que les iba a dar unos días para que reunieran su cuota de protección y aquí estoy para que nadie se pase de lanza con ustedes ni con sus perritos. Pero es que no les podemos pagar, nuestro refugio no es un negocio, no tenemos dinero.
Lo hacemos por amor a los perritos. Ustedes están en mi territorio, y todos los que están en mi territorio pagan por protección.
No vaya a hacer que le vaya a pasar algo a tu casita peluda. A ver, por favor, déjanos seguir con nuestra labor, ¿sí?
Nosotras no nos metemos con nadie ni estorbamos a nadie. ¡es que es eso lo que yo les ofrecí!
La paz. Pero allá ustedes, ¿no?
Les quise hacer el paro. Vámonos.
Ahora estamos sacando los últimos perros del refugio. Bárbara: voy a verlos.
Pascual: yo cuando vi la primera explosión luego, luego, llame al 911 para que llegaran los bomberos. Y eso ayudó a que no se expandiera el incendio, lástima por las pérdidas materiales.
Vamos a llevar los perros a la perrera de la alcaldía. Está bien, mañana mismo voy a la alcaldía a reclamarlos y curar a los que están heridos y que reciban terapia para que así superen el susto.
La mayoría de los perritos están ilesos, pero todos están asustados y llorando. Esos desalmados no tuvieran corazón para atacar a estos seres inocentes.
Hagan su denuncia. Lo haremos, pero hoy yo creo que vamos a tener que buscar otro lugar para seguir con nuestra labor de rescatar y encontrarles un hogar a los perritos sin que los pongamos en riesgo.
Bárbara: ángel no está. ¿cómo que no está?
Bárbara: no, no está, ya busqué entre todos los perritos rescatados, me fijé bien y es el único que no está. No puede ser.
Seguramente se asustó y huyó, tenemos que buscarlo. Gracias.
Graciela: hola, hola, me das unos crunchitos con muchísimo chamuy y mucho limón, por favor. ¿quieres?
No, gracias. Yo estoy llena por la tarta de milanesa que me comí.
Graciela: ay, amiga, yo desde que estábamos en la última clase traía un antojo de crunchitos con mucho chamuy y limón. Qué bueno que ya salimos para comerlos.
Listo, güerita. Graciela: gracias.
Me saben a gloria, no sé si sea por el antojo, pero están riquísimos. Pues, no eres la única que se las está saboreando, eh.
Mira. Graciela: ay, mi vida.
Pero ni modo que sigas comiendo del suelo. Mira, te voy a dar de los míos y estos sí están limpios así que van a saber mejor.
Está bien bonito. Graciela: sí, está hermoso.
Carmelo: graciela, vámonos. Graciela: sí, carmelo.
Nada más deja termino de darle de comer a este hermoso perro. Carmelo: no, a ver.
Órale, perro mugroso, sáquese. Ángel: carmelo: ey, y ni te me pongas al brinco, eh, que te va a ir peor, perro sarnoso.
Graciela: adiós, amiga. Carmelo: es que tengo la casa sola.
A pasarla bien chido tú y yo. Graciela: vamos.
Carmelo: me hubiera encantado ir a la serie del caribe, este año fue en mazatlán, pero, pues, mis papás no tuvieron dinero para ir. Graciela: yo no lo conozco, pero me late que es bien padre.
Nunca he visto atardeceres, ese anaranjado tan bonito, pues, como sale en las redes sociales de las fotos que suben de mazatlán. Carmelo: pues, sí, este año el torneo fue allá, pero mis papás prefirieron ahorrar para irnos en vacaciones de semana santa.
Como ellos son de mazatlán. Graciela: de ahí que te gusta jugar béisbol, ¿verdad?
Lo sacaste de tus papás. Carmelo: la verdad, sí, pero sabes qué, vámonos, paso a dejarte a tu casa y de ahí me voy a mi entrenamiento.
Graciela: sí, amor, vámonos. Carmelo: ¿qué vas a comer ahorita?
¡graciela! A ver, ven para acá.
Me quieres decir qué horas son éstas de llegar. Hace mucho que terminaron las clases.
Graciela: porque me fui con mis amigos dar la vuelta a la plaza y me tardé un poquito, pero saliendo de la escuela le mandé mensaje a mi mamá. Sí, me mandó mensaje.
Bueno, pues, donde me enteré que andes saliendo a solas con tu noviecito ese, que todavía me sales con tu domingo siete, no te lo vas a acabar, eh, graciela. Graciela: no, no, cómo crees, papá, no.
Todos andamos juntos, todos los cuates, siempre, no. Bueno, a lavarse las manos para comenzar a merendar.
Graciela: sí, ma. Ángel: carmelo: maldito perro pulgoso, órale.
Órale, pulgoso, salte. Ya se fue.
Graciela: hola, hermoso. ¿qué?
¿qué tienes? ¿qué pasa?
Cálmate, no comprendo. Tengo que esperar a mi novio a que salga, no me puedo mover de aquí.
Oye, mi mochila. ¡espérate!
Espérate, mi mochila. Oye, espérate, no te lleves mi mochila.
Mi mochi-- ¡carmelo! Carmelo: ¿graciela?
Graciela: qué poca... ¿cómo me pudiste hacer esto?
Carmelo: vente, vámonos. Graciela: ¿qué pasó?
Ya me acordé. El infeliz de carmelo.
Encima de que me engañó se largó valiéndole que me hubiera desmayado. No puedo creer que me ponía los cuernos.
Ángel: graciela: muchas gracias por abrirme los ojos para que no siguiera de mensa con el traidor de carmelo. Y como tú no me dejaste aquí abandonada te voy a llevar a mi casa para que no sigas aquí en la calle, eh.
¿te late? ¿sí?
Ah, sí, traes un hueso con tu nombre. Así que te llamas ángel.
A lo mejor te perdiste y alguien te anda buscando. Con más razón para sacarte de la calle y llevarte a mi casa en lo que busco a tu mami o a tu papi.
Vente, vámonos. Vente, vente, vámonos, vámonos.
Vente, vente, corre. ¿un perro?
No, no, no, no sé, no sé. No estoy seguro de que se quede en la casa.
Ay, hernán, no seas así. Mira, este animalito es precioso, ni modo que lo abandones a su suerte y que siga perdido por la calle.
Hernán: sí, ignacia, me voy a enojar mucho cuando al perro se le ocurra morder mis pantuflas. Graciela: papá, por favor, en la calle le puede pasar algo, lo pueden atropellar.
Aquí va a estar seguro con nosotros, en lo que encontremos a su familia a la que se le perdió. Hernán: mientras hay que gastar en comprarle comida, sacarlo a pasear, limpiar sus gracias y, la verdad, no creo estar dispuesto para meter ese tipo de broncas aquí en la casa.
Graciela: papá, por favor. Hernán: no, entiende, es una responsabilidad muy grande que tenemos que agarrar-- todos: ángel: ignacia: míralo, no mordió tus pantuflas.
Al contrario, te las trajo para que te las pongas y estés más cómodo. Graciela: sí, papá, ángel es un perro educado, no callejero y no nos va a traer problemas, ya vas a ver.
Hernán: ay, condenado, eres bien listo, eh. Bueno, está bien, que ángel se quede en la casa.
Graciela: ay, gracias, papá. ¿ya viste?
Te vas a quedar. Hernán: mejor que me traigas a ángel y no a ese novio tuyo.
Graciela: no, papá, ya no ando con carmelo. Hernán: vaya, qué alivio por lo menos ya no voy a andar con el pendiente de que salgas con tu domingo siete, eh.
Ángel: graciela: ángel, me pones nerviosa. Ya, guarda silencio.
Ya, ángel, espérate. Te tienes que quedar, ángel.
Ángel, espérate, no te salgas. Quédate adentro, ángel.
Ya llegué. Carmelo: no manches, te tardaste un buen.
Desde que llegué te envíe foto de que ya estaba aquí afuera. Ándale, vámonos antes de que nos cachen.
Ángel: carmelo: ¿otra vez este malito perro pulgoso? Graciela: ¿y si mejor ya no vamos?
Carmelo: no me digas con qué te vas a rajar, eh. No, este maldito perro no me va a detener.
Graciela: carmelo, ya. Ángel, ya, suéltalo.
Ángel, suéltalo. Carmelo, ya.
Ángel, ya suéltalo! ¡carmelo!
¡carmelo! ¡suéltalo!
Ángel, no! Ángel!
Ángel! Ángel!
Ángel! Tome el collar y la placa de tu perro.
Graciela: ¿cómo está ángel? Mal, tenemos que operarlo.
Graciela: salve a ángel. Haga lo que sea, pero, por favor, salve a ángel.
Ignacia: tienes que calmarte, no has parado de llorar. Graciela: no quiero que ángel se muera, no quiero.
Por favor, virgencita, salva a ángel, que no se muera. Ángel puso en riesgo su vida para que no cometiera un grave error.
Ahora lo sé, me arrepiento, pero salva a ángel, que no se muera. Sálvalo, virgencita, por favor, que no se muera.
Hernán: ¿no que ya no tenías nada que ver con ese desdichado? Graciela: papá...
Mamá... Estoy embarazada.
Ignacia: ¿qué? Graciela: carmelo quería que abortara, y yo lo iba a hacer.
Ángel no nos quería dejar ir. Y...
Y yo empecé a tener dudas, pero ahora estoy decidida que no voy a abortar, que voy a tener a mi hijo. Quiero que ustedes me perdonen por decepcionarlos.
Sí, él es carmelo ramírez y yo soy su madre. ¿qué se le ofrece?
Venimos a detener al menor carmelo ramírez ortiz por atentar contra la vida del perro ángel. Carmelo: ay, no manches, si sólo es un perro insignificante, no le pasó nada.
En esta ciudad los animales tienen derechos, y agredirlos, lastimarlos o abandonarlos es un delito. Vas a tener que responder a las autoridades por casi matarlo.
Llévenselo. No, no se lo van a llevar.
Es mi hijo, no se lo pueden llevar, déjenlo. Procedan, compañeros, vámonos.
Carmelo: ¡mamá! Voy a hablarle a tu papá que te consiga un abogado.
Carmelo: mamá, háblale a mi papá. Sí, hijo.
Les agradezco tanto el amor con el que recibieron a mi hijo desde que nació. Hernán: ni creas que me tienes muy contento, eh.
Pero mi nieto o no tiene culpa de tus burradas. Ignacia: ay, cómo crees que no lo vamos a recibir y a llenarlo de amor.
Ay, si somos tan felices a pesar de todas las circunstancias, tenemos la bendición de haber recibido este bebé en la familia. A este angelito precioso.
Graciela: verdad, mamá, porque también tenemos un ángel de cuatro patas. Ángel: