El Papa León XIV, anteriormente conocido como el cardenal Robert Francis Prevost, protagonizó recientemente un incidente que demuestra que, ante los ojos de un banco de Chicago, el Vicario de Cristo es simplemente un cliente más sujeto a las normas de la sucursal.
Ni el enviado de Dios en la Tierra puede contra la burocracia bancaria: el día que le colgaron el teléfono al papa León XIV
Incluso para el líder de la Iglesia Católica, los protocolos de seguridad de un centro de llamadas pueden resultar un desafío insuperable
Según relató su amigo cercano, el reverendo Tom McCarthy, durante un encuentro con fieles en Naperville, Illinois, el pontífice llamó a su antiguo banco en su ciudad natal para actualizar sus datos de contacto tras cumplir dos meses en el cargo como máxima autoridad del Vaticano.
A pesar de haber respondido correctamente a todas las preguntas de seguridad, la mujer que le atendía le informó que, para completar el trámite, debía presentarse físicamente en la oficina.
Ante la imposibilidad logística que supone viajar desde la Ciudad del Vaticano hasta Illinois para un cambio de dirección, el Papa intentó apelar a su nueva investidura: "¿Te importaría si te dijera que soy el papa León XIV? —preguntó. La respuesta del otro lado de la línea fue un tajante silencio seguido del sonido del auricular desconectado cuando la operadora le colgó.
El incidente, que provocó risas entre los asistentes a la charla del padre McCarthy, resalta la faceta más humana y cotidiana de un hombre que creció en los barrios obreros del sur de Chicago antes de servir como obispo en Perú.
No es la primera vez que un pontífice busca mantener su autonomía en tareas mundanas; ya en 2013, el Papa Francisco sorprendió al mundo al insistir en pagar su propia cuenta de hotel tras su elección.
En este caso, sin embargo, la humildad no fue suficiente para convencer a la empleada bancaria, quien probablemente pensó que se trataba de una broma telefónica.
Finalmente, el "impasse" no se resolvió por intervención divina, sino mediante gestiones terrenales. Fue necesaria la mediación de otro sacerdote que realizó la logística y los trámites del banco para que la institución aceptara los cambios solicitados.
Mientras el Vaticano guarda silencio sobre el suceso, la anécdota queda como un recordatorio de que, en el mundo moderno, ni las llaves de San Pedro garantizan que no te dejen en espera o te corten la llamada.








