“Mi batalla apenas empieza”: a un año del operativo Midway Blitz, inmigrante de Elgin relata trauma, miedo y deudas

José Morales, arrestado por ICE durante el operativo Midway Blitz en Elgin en septiembre de 2025, cuenta cómo esa redada cambió su vida: pasó más de 90 días detenido, perdió su empleo de más de 20 años, vendió sus pertenencias para pagar una fianza y hoy enfrenta ansiedad, deudas y un futuro migratorio incierto.

Video Un hombre detenido por ICE en los operativos del Midway Blitz en Elgin relata las secuelas que sufrió

Chicago, Illinois.- Para muchos inmigrantes, el operativo Midway Blitz marcó un antes y un después. Casi un año después de una redada de la Patrulla Fronteriza en Elgin, algunos de los detenidos aseguran que siguen enfrentando las consecuencias de una mañana que, para ellos, nunca terminó.

Ese es el caso de José Morales, quien fue arrestado durante este operativo en el que estuve presenta la ex secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem y el ex jefe de la Patrulla Fronteriza, Gregory Bovino.

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“Yo me levanté como todos los días, para trabajar”

Según relató Morales, todo ocurrió el 16 de septiembre de 2025, alrededor de las 5:30 de la madrugada, cuando decenas de agentes federales fuertemente armados rodearon la casa ubicada en el 904 de Chippewa Drive, en Elgin.

Dentro de la vivienda había seis personas. Algunas dormían; otras ya se preparaban para salir a trabajar. José dice que se levantó como cualquier otro día, sin imaginar lo que estaba a punto de ocurrir.

“Yo me levanté como todos los días, para trabajar. Cuando escuché los helicópteros, dije: ‘¿Y eso qué es?’… quise prender la luz, pero no escuchaba. Ya cuando entré, me empezaban a alumbrar con lucecitas por todo el cuerpo. Vi que estaba lleno… parecía árbol de Navidad con muchas luces encima”, recordó.

Morales asegura que los agentes apuntaban con armas largas mientras irrumpían en la casa. Dice que en cuestión de segundos la puerta fue destruida.

“Explotan la puerta como con un mazo, como una bomba. No sé qué fue. Se me viene encima la puerta y yo me tiro para atrás para que no me vaya a lastimar. Eso fue lo que más me asustó”, contó.

“Nos dijeron que si no salíamos, iban a tirar gases lacrimógenos”

José relata que los agentes entraron por la parte frontal y también por la parte trasera de la casa, dejando puertas destrozadas, vidrios rotos y una escena de caos y miedo entre quienes estaban dentro.

“Nos dicen que si no salíamos iban a tirar gases lacrimógenos, que teníamos que salir. Y mi primo Beto me dice: ‘José, vámonos, que aquí nos van a matar’”, recordó.

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Según su testimonio, las seis personas que estaban dentro fueron esposadas sin recibir explicaciones inmediatas. Morales asegura que incluso les dijo a los agentes que tenía permiso de trabajo, pero que le respondieron que eso “no importaba”.

Entre los seis detenidos había dos ciudadanos estadounidenses que fueron liberados poco después. José, en cambio, fue trasladado a un centro de procesamiento en Broadview, donde asegura que pasó tres días en condiciones inhumanas.

“Dormíamos parados o en el suelo”

Morales describe ese primer centro de detención como un lugar hacinado y en malas condiciones sanitarias.

“Te meten en un cuartito, digamos como con 200 personas. En las noches era difícil dormir parado o buscabas cómo arrinconarte o cómo tirarte al suelo. El baño, todo cochino, feo, horrible”, relató.

Después fue trasladado a un centro de detención en Michigan, donde dice que el miedo se intensificó. Las noches, asegura, se hicieron eternas.

“Yo iba pensando en un montón de cosas. ¿Qué hice mal? ¿Qué pasó? ¿Por qué llegaron así? Tenía un miedo aterrador”, dijo. “Las noches son eternas porque te la pasas pensando todo el tiempo: ¿cómo sucedió?, ¿qué sucedió? Te haces preguntas todo el tiempo”.

Morales asegura que en ese encierro comenzó a sentir que las esperanzas de salir se desvanecían.

“Allá encerrado se acaban las esperanzas de salir porque ves mucha gente que no lo logra”, expresó.

Más de 90 días detenido y una fianza de $7,500

José permaneció detenido más de 90 días, hasta que el 18 de diciembre de 2025 fue puesto en libertad tras pagar una fianza de 7,500 dólares.

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Para reunir ese dinero, asegura, tuvo que vender prácticamente todo lo que tenía en casa.

“Vendí ollas, vendí la televisión, la sala, el comedor, máquinas para cortar el pasto, podadoras, sopladoras… vendí todo”, contó.

Pero al salir, dice, no recuperó su vida. Lo que encontró afuera fue una realidad marcada por el miedo, la ansiedad y la sensación de que el encierro seguía con él.

José asegura que desde su liberación vive con temor constante. Dice que cualquier ruido lo sobresalta y que incluso ha sufrido episodios de ansiedad al intentar retomar su rutina.

“Tengo miedo hasta aquí acostado. En la casa, cualquier ruido, me levanto”, dijo.

Según relató, recientemente intentó salir a manejar por unos 20 minutos porque quiere volver a trabajar, pero no pudo completar el trayecto.

“Me di cuenta que no puedo. Me tuve que parar dos veces porque me daba un ataque. Me metía a lugares y me ponía a rezar para que me calmara”, aseguró.

A esto se suma la pérdida de su empleo, al que había dedicado más de dos décadas. Hoy, dice, su situación económica también está al límite.

“Perder mi trabajo ha significado perderlo todo. Ahí pongo mi casa en peligro de perderla. Todavía estoy en eso. No sé si voy a poder con los pagos”, lamentó.

“La batalla no termina”

Casi un año después del operativo Midway Blitz, José dice que lo más difícil no fue solo el arresto o la detención, sino todo lo que vino después: las deudas, el trauma, la incertidumbre legal y el miedo de perder su hogar.

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“Me quedo con un sentimiento amargo que creo que nunca voy a olvidar en mi vida. Fue horrible pasar por todo eso… y salir para seguir batallando afuera”, dijo.

Hoy, asegura, su batalla sigue abierta: "Para mí la batalla no termina, apenas está empezando a ver cómo voy a quedar con mi estatus. No sé… pero esperemos que bien”.

La historia de José es una de varias que, para algunos inmigrantes detenidos durante Midway Blitz, no terminó con el operativo ni con la salida del centro de detención, sino que continúa en forma de ansiedad, pérdidas económicas y un futuro aún incierto.

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