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Genética

Embriones de ratón crecen por primera vez dentro de un útero artificial

Un grupo de científicos logró extraer el embrión y observar su desarrollo justo como se hace de manera natural dentro del útero de una rata. El avance puede permitir a los investigadores aprender más sobre por qué los embarazos terminan en abortos espontáneos o por qué los óvulos fertilizados no se implantan.
17 Mar 2021 – 04:20 PM EDT
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Un grupo de científicos extrajo un embrión de ratón del útero de su madre en un laboratorio israelí. El cigoto fue colocado enseguida en uno de los viales de vidrio de un carrete especial que, al amparo de una incubadora y un fluido cargado de nutrientes, forman un útero artificial. Durante los siguientes cinco días, el equipo vio con sorpresa el desarrollo del embrión hasta el punto de latirle el corazón.

El experimento, que parece sacado de una película de ciencia ficción, tuvo lugar en el Instituto de Ciencias de Weizmann, en la ciudad de Rehovot, a unas 12 millas al sur de Tel Aviv, y es la primera vez que un grupo de científicos logra observar el crecimiento de un embrión de un mamífero fuera de su madre.

Según un artículo publicado este miércoles en la revista Nature, que da cuenta de los resultados, el objetivo de las pruebas es el de ayudar a los especialistas a comprender cómo se desarrollan los mamíferos y cómo las mutaciones genéticas, los nutrientes y las condiciones ambientales pueden afectar al feto.

Un útero vivo

Hasta ahora, los investigadores podían fertilizar óvulos de mamíferos en el laboratorio y cultivarlos por poco tiempo. Sin embargo, para lograrlo, necesitaban un útero vivo.

El periodo de gestación de un ratón es de 20 días. El equipo extrajo el embrión de la madre a los cinco días de gestación, a la mitad de su desarrollo. En esa etapa, un ser humano sería ya un feto.

Apoyados del útero artificial, cuyos 10 viales giran en una rueda lentamente para que los embriones no se adhieran a la pared, donde se deformarían y morirían, las incubadoras proporcionaron oxígeno y dióxido de carbono para permitir la continuidad de su crecimiento.

Según explica el doctor Jacob Hanna del Instituto de Medicina Genética del Instituto de Ciencia de Weizmann, quien participó en la investigación, al día 11 de desarrollo (más de la mitad del embarazo de un ratón) examinaron los embriones, que alcanzaron el tamaño de semillas de manzana, y los compararon con los que se desarrollan en el útero de ratones vivos y se encontraron con que los embriones de laboratorio eran idénticos, al punto de que les latía el corazón.

Avance limitado

Sin embargo, los embriones cultivados en laboratorio para ese momento se habían vuelto demasiado grandes para sobrevivir sin un suministro de sangre de su madre. Tenían placenta y un saco vitelino, pero la solución nutritiva que los alimentaba por difusión ya no fue suficiente.

Al alcanzar este punto, el próximo objetivo, dijo Hanna en una entrevista, es superar ese periodo de madurez. Actualmente se está considerando usar una solución nutritiva enriquecida o un suministro de sangre artificial que se conecte a las placentas de los embriones y pueda permitir que su desarrollo continúe.

Aún así, para los especialistas, la capacidad de mantener vivos y en desarrollo a los embriones hasta la mitad del embarazo "es una mina de oro".

Hanna declaró que él y sus colegas habían extraído óvulos fertilizados de los oviductos de ratones hembra justo después de la fertilización, en el día 0 de desarrollo, y los habían cultivado en el útero artificial durante 11 días.

El útero artificial utilizado en las pruebas puede permitir a los investigadores aprender más sobre por qué los embarazos terminan en abortos espontáneos o por qué los óvulos fertilizados no se implantan.

Los investigadores pueden, además, observar cómo las células individuales migran a sus destinos finales.

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