Los Ángeles.- A veces, despedirnos de nuestro mejor amigo de cuatro patas puede doler más de lo que imaginábamos, la pérdida de una mascota puede dejar un vacío profundo y convertirse en una de las experiencias más difíciles que atraviesa una persona.
Dejar ir a una mascota: por qué su muerte puede doler tanto y cómo afrontar el duelo
Hay mascotas que están presentes en cada parte de nuestra vida: nos despiertan, nos esperan al volver a casa y se convierten en compañía durante los días buenos y los más difíciles. Cuando mueren, no solo desaparece un animal, desaparece una parte de nuestra familia.

Nadie nos prepara para entende r por qué duele tanto perder a ese animal que nunca nos juzgó, que estuvo a nuestro lado en los momentos más difíciles y que muchas veces logró arrancarnos una sonrisa cuando creíamos que ya no podíamos sonreír.
Kaleel Sakakeeny, fundador de la organización sin fines de lucro Animal Talks, explica a UNIVISION por qué el vínculo con una mascota puede ser tan profundo y cómo podemos afrontar el dolor de su pérdida.
“Las relaciones humanas son muy complejas. Están marcadas por imperfecciones, celos, juicios, decepciones, traiciones y otras emociones que pueden hacernos daño. No ocurre lo mismo con el vínculo entre humanos y animales, esa relación no es complicada. El amor entre una mascota y su cuidador es más puro y sencillo, profundamente basado en la aceptación. Por eso, el duelo por la muerte de una mascota suele ser más intenso y devastador que una pérdida humana, porque el amor es más simple y está libre de esas complicaciones”, explica.
Nuestras vidas giran alrededor de nuestras mascotas, las alimentamos, jugamos con ellas, las abrazamos y hasta tenemos conversaciones diarias sobre nuestro trabajo, nuestras relaciones o lo que nos ocurre y cuando ya no están, ese espacio que ocupaban en nuestra rutina puede sentirse enorme.
“Alguien dijo que nuestros animales de compañía son los ‘ángeles de nuestro mejor yo’. Sacan de nosotros una forma de amor, cuidado y sensibilidad que muchas personas sienten que perderán cuando muera su mascota y que volverán a ser una versión menos sensible de sí mismas”, agrega Sakakeeny.
Y aunque la culpa es frecuente, no necesariamente forma parte de todos los duelos. En muchos casos aparece alrededor de la decisión de optar por la eutanasia: ¿esperé demasiado?, ¿no esperé lo suficiente?, ¿debí acudir con otro veterinario?, ¿debí intentar una operación?, ¿debí probar otro tratamiento?, ¿debí quedarme en casa ese día en lugar de ir a trabajar?
Sakakeeny explica que, durante el duelo por una mascota, no siempre es necesario intentar superar la culpa de inmediato. En algunos casos, sentirse culpable puede ser una forma de protegerse del dolor y evitar, por un tiempo, enfrentarse a la realidad de que esa mascota ya no está.
Con el tiempo, compasión y acompañamiento, la culpa puede suavizarse y convertirse en arrepentimiento. Poco a poco, la persona comienza a aceptar que la antigua rutina y la vida que conocía ya no existen, que debe aprender a vivir con una nueva realidad sin la mascota que amaba.
¿Qué hacer cuando muere una mascota?
Muchas veces, nada.“ Permite que el dolor y el duelo existan. Véelos como una verdadera señal de amor. El amor y la pérdida son emociones inseparables, no hay nada que arreglar”, dice Sakakeeny.
Vivimos en una sociedad que intenta evitar el duelo y buscamos alejarnos del dolor sin darnos cuenta de que, aunque difícil, también puede enseñarnos algo, expresa.
El duelo no es necesariamente un problema de salud mental que tenga que solucionarse mediante terapia, es una respuesta profundamente natural ante la pérdida de algo o alguien que amamos como una mascota.
La recomendación es permitir que las emociones estén presentes y sentirlas plenamente, sin necesariamente llegar a una resolución o conseguir un “cierre”, sino aprender a reconciliarnos con la nueva realidad.
Eso significa aceptar gradualmente que la antigua rutina y la vida que conocíamos terminaron y que ahora existe una realidad diferente después de la muerte de nuestra mascota.
¿Cómo explicarles a los niños la muerte de una mascota?
Los niños pueden tener una capacidad sorprendente para procesar una pérdida, aunque mucho depende de su edad, del tipo de familia en la que crecen y de las creencias que los rodean.
Los niños toman como referencia la manera en que sus padres enfrentan la muerte, sus reacciones y la forma en que hablan del tema pueden influir en cómo los pequeños entienden y viven su propio duelo.
Por eso, Sakakeeny recomienda ser honestos, pero sin entrar en detalles que puedan ser demasiado difíciles de procesar.
También aconseja evitar expresiones como que una mascota fue “puesta a dormir”, ya que un niño podría asociar la muerte con el momento de irse a dormir y desarrollar miedo, sugiere explicar de una manera sencilla y acorde con su edad.
“Rex era viejo y estaba cansado, y le dolía mucho. Lo queríamos muchísimo y sabíamos que no iba a mejorar, así que lo ayudamos a morir en paz, rodeado de nuestro amor”.
Las preguntas sobre qué significa morir o qué ocurre después de la muerte dependerán de cada familia y de sus creencias, de la manera en que los padres entienden el tema, de lo que consideren apropiado para sus hijos.
La difícil decisión de la eutanasia
Una de las partes más dolorosas del duelo puede comenzar incluso antes de la muerte, cuando la familia debe decidir cuándo es el momento de aplicar la eutanasia y es donde personas cómo él, junto a los veterinarios, ayudan a tomar la decisión.
"Ayudar al cuidador de una mascota a entender que no lo sabe todo, que tiene conocimientos limitados y que está guiado por el amor puede ayudarlo a comprender que la eutanasia puede ser el último acto de amor. El mayor regalo que puede darle a su mejor amigo, aunque le rompa el corazón y le cause muchísimo dolor”.
Es una decisión profundamente personal que cada familia debe tomar con amor como guía y con la convicción de que está haciendo lo que considera mejor para su “mejor amigo”.
El duelo por una mascota también merece ser reconocido
El acompañamiento durante el duelo por una mascota es una labor que, de acuerdo con Sakakeeny, todavía es poco comprendida y no siempre es reconocida.
Incluso hoy son comunes comentarios bien intencionados como “consigue otro gato”, “solo era un animal” o “agradece que no era un amigo”.
Pero para quien acaba de perder a una mascota, esas palabras pueden minimizar el vínculo y el dolor que está experimentando.
El duelo no desaparece porque la persona que murió tuviera cuatro patas y reconocer ese vínculo también significa reconocer que su ausencia puede dejar un dolor profundo y que cada persona necesita su propio tiempo para aprender a vivir con ella.

