Bajo un cielo grisáceo de Beijing, el presidente Donald Trump atravesó este jueves uno de los umbrales más herméticos del poder chino: Zhongnanhai, el recinto reservado para la élite del Partido Comunista y el epicentro del poder político de China al que muy pocos tienen acceso.
El jardín secreto al que Xi Jinping invitó a Trump durante su visita a China
El encuentro entre el presidente Donald Trump y su homólogo chino, Xi Jinping, culminó este viernes en el epicentro del poder político del Partido Comunista de China, Zhongnanhai, que resguarda un jardín secreto al que muy pocos tienen acceso
No fue una visita cualquiera. Muy pocos mandatarios estadounidenses han conseguido franquear los muros de ocre rojo que protegen este complejo de residencias y oficinas oficiales, oculto detrás de jardines imperiales y lagos inmóviles que parecen suspendidos en el tiempo.
Zhongnanhai no suele abrirse al mundo; mucho menos a sus rivales estratégicos, pero el mensaje es claro, hay buena voluntad por parte de los dos gobiernos en concretar alianzas. La invitación al jardín secreto del púlpito del poder ocurre cuando Jinping instó a Estados Unidos a actuar como “socios y no rivales”.
Allí, entre senderos de piedra húmeda, lagos y jardínes imperiales, Xi Jinping condujo personalmente a Trump por el recinto que alguna vez perteneció a la realeza de la dinastía Qing, una arquitectura imperial con más de ocho siglos de historia.

El paseo, cuidadosamente coreografiado, tuvo algo de diplomacia y algo de teatro histórico: dos líderes enfrentados por intereses económicos y tensiones geopolíticas caminando entre símbolos de unidad y servicio a sus pueblos.
Trump avanzaba y observaba; por momentos se detenía a admirar los arcos ornamentales que escoltan los jardines o las rosas perfectamente alineadas junto a los caminos. Durante unos segundos, el mandatario contempló en silencio el lugar.
Xi, por su parte, actuó como anfitrión y guardián de la memoria china. Señaló árboles centenarios que sobreviven desde hace siglos en el complejo, algunos con más de mil años de antigüedad. Troncos retorcidos por el tiempo, aunque firmes, que representan permanencia y resistencia.

“Un lugar agradable. Me gusta. Podría acostumbrarme a esto”, le comentó el presidente Trump a Xi Jinping.
En ese rincón inaccesible de Beijing, entre rosas, lagos y árboles antiguos, este viernes se desplegó un equipo de seguridad muy riguroso, bajo supervisión militar de élite para resguardar a los líderes de las primeras dos economías del mundo.
Tras el fin de la era imperial en 1912, Zhongnanhai fue reconvertido en un complejo presidencial, parecido a la Casa Blanca o el Kremlin, de Rusia. Desde entonces, Zhongnanhai ha sufrido diversas demoliciones y renovaciones.









