Del juego a la adicción: la historia real que revela el impacto oculto de las apuestas

La adicción al juego es un problema de salud mental que afecta a miles de personas, especialmente en la comunidad latina. Javier Correa brinda su testimonio de lo que sufrióm, y expertos explican consecuencias y las opciones de ayuda disponibles.

Video Adicción a los juegos de azar: primero adrenalina y después falta de control

Chicago, Illinois.- Un viaje familiar a Las Vegas despertó en Javier Correa una sensación que cambiaría su vida para siempre. La adrenalina, el ambiente y la promesa de dinero fácil lo atraparon casi de inmediato.

Correa dice haber sentido que estaba frente a una vida “de lujos, hermosa, bonita”, y en ese momento decidió que eso era lo que quería para su futuro.

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La idea de convertirse en un jugador exitoso, como los que veía en películas, empezó a tomar forma rápidamente. Pensó que había encontrado una forma sencilla de ganar dinero, de vivir bien, sin imaginar que ese mismo camino lo llevaría a perderlo todo.

El momento en que todo cambia

Al inicio, Javier creía tener el control. Ganaba, perdía y volvía a ganar. Esa dinámica le daba la falsa sensación de equilibrio. Sin embargo, ese control se rompió cuando comenzaron las pérdidas más fuertes. Intentó recuperarse, apostando más, pero el resultado fue el contrario.

Ahí comenzó el ciclo que muchos expertos identifican como el inicio de la adicción: perder y seguir apostando con la esperanza de recuperar lo perdido. Javier lo describe como su “bajada”, el punto en el que dejó de poder controlarse y empezó a perder de forma constante.

Una enfermedad más allá de la voluntad

Especialistas advierten que la adicción al juego no es simplemente falta de disciplina. Rafael Rivera, del Departamento de Servicios Humanos de Illinois, explica que se trata de un problema de salud mental en el que la compulsión supera la capacidad de control de la persona.

Según Rivera, este trastorno implica procesos cerebrales que dificultan detener la conducta, lo que puede llevar a decisiones cada vez más negativas, afectando no solo al individuo, sino también a su entorno familiar.

Pérdidas que van más allá del dinero

Uno de los momentos que Javier recuerda con mayor claridad ocurrió en un casino, cuando tenía una ganancia de 1,800 dólares. Cansado pero confiado, decidió seguir jugando con la meta de alcanzar los $2,000. En cuestión de minutos, perdió todo. Primero una apuesta, luego otra más grande, hasta terminar no solo sin ganancias, sino perdiendo dinero propio.

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Pero esa no fue la peor consecuencia. Con el tiempo, el impacto del juego se extendió a todas las áreas de su vida, confesó.

Perdió su casa, su carro, sus tarjetas de crédito y su estabilidad económica. Incluso su empleo se vio afectado, ya que empezó a faltar al trabajo o a salir antes para ir al casino. La necesidad de jugar se convirtió en una prioridad por encima de todo, admitió.

Un problema que golpea fuerte a la comunidad latina

La situación de Corre no es aislada. De acuerdo con Julio Rodríguez, trabajador comunitario, aproximadamente uno de cada cuatro latinos enfrenta problemas relacionados con el juego, una cifra que considera alarmante.

Además, señala que el problema suele agravarse porque muchas personas sienten vergüenza de admitir que están perdiendo dinero. Esa negación lleva a ocultar la situación a familiares y amigos, lo que termina profundizando las consecuencias personales y financieras.

A medida que la adicción avanza, también cambia el comportamiento. Javier reconoce que comenzó a mentir constantemente, asegurando a los demás que había dejado de jugar cuando en realidad seguía haciéndolo.

Esa negación es común en este tipo de trastornos. Aunque en el fondo sabía que estaba mal, su pensamiento estaba enfocado únicamente en recuperar el dinero perdido. Esa idea, repetitiva y persistente, lo mantenía atrapado en el ciclo del juego.

El punto más crítico: desesperación total

En su momento más bajo, Javier admite que llegó a tener pensamientos suicidas tras perder grandes cantidades de dinero. La desesperación era tal que incluso consideró tomar decisiones extremas para salir de su situación.

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Rivera, del Departamento de Servicios Humanos de Chicago, advierte que este tipo de pensamientos no es inusual.

Las personas con trastorno del juego tienen un mayor riesgo de suicidio, ya que no solo enfrentan pérdidas económicas, sino también la ruptura de relaciones personales y la sensación de haber perdido el control de sus vidas, aclara Rivera.

El primer paso hacia la recuperación

El cambio llegó en un momento de quiebre. Después de perder el último dinero que llevaba —que además no era suyo— Javier rompió en llanto en una mesa de ruleta. Fue entonces cuando un trabajador del casino se acercó y le ofreció ayuda.

Ese encuentro lo llevó a inscribirse en un programa de autoexclusión, que le prohíbe ingresar a casinos. Aunque el proceso no fue fácil, marcó el inicio de su recuperación.

Para él, el paso más importante fue aceptar que tenía un problema. Sin ese reconocimiento, asegura, no habría sido posible buscar ayuda ni empezar a cambiar.

Tratamiento y recursos disponibles

El tratamiento para la adicción al juego se centra en modificar patrones de pensamiento y comportamiento. Incluye terapia, consejería y programas de apoyo diseñados para ayudar a las personas a controlar la compulsión, explica Rafael Rivera, del Departamento de Servicios Humanos de Chicago.

También existen recursos como líneas de ayuda y programas financiados por el estado que ofrecen orientación, tratamiento y apoyo financiero. Además, organizaciones comunitarias trabajan en la prevención a través de educación, especialmente en comunidades vulnerables.

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A través de este enlace puedes conseguir ayuda disponible en español en Chicago, e Illinois.

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