Se cumple un cuarto de siglo del atentado del 11 de septiembre de 2001, una tragedia que conmocionó a miles de personas en Estados Unidos y en el mundo. Casi 3,000 personas murieron aquel día, entre ellas latinos e inmigrantes indocumentados.
¿Cuántos inmigrantes hispanos murieron en los atentados del 9/11?
De acuerdo con la página de internet del Memorial y Museo del 11 de Septiembre, decenas de inmigrantes indocumentados murieron durante los atentados
De acuerdo con la página de internet del Memorial y Museo del 11 de Septiembre, decenas de inmigrantes indocumentados murieron durante los atentados. La mayoría de ellos eran trabajadores del restaurante Windows on the World, ubicado en los pisos 106 y 107 de la Torre Norte del World Trade Center.
¿Cuántos inmigrantes indocumentados murieron en el atentado del 11 de septiembre?
Se estima que 67 de las 2,977 personas que murieron en los atentados del 11 de septiembre eran inmigrantes indocumentados. De acuerdo con el Memorial 9/11, la mayoría trabajaba en Windows on the World, donde laboraban personas de diferentes nacionalidades.
Entre las víctimas también hubo alrededor de 250 latinos, según las cifras del Departamento de Salud e Higiene Mental de la Ciudad de Nueva York. La dependencia señala que los latinos representaban aproximadamente el 9% de las más de 2,700 personas asesinadas en el World Trade Center.
Entre ellos había personas procedentes de distintos países de América Latina. En el caso de México, se estima que 16 mexicanos pudieron haber muerto en los atentados, aunque solo cinco fueron identificados plenamente. Los otros 11 nunca fueron encontrados entre los restos del World Trade Center.
Los cinco mexicanos identificados fueron Antonio Javier Álvarez, Leobardo López Pascual y Antonio Meléndez, originarios de Puebla; Martín Morales, de Tlaxcala, y Juan Ortega Campos, de Morelos. Los primeros cuatro trabajaban en Windows on the World.
Los otros 11 mexicanos eran Arturo Alba Moreno, de Ciudad de México; José Manuel Contreras, de Jalisco; Germán Castillo García, del Estado de México; José Guevara González y José Antonio Santos Anaya, de Aguascalientes; Fernando Jiménez Molina, de Oaxaca; Alicia Acevedo Carranza, Víctor Antonio Martínez Pastrana y Juan Romero Orozco, de Puebla; además de Margarito Casillas y Norberto Hernández, cuyo origen no fue determinado.
En Windows on the World trabajaba Nancy Díaz, una inmigrante dominicana de 28 años que había llegado a Nueva York tres años antes. Había emigrado con la intención de mejorar su situación económica y, antes de los atentados, preparaba un viaje a República Dominicana para reencontrarse con su familia.
El 11 de septiembre, esos planes quedaron truncados. Díaz murió junto con otros trabajadores del restaurante cuando el avión impactó la Torre Norte y posteriormente el edificio colapsó.
Entre los inmigrantes que murieron en los ataques de igual manera estaba el colombiano Víctor Hugo Paz, de 43 años, quien se desempeñaba como chef de repostería en Windows on the World, uno de los restaurantes ubicados en los pisos superiores de la Torre Norte.
Paz había llegado a Nueva York a mediados de los años 90, después de escapar de la violencia en Colombia, donde uno de sus hermanos había sido asesinado. La ciudad se había convertido en el lugar donde imaginaba comenzar una nueva vida; lamentablemente, la misma ciudad que le había dado la esperanza de un nuevo comienzo fue la que terminó quitándosela.
Otro de los latinos que murieron aquel día fue Sergio Villanueva, un argentino que terminaba un turno de 24 horas en el Departamento de Bomberos. Después de trabajar, tenía previsto reunirse con su prometida, con quien estaba organizando su boda.
Ella esperaba su regreso cuando encendió el televisor y encontró las imágenes del ataque contra las Torres Gemelas. Fue así como entendió que no volvería a ver a su esposo.
También estaba Antonio Montoya, un venezolano de 47 años que vivía en Boston y tenía previsto viajar a Los Ángeles. Un problema con su reservación terminó llevándolo al vuelo 11 de American Airlines, el avión que impactó contra la Torre Norte. Montoya era padre de tres hijos.
Sekou Siby: el inmigrante indocumentado que sobrevivió al 11-S y cargó con la culpa de vivir
Un caso que resalta es el de Sekou Siby, aunque no era originario de América Latina. El inmigrante de Costa de Marfil llegó a Estados Unidos como indocumentado y trabajaba en Windows on the World, en la Torre Norte del World Trade Center. El 11 de septiembre debía acudir a trabajar, pero intercambió su turno con su compañero Moisés Rivas, un inmigrante ecuatoriano que murió en los atentados. Siby sobrevivió, pero aquella decisión quedó marcada en su vida. Durante años cargó con la pregunta de por qué él había regresado a casa mientras su compañero no. Después de los ataques, recorrió hospitales de Manhattan en busca de sus compañeros y conoció de cerca el miedo de muchas familias de inmigrantes indocumentados, que incluso después de perder a sus seres queridos temían acercarse a las autoridades por su situación migratoria.
La historia de Siby también muestra una de las caras menos visibles del 11 de septiembre. La de quienes estaban ahí trabajando, construyendo una vida lejos de su país y esperando simplemente volver a casa. Para algunos, esa llamada nunca llegó. Para otros, como Siby, sobrevivir significó cargar durante años con los recuerdos de quienes no tuvieron la misma oportunidad.
A 25 años de los atentados, algunas de las historias de las víctimas todavía permanecen incompletas. En el caso de los mexicanos, 11 nombres siguen asociados a personas que nunca pudieron ser encontradas entre los restos del World Trade Center. En Nueva York, miles de nombres permanecen grabados en el Memorial del 11 de septiembre.
Detrás de cada nombre había una vida latente de sueños, de esperanzas. Alguien que esperaba regresar a casa, volver a ver a su familia, llevar a cabo su boda para consumar su amor, un inmigrante pidiendo una oportunidad que le arrebataron en su país. El 11 de septiembre terminó para siempre con cada una de esas historias. 25 años después, recordarles se convierte en una manera de regresarles su identidad ante este desastre que quedó marcado en la historia.








