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Interés Humano

“Nos gustaría que no hubiera fronteras”: el sueño de un inmigrante que realizará una travesía por América a bordo de su bicicleta

Miguel Cotto, un uruguayo de 53 años de edad, recorrerá más de 16,000 millas en su bicicleta, desde Houston a Montevideo, para enviar un mensaje de unión entre las naciones y de rechazo a la segregación.
24 May 2017 – 7:17 PM EDT

HOUSTON, Texas.Miguel Cotto, un amante del ciclismo que llegó a Estados Unidos procedente de Uruguay hace casi dos décadas, se prepara para realizar una hazaña sin precedentes a bordo de su bicicleta. Recorrerá más de 16,000 millas desde Houston a Montevideo, todo con el propósito de enviar un mensaje sobre la importancia de ‘unir en vez de segregar’.

Tres veces por semana, el entusiasta ciclista realiza carreras de práctica desde Katy hasta Fulshear, dos poblados ubicados al Oeste de Houston. Antes de que despunte el alba, Cotto y sus compañeros de equipo ya están preparados para el recorrido del día.

“Donde el transporte no llega, mi bicicleta me lleva,” dice Cotto, con una sonrisa.

El charrúa, de 53 años de edad, está acostumbrado a vivir la vida sobre ruedas. A sus 22 años formó parte de una caravana que viajó desde su natal Montevideo, en Uruguay, hasta la Ciudad de México para presenciar la Copa del Mundo en 1986.

Durante su permanencia en Estados Unidos, Cotto ha viajado a lo largo y ancho del país motivado por su pasión por el ciclismo. Pero este año, el uruguayo está entrenando para una hazaña que va más allá de lo deportivo: una caravana por ‘la fraternidad de los pueblos’ a través de su organización Misión Deportiva Cultural (MIDECU), la cual durará varios meses y pasará por las capitales de los países de América.

“En realidad, nos gustaría que no hubiera fronteras, ya que realmente somos todos hermanos. Somos una misión deportiva-cultural y creemos que la herramienta de unión es del deporte, el ciclismo,” destacó.

La idea de Cotto es iniciar la travesía en octubre y completarla en dos etapas. La primera de Houston a Panamá en aproximadamente cuatro meses. El último tramo partirá de Colombia o Venezuela poco después para ser completado en un periodo de cinco meses. Todos los detalles, en materia de seguridad y logística están siendo coordinados de forma estricta.

“Sabemos que hay lugares que no se pueden transitar, como el Desierto de Atacama o la selva (Amazónica) en Ecuador. En tema de seguridad, nosotros nos manejamos a nivel gubernamental. Uruguay nos facilitaría un pasaporte deportivo para poder tener acceso".

En México, por ejemplo, Cotto y sus colaboradores ya están en contacto con organizaciones ciclísticas similares a la suya para poder contar con su apoyo en lo referente a hospedaje y alimentación, entre otros. Esto es algo que también se coordina desde ya en los otros países latinoamericanos que visitarán en el recorrido.

Juan Cuneo es uno de los compañeros más fieles de Cotto en sus prácticas semanales. Por años, ambos han compartido una amistad que trasciende el deporte y que hoy se ve enriquecida por la singularidad y nobleza de esta misión.

“(La travesía) está muy bien. A través del deporte se comunica con otros países, se junta, colabora y ayuda. Es una buena causa,” dijo Cuneo.

El viaje en bicicleta también está motivado por el reencuentro con los seres queridos que Cotto dejó atrás cuando partió a Estados Unidos. Desde hace casi dos décadas no ve a su padre y añora el momento de poderlo abrazar otra vez.

“Por motivos que nos atañen, (vinimos) a este país como tantas otras personas. Ya he visto a mi mamá, pero hace 17 años que no veo a mi papá. Quisiera reunirme con él después de tantos años,” dijo con la voz entrecortada.

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