Inmigración

Esto fue lo que pasó con los 99 niños inmigrantes separados de sus padres y enviados a Chicago

Una investigación de ‘ProPublica Illinois’ explica cómo documentos confidenciales revelan detalles sobre los problemas para encontrar a los padres y las experiencias traumáticas durante la política de tolerancia cero de la administración Trump.
12 Sep 2018 – 3:24 PM EDT

Este artículo forma parte de una alianza entre ProPublica Illinois y Univision Chicago.

Eran tan jóvenes como de 10 meses, tan mayores como de casi 18 años.

Aproximadamente un tercio de los niños que terminaron en Chicago venían de Guatemala, mientras otros habían huido de Brasil, Honduras, El Salvador, Belice, Rumanía e India. Todos tenían al menos a uno de sus progenitores detenido, frecuentemente a cientos de millas de distancia.

Meses después de que las penurias de los niños separados de sus padres durante la agresiva campaña de tolerancia cero activada por la administración Trump provocara indignación pública y la derogación de esta política migratoria, muchas de las identidades y experiencias de aquellos niños durante sus detenciones siguen siendo desconocidas.


Sin embargo, ProPublica Illinois ha obtenido archivos confidenciales sobre los 99 niños que fueron enviados a albergues en Illinois operados por Heartland Human Care Services, una agencia sin fines de lucro con un contrato federal para albergar niños inmigrantes en nueve instalaciones del estado.


Los archivos forman parte de una remesa más grande de documentos que arrojan luz sobre el funcionamiento interno del hermético sistema de detención para niños en el país, que fue revelado en una investigación de ProPublica Illinois la semana pasada.

Al igual que los menores que han llegado solos al país, los niños que fueron separados de sus padres también han escapado del peligro para terminar en refugios, asustados y confundidos. Repentinamente solos, presentaron síntomas de angustia y agonía por la ausencia de sus padres, amenazando con hacerse daño a sí mismos o a otros, según muestran los expedientes.

Siete de los niños separados en Chicago todavía no han sido reunidos con sus familias.


Uno de ellos, un niño de 12 años llamado Erick —todavía detenido casi cuatro meses después de que las autoridades de inmigración lo separó de su padre— se deprimió tanto que fue ingresado en un hospital psiquiátrico por una semana y diagnosticado con un trastorno de adaptación, según los archivos.

Desde que fue puesto bajo el cuidado de Heartland en mayo, ha recibido al menos tres medicamentos para controlar su depresión, agresión y arrebatos emocionales. Ha tenido dificultades para dormir y ha peleado con otros niños y con empleados, de acuerdo con estos documentos.

En junio, un guatemalteco de 11 años detenido en un albergue de Heartland en el municipio suburbano de Des Plaines, lloró desconsoladamente mientras manifestaba a los empleados “Yo quiero morir aquí”, según muestran los archivos. Los empleados le respondieron que necesitaba “vivir para ver a su familia”.

Una rumana de 12 años contó que sentía “como que se iba a morir sin su papá”.

Y un brasileño de 13 se sintió mal por no tener información sobre su madre. Su primera conversación telefónica fue casi un mes después de haber sido separados.


Funcionarios de Heartland informaron que la política de tolerancia cero del presidente Trump ha causado “daños incalculables” a los menores, dejando a la organización con la tarea de “recoger los escombros de las muy destructivas políticas de la administración”.

Una denuncia colectiva federal presentada por una coalición de abogados la semana pasada pide que el gobierno pague por los cuidados de salud mental de los niños separados de sus padres porque el “evento traumático” ha causado “daños emocionales y psicológicos severos y probablemente permanentes”. Psiquiatras y pediatras han instado al gobierno a revocar la política, argumentando que fomenta ansiedad, depresión y demoras durante su desarrollo.


“El daño provocado no es algo que se desvanece con la reunificación”, señaló Jesse Bless, uno de los abogados demandantes que está representando a varios de los niños alojados en refugios de Heartland. Sobre las posibles secuelas de traumas dijo que están “empezando a ver signos de efectos a largo plazo”.

Heartland Human Care Services es parte de una organización sin fines de lucro más grande llamada Heartland Alliance, que se ocupa de una variedad de asuntos sobre derechos humanos. Cada años, el grupo alberga alrededor de 3,000 menores migrantes en la zona de Chicago. Los niños separados de sus padres han sido retenidos en tres albergues de Chicago –en los barrios de Englewood, Bronzeville y Rogers Park— y dos en Des Plaines.

Los documentos obtenidos por ProPublica Illinois contienen registros con información demográfica sobre los menores, incluidos los 39 que llegaron durante una semana a finales de mayo, en el momento álgido de la represión.


Empleados de Heartland siguieron de cerca la situación de los niños, detallando lo bien que estuvieron haciéndole frente cómo iban aguantando y haciendo apuntes diarios y tomando notas diarias sobre los esfuerzos para reunirlos con sus familias o comunicarlos por teléfono con ellas. La agencia estuvo trabajando bajo presión para actuar rápidamente porque el gobierno federal se enfrentaba a la fecha límite que ordenó una corte para reunir alrededor de 2,600 menores detenidos en albergues a través del país. La semana pasada, más de un mes después de la fecha tope del 26 de julio, aproximadamente 400 menores seguían separados de sus familias.

Funcionarios de Heartland contaron que algunos de los siete niños retenidos en Chicago que todavía no han sido reunidos con sus padres se enfrentan a un “futuro incierto”. Sus casos se encuentran entre los más desafiantes porque sus padres han sido deportados o permanecen detenidos y no han podido identificar algún custodio —típicamente un pariente o amigo de la familia— que pueda encargarse de ellos.

La Oficina de Reubicación de Refugiados (ORR, por sus siglas en inglés), la agencia federal que supervisa el programa de menores no acompañados, tiene la última palabra sobre cuándo podrán ser liberados estos menores. Según autoridades federales, deben considerarse múltiples factores, incluida la seguridad, antes de ubicar a un niño. El proceso, en su opinión, comienza tan pronto como el niño se encuentra bajo custodia.

Los registros revelan cuán difícil ha sido reunir a las familias, una tarea aún más desafiante porque el gobierno no contaba con un sistema para hacerlo. En las notas de los casos, los empleados de Heartland manifestaron rutinariamente las dificultades para comunicarse con el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) para conocer el paradero de los padres.

Cuando el personal de Heartland lograba hablar con empleados de ICE, algunas veces la agencia no podía localizar a los padres de los menores o, cuando lo conseguían, estos ya estaban siendo transferidos a otro centro de detención. Algunos padres estaban dispersos en todo el país en centros de detención desde Georgia hasta Arizona. Otros fueron deportados.

Un trabajador social de Heartland hizo intentos repetidos para conectar a un chico brasileño de 17 años con su padre. El adolescente llegó a un centro de Heartland el 11 de junio. Su trabajador social preguntó a ICE por el paradero del padre el 14 de junio e hizo dos intentos más sin recibir respuesta.

Un trabajador social de esta organización realizó repetidos esfuerzos para conectar a un joven brasileño de 17 años con su padre. El adolescente llegó a un refugio de Heartland el 11 de junio. Desde el 14 de junio estuvo preguntándole al ICE por el paradero del padre sin recibir respuesta.

Finalmente, el 29 de junio, oficiales de ICE dijeron que no podían localizarlo.

No fue sino hasta el 3 de julio —tres semanas después de la llegada del adolescente a Chicago— que el menor pudo hablar con su padre, quien estaba detenido. El menor fue liberado el 24 de julio y puesto bajo custodia de ICE con su padre.


Aunque la mayoría de las separaciones ocurrieron durante las seis semanas en que se implementó la campaña de tolerancia cero entre abril y junio, los archivos de Heartland también dejan claro que las separaciones de familias venían sucediendo desde mucho antes de que la política fuera formalizada y llegara a estar bajo escrutinio público.

Un menor de Brasil, por ejemplo, tenía 13 años cuando fue separado de su padre después de ser arrestados al cruzar la frontera de Estados Unidos y México, en julio del 2017.

El padre fue enviado a un centro de detención de El Paso (Texas) y deportado en diciembre. El adolescente fue enviado a Chicago, donde permaneció detenido durante al menos 400 días. Seguía bajo custodia de Heartland a finales de agosto. Ahora tiene 15 años.

Destinee, una niña de 11 años de Guatemala, llegó a un albergue de Heartland el 22 de mayo y fue liberada a finales de junio para irse a vivir con unos parientes en el sur de Florida. Hasta la semana pasada, su madre permanecía detenida en Texas.

En una carta reciente a su madre, Destinee describía la soledad que sintió durante las cinco semanas que estuvo detenida en Chicago.

“En el centro yo lloraba en las noches”, escribió. “Me pasaba toda la noche llorando suplicándole a Dios que estubieramos (sic) juntas otra vez”.

La tía de la niña informó a ProPublica Illinois que ha presentado una queja ante las autoridades de protección de niños tanto en Illinois como en Florida y también contra ORR, alegando abusos por parte de empleados de Heartland, quienes supuestamente le suministraron a la niña medicamentos que la mantuvieron intensamente sedada durante el vuelo entre Chicago y Florida. El Departamento de Servicios de Niños y Familias de Illinois ha abierto una investigación con base en las acusaciones. Heartland declinó hacer comentarios.

Los padres de Erick, el niño que necesitó ser ingresado en el hospital psiquiátrico, durante meses han estado solicitando que sea devuelto a casa en Guatemala, según los apuntes de los trabajadores sociales en los archivos obtenidos por ProPublica Illinois. De acuerdo con estos documentos, los padres entregaron una carta notariada con la petición desde hace tres meses. El padre de Erick aseguró a Los Angeles Times que fue engañado por funcionarios de ICE que lo hicieron firmar documentos que él pensó que le iban a permitir que su hijo volviera con él.

Una portavoz del Centro Nacional de Justicia para los Inmigrantes (NIJC, por sus siglas en inglés), la rama de ayuda legal de Heartland Alliance que ha estado trabajando en el caso de Erick, informó que tenía que haberse regresado a Guatemala a finales de agosto, pero un juez demoró su vuelta por la orden de una corte que impede la deportación de menores hasta que sus casos de asilo sean escuchados.

“La demora ha sido emocionalmente desgarradora”, señaló Tara Tidwell Cullen, la portavoz de NIJC “e ilustra el nivel de caos e incertidumbre que persiste alrededor de los esfuerzos de reunificación del gobierno”.

Erick ha recibido autorización para ser liberado y su regreso a casa en avión está programado para esta semana. Esta vez, sus abogados esperan que pueda tomar el vuelo.

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