Contaminación

Así están enfrentados los residentes del sureste de Chicago con las autoridades municipales por la presencia de industrias contaminantes

Estas comunidades no solo están protestando contra la instalación de unos centros de distribución, una planta de reciclaje de chatarra y un fabricante de asfalto. También esperan que la alcaldía explique por qué está permitiéndole a la industria pesada establecerse cerca de escuelas, parques y hogares.
11 Sep 2018 – 11:36 AM EDT

Este artículo forma parte de una alianza entre ‘Better Government Association BGA’ y Univision Chicago.

Los activistas de ‘La Villita’ pasaron más de una década luchando contra un par de plantas de carbón locales que causaron una de las peores condiciones de contaminación ambiental en Chicago. El esfuerzo dio sus frutos cuando esas grandes instalaciones cerraron en 2012.


El alcalde Rahm Emanuel, quien se tomó el crédito por el cierre de las plantas, prometió que cualquier negocio que fuese a reemplazarlas sería más respetuoso con el medio ambiente y la comunidad y que los residentes estarían involucrados.

Por esta razón, a principios de este año los miembros de la comunidad se indignaron cuando se enteraron de que una de las plantas sería reemplazada por un gran almacén para tiendas virtuales como Amazon, lo que podría traer a diario cientos de camiones contaminantes con motores diésel. En ese momento decidieron tomar acciones.

En un esfuerzo sin precedentes, una coalición de activistas de ‘La Villita’ y barrios del sur y sureste están exigiendo que la alcaldía ponga en práctica las llamadas "reformas basadas en justicia ambiental", que cambiarían la forma en que los funcionarios deciden cuáles áreas en la ciudad deberían albergar a la mayoría de las empresas industriales y manufactureras.

Mientras se están produciendo sus movimientos, una planta de reciclaje de metales y chatarra está planificando mudarse de Lincoln Park al sureste de la ciudad y una planta de asfalto acaba de aparecer -de la noche a la mañana- frente a McKinley Park al sur de Chicago. Los esfuerzos también progresan paralelamente con un nuevo plan de $ 5 mil millones de dólares para el desarrollo de Lincoln Park, donde uno de los últimos distritos manufactureros espera transformarse en lujosas casas y oficinas y, posiblemente, en la aclamada sede corporativa de Amazon.

"Es racismo ambiental, así es como me siento", señaló Cristina Martínez, residente de muchos años de Mckinley Park, después de una reunión comunitaria a finales de julio sobre la planta de asfalto que abrió sin consultar a la comunidad.


‘La Villita’, McKinley Park y el sureste de la ciudad tienen altas concentraciones de residentes hispanos y una gran proporción de ellos con bajos ingresos.

El 85 por ciento de la población de ‘La Villita’ es latina, al igual que la comunidad de East Side al sureste de la ciudad en 80 por ciento, según cifras del censo. Y McKinley Park también es casi 59 por ciento latino.


Las tres áreas son consideradas por definiciones del gobierno estatal y federal como comunidades de "justicia ambiental", término usado para enfocar la atención en áreas que históricamente han soportado altos niveles de contaminación.

A la coalición de activistas le gustaría que los cambios incluyan actualizaciones en las reglas de zonificación de la ciudad para exigir una mayor vigilancia y el fortalecimiento de las normas sobre riesgos ambientales y de seguridad, antes de que los proyectos sean aprobados.

Una de las líderes del movimiento es Kimberly Wasserman, directora ejecutiva de la organización de justicia ambiental de ‘La Villita’, el mismo grupo que por más de una década luchó para que las plantas de carbón salieran de sus vecindarios.

“El uso actual de los terrenos para el almacenamiento, la distribución y la industria del transporte terrestre ha impactado negativamente la calidad de vida de quienes diariamente se mueven por el vecindario", escribió el grupo de Wasserman en un informe entregado recientemente a funcionarios municipales.


Además de una regulación más estricta, dijo Wasserman, los grupos quieren que la ciudad reconsidere su percepción de los llamados barrios industriales y comience a impulsar y desarrollar negocios pequeños y respetuosos con el medio ambiente para que se trasladen a esos sectores de la ciudad.

"Se han cometido suficientes injusticias en diferentes comunidades", aseguró Wasserman. "Estamos comenzando a luchar".

Mientras están ocurriendo estas iniciativas de los activistas, la alcaldía ha comenzado a reevaluar más de dos docenas de sectores oficialmente designados como industriales, en un esfuerzo por reconocer que el panorama de la ciudad está cambiando.

Pero hay ironía en los cambios. El declive de la base manufacturera histórica de la ciudad y el cierre de fábricas de acero altamente contaminantes han contribuido, en gran medida, a la difícil situación económica de los barrios del sur y sureste de la ciudad. Ahora, esos mismos barrios se encuentran en el centro de las nuevas batallas contra la industria sucia.


Si bien es cierto que esos corredores industriales aún incluyen las industrias manufactureras tradicionales, la ciudad, en su reevaluación, supuestamente reconoce el "carácter cambiante" del empleo, que incluye trabajos relacionados con la tecnología, así como el crecimiento del empleo relacionado con el transporte de mercancías.

La primera área de enfoque de los planificadores urbanos de la ciudad fue el corredor industrial ‘North Branch’ en Lincoln Park, que en gran parte se está transformando en un distrito residencial, de oficinas y de entretenimiento. Igualmente, el grupo de Wasserman (LVEJO, por sus siglas en inglés) quiere que ‘La Villita’ y otras áreas que han sido centros para la industria pesada sean reconocidas como zonas residenciales donde familias viven que crían a sus hijos.

Peter Strazzabosco, el vocero del departamento de planificación urbana de Chicago, dijo que la reevaluación del uso de terrenos en corredores industriales apunta a "aprovechar las fortalezas de cada uno de ellos para usos contemporáneos. En ‘La Villita’, los colaboradores locales acordaron desde el comienzo del proceso de planificación que la prioridad fuera mantener el corredor como un centro de empleos”.

Agregó que durante el proceso la alcaldía aseguró que "continuará planteando los impactos en la salud y el medio ambiente de las inversiones privadas que busquen aprovechar las ventajas competitivas de los corredores industriales”.

Pero los activistas sostienen que la alcaldía ya no puede seguir aislando a toda la industria sucia en un grupo de comunidades. Aún así, hasta ahora eso es exactamente lo que han visto.

Recientemente, en el extremo sureste, General Iron, una compañía con antecedentes de violaciones ambientales y una reciente multa de los reguladores federales, anunció que se mudaría de Lincoln Park, a la calle 116 del sur de la ciudad, una zona industrial que ya es blanco de las quejas de sus residentes.

Mientras más plantas industriales se mudan del lado norte al suroeste, mayor es el resentimiento de los residentes de esas zonas de la ciudad.

"Están poniendo los intereses de las empresas por encima de la salud pública", dijo Kate Koval, una vecina del sureste, a los funcionarios de la alcaldía en una reunión pública en junio para discutir la contaminación de manganeso causada por varias compañías. "Quiero mudarme pero no puedo, mi sistema de apoyo completo está aquí".

Wasserman y otros lucharon para cerrar la planta de carbón Crawford en ‘La Villita’ y la planta de carbón Fisk en Pilsen. La reurbanización de esta última todavía está en un limbo, pero la ubicación de Crawford fue comprada por Hilco, un constructor de bienes raíces que quiere convertirla en un almacén y centro de distribución que aumentaría considerablemente el tráfico de camiones en el área. 

Una vocera de Hilco informó al BGA que la compañía está realizando un estudio de tráfico para determinar cómo afectará sus instalaciones al vecindario. La compañía también ha dicho que tratará de limitar su impacto ambiental. 

General Iron por su parte señaló que "está comprometido con la responsabilidad ambiental" y promete ser un modelo para "mejorar la salud y la seguridad ambiental" en el sureste de la ciudad.

Prácticamente no hay reglas que consideren el impacto total de la multitud empresas generando varios tipos de contaminación en áreas residenciales, señaló un defensor ambiental.


"Lo que están pidiendo es reformar las reglas subyacentes que dictan cómo las instalaciones industriales son incentivadas y se les permite ubicarse en ciertas áreas", dijo Meleah Geertsma, abogada del Concilio para la Defensa de Recursos Naturales (NRDC, por sus siglas en inglés), quien trabaja con comunidades de Chicago que luchan contra la contaminación.

Wasserman siente que las respuestas de la ciudad hasta ahora han sido poco más que doble lenguaje.

En ‘La Villita’, una escuela secundaria se encuentra frente a un fabricante de latas de metal que llena el aire con un fuerte olor a azufre. Una escuela primaria se encuentra justo al lado de la planta de mayonesa Unilever, de la cual diariamente entran y salen cientos de camiones.

"Ningún otro vecindario debería lidiar con esto", dijo Wasserman.

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