La intensa indignación pública que suscitó el relato de una mujer que afirmó haber sido violada en grupo en una fraternidad de la Universidad de Cornell llevó esta semana al gobernador de Nueva York a arrebatar airadamente el control de la investigación al fiscal local, quien inicialmente no consideró lo sucedido como un delito.
Lo que hay que saber sobre la investigación en la Universidad de Cornell
Una denuncia que fue cerrada sin cargos en 2024 volvió a abrirse casi dos años después y ahora está en manos de la fiscal general de Nueva York. Estos son los puntos clave del caso
El fiscal de distrito del condado de Tompkins, Matthew Van Houten, ha declarado que la policía de Cornell omitió información clave que podría haber afectado su decisión de presentar o no cargos penales.
Ahora, la tarea de esclarecer el caso recaerá en la fiscal general del estado, Letitia James, quien fue designada como fiscal especial.
James, demócrata conocida por sus enfrentamientos con el presidente Donald Trump, sugirió en una conferencia de prensa el viernes que su investigación no se llevaría a cabo con prisas. La describió como un proceso que duraría varios meses, sin un resultado predeterminado.
Esto es lo que sabemos y lo que no sabemos sobre las acusaciones de la mujer y las investigaciones posteriores:
Una demanda judicial arrojó nueva luz sobre las acusaciones de la mujer
La mujer demandó a Cornell y a siete exalumnos el mes pasado, alegando que le administraron ketamina y quedó completamente incapacitada mientras miembros de la fraternidad Chi Phi la agredían sexualmente en su residencia universitaria en octubre de 2024.
Unas tres semanas después, denunció la supuesta agresión a la policía del campus y, durante dos días, proporcionó a los investigadores un relato detallado. También habló con los investigadores disciplinarios de Cornell.
Pero Van Houten rápidamente declinó presentar cargos o iniciar una investigación más exhaustiva tras revisar el resumen policial de su interrogatorio.
Después de que la víctima presentara su demanda civil, Van Houten afirmó que contenía acusaciones que él nunca había visto. Sostuvo que la policía de Cornell había ocultado información clave, incluyendo la transcripción de la entrevista de la mujer, donde ella declaró explícitamente estar "100% segura" de haber sido violada.
Van Houten afirmó que los documentos sugerían que había consentido tener relaciones sexuales con varios hombres, que no había sido obligada a realizar otros actos y que estaba intoxicada, pero no hasta el punto de estar indefensa.
Según la ley de Nueva York, estar demasiado ebrio o drogado para dar el consentimiento sexual no es necesariamente suficiente para sustentar una acusación de violación. La ley distingue entre esto y estar físicamente indefenso o incapacitado por drogas administradas sin consentimiento.
Posteriormente, Van Houten reabrió la investigación. "Buscar justicia a veces nos obliga a reconsiderar o reabrir casos cuando se nos proporcionan pruebas adicionales", dijo.
La investigación de la escuela arrojó versiones contradictorias
Solo una fracción de las pruebas recopiladas por la escuela se ha hecho pública, pero las partes que sí se han divulgado proporcionan una cronología más completa —aunque controvertida— de los hechos, así como una visión de cómo respondieron los hombres al ser acusados.
Según los registros, la mujer había sido invitada a la fraternidad por un miembro por quien sentía una fuerte atracción romántica desde hacía tiempo. El comité disciplinario de Cornell determinó que inicialmente consintió en tener relaciones sexuales con ese hombre y uno de sus amigos, aunque posteriormente alegó en su demanda que la habían presionado para consumir drogas y alcohol y que estaba demasiado intoxicada para dar su consentimiento.
Más tarde, otros hombres comenzaron a entrar en la habitación, algunos atraídos por un mensaje que uno de los miembros de la fraternidad envió a un grupo de Snapchat a la 1:42 de la madrugada, utilizando un término vulgar para anunciar que el cuerpo de una mujer estaba disponible gratuitamente.
La mujer declaró a los investigadores que su estado de embriaguez la había dejado parcialmente indefensa. Dijo que algunos de los hombres inhalaron drogas de su cuerpo desnudo.
“Me sentía como un cebo. Sentía que había leones a mi alrededor. Era una situación totalmente devastadora”, declaró a los investigadores.
Los registros también muestran que reconoció que su recuerdo de esa noche era fragmentario, debido a su extrema embriaguez, y que había consentido verbalmente algunos actos que posteriormente consideró abuso sexual.
Algunos de los hombres acusados refutaron su versión de los hechos al hablar con los investigadores, o afirmaron que el consumo de drogas y la actividad sexual fueron consensuales.
Cornell no ha detallado los resultados de su investigación, pero afirmó que esta resultó en la expulsión de algunos estudiantes. Los registros muestran que también exoneró al menos a algunos de los hombres de las acusaciones de agresión sexual.
El gobernador de Nueva York se mostró indignado por la investigación policial
Hochul declaró que designó a James porque había perdido la confianza en la gestión del caso por parte de Van Houten. Añadió que Van Houten debería haber solicitado más información a Cornell y haber entrevistado a la mujer antes de dar por concluido el caso.
“Esta mujer, esta joven, ya había sufrido algo absolutamente indescriptible”, dijo. “Y luego, en cada ocasión, personas e instituciones que tenían la obligación de protegerla le fallaron”.
Van Houten afirmó que apoya el nombramiento de James, pero sostiene que la ley de Nueva York no le permitía procesar a la mujer basándose únicamente en sus alegaciones de que estaba demasiado incapacitada para dar su consentimiento.
El caso desata peticiones de cambio
En una reunión de la Asamblea Estudiantil de Cornell celebrada el jueves, estudiantes y otros miembros de la comunidad universitaria dedicaron más de dos horas y media a debatir sobre cómo gestionar las denuncias de agresión sexual. Algunos expresaron temor, ira y dolor, mientras que otros compartieron sus propias experiencias de violencia sexual en el campus.
Entre ellas se encontraba Jane Wang, quien afirmó haber denunciado una agresión sexual en Cornell un año antes.
Cuando presentó su caso bajo el Título IX en medio de su "recuperación mental, física y emocional tras la agresión", dijo, "también me encontré con una gran cantidad de papeleo, muy poca instrucción sobre cómo manejarlo y ningún seguimiento por parte de nuestra oficina del Título IX sobre el resultado".
Según The Cornell Daily Sun, los presidentes de todas las fraternidades del Consejo Interfraternal de Cornell votaron por unanimidad a favor de cancelar los eventos sociales de este fin de semana en respuesta a las acusaciones. Veinte organizaciones estudiantiles también planean una protesta el lunes para expresar su apoyo a la prometida revisión independiente de la gestión del caso por parte de Cornell y para exigir cambios en sus políticas sobre agresión sexual, informó el periódico.
En un mensaje de video el sábado , el presidente de Cornell, Michael Kotlikoff, prometió mayor transparencia ante la creciente indignación por la forma en que la universidad manejó el caso. Calificó las acusaciones de violación en grupo como "profundamente perturbadoras" y afirmó que el caso pesará sobre la universidad durante los próximos años.
El caso también ha reavivado el escrutinio de una ley de agresión sexual de Nueva York que dificulta el enjuiciamiento de casos que involucran a personas demasiado intoxicadas para dar su consentimiento. Nueva York es uno de los 19 estados con leyes de este tipo .
Hochul declaró el viernes que apoya el cambio de la ley.








