SAN ANTONIO, Texas.—Una pareja hispana y sus dos pequeños hijos enfrentan una dura realidad tras haber pasado más de dos meses detenidos en el centro de detención migratoria de Dilley, en el sur de Texas.
Familia hispana termina viviendo en un vehículo tras ser liberados del centro de detención de Dilley
Una pareja y sus dos hijos pasaron más de dos meses detenidos en el centro de Dilley, Texas. Tras ser liberados, aseguran que fueron dejados en una estación de autobús y ahora duermen en su vehículo después de descubrir que habían perdido todas sus pertenencias.
Hoy están en libertad, pero aseguran que lo perdieron todo y ahora viven dentro de su vehículo.

“Estamos aquí, dentro del carro, durmiendo. Mi esposa y yo nos acomodamos como podemos porque somos adultos y aguantamos”, relató el padre de familia.
El automóvil se ha convertido en su único refugio.
Liberados, pero sin un lugar a dónde ir
La familia asegura que, tras salir del centro de detención, fueron dejados en una estación de autobuses, sin recursos suficientes ni un lugar donde quedarse.
“Ahí como pudimos acomodamos a los niños arriba de las cosas que teníamos. Los abrigamos nosotros porque en la madrugada hacía frío”, contó el hombre.
Según relatan, un vigilante de la terminal les permitió permanecer dentro del edificio por algunas horas para resguardarse.
Al día siguiente, después de pedir dinero prestado para comprar los pasajes, lograron viajar a Nuevo México, donde habían vivido anteriormente.
Otra sorpresa al regresar
Pero al llegar al apartamento donde residían antes de ser detenidos, encontraron otra situación devastadora.
“Todo nos lo robaron. No conseguimos nada. No nos dejaron nada, ni la ropa”, dijo el padre.
El vehículo familiar, que había quedado abandonado en el estacionamiento, se convirtió desde entonces en su único lugar para dormir.
Dentro del auto han improvisado un espacio para la familia utilizando cobijas, toallas y ropa.
Preocupación por la salud de uno de los niños
La madre, Adriana, había expresado semanas antes su preocupación por la salud de su hijo menor, quien padece una enfermedad en los riñones.
Según contó, durante su estancia en el centro de detención enfrentaron dificultades para acceder a agua potable.
“Me decían que fuera donde venden el agua y que la comprara ahí y el agua ahí cuesta 30 dólares”, relató
La familia también asegura que los cuatro contrajeron COVID-19 mientras estaban detenidos.
“Los niños tuvieron fiebre en la terminal antes de que nos dieran la libertad”, afirmó.
Mientras buscan ayuda para reconstruir sus vidas, esta familia enfrenta cada noche la misma realidad: su automóvil es ahora su hogar.















