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Personas sin hogar

Tras años viviendo en la calle, ahora este boricua busca ayudar a los más necesitados "repartiendo esperanza"

En Austin, más de 2,500 personas viven en la indigencia. Esta es la historia de un hombre que hoy tiene todo lo que algún día deseó y se dedica a repartir esperanza por debajo de los puentes en los que el hace años dormía.
29 Jul 2019 – 6:56 PM EDT

“Pasan días...pasan semanas que no te puedes bañar, pasan días que no comes. De tener que dormir en el piso, soportar frío, mojarte… apestar. Yo era adicto a la heroína y fumaba crack”, narró Wilfredo Pérez, un hombre de 50 años que una vez tocó fondo y decidió cambiar su vida. Ahora se dedica a transformar la vida de otros.

Las drogas llevaron a Pérez a la cárcel, salas de emergencia, a los lugares más oscuros que ha llegado a conocer hasta que un día dijo “no más”.

Según narró a Univision 62, fue en una sala de emergencia y la experiencia que vivió cuando una enfermera lo trató con asco que se dio cuenta que ya no podía continuar así.

“Ya una vez que yo le oré al Señor, el Señor puso la gente en mi camino. Fui a reuniones de narcóticos anónimos, empecé a ir a la iglesia. La diferencia fue que esta vez fui yo el que verdaderamente quise cambiar, verdaderamente salió de mi corazón que yo quería cambiar mi vida”, explicó Pérez.

Desde que tomó la decisión de limpiarse y salir de las calles, ya van 13 años. Pérez consiguió trabajo, un hogar, un automóvil y hasta una motocicleta, sin embargo su pasado no lo dejaba en paz.

Sin tener mucho que ofrecer, Pérez comenzó a preparar desayunos y repartirlos por las calles y puentes. Con los desayunos, consejos, recursos y uno que otro abrazo se sentía que estaba cumpliendo el propósito que Dios tenía para él.

“No importa lo que tu des, la cantidad que tu des, sino con el amor que tu lo des. Yo hice un compromiso, no conmigo, yo no hice con compromiso con la sociedad, yo no le debo a nadie, yo hice un compromiso con Dios, y bajo cualquier circunstancia yo lo voy a hacer”, indicó.

Pérez comenzó a llamar la atención de su jefe, amigos e iglesia. Con su ayuda, convirtió su pequeña labor en una organización sin fines de lucro a la cual la ha llamado “ Feed My Friends”. De hacerlo una vez al mes, ayudando a 10 personas, ahora el boricua sale una vez a la semana y sirve a más de 20.

“Si lo hizo conmigo que estuve en las drogas por 20 y pico de años inyectándomelo droga, robando, en cárceles hospitales, y me ha hecho un ser humano productivo para la sociedad, lo hace con cualquiera”, dijo.

Pérez, orgulloso de sus raíces boricuas, dijo que está feliz de lo mucho que ha logrado, pero que su sueño mayor es que en el futuro pueda disfrutar de una casita en el campo en su pueblo natal de Quebradillas. Pérez narró que tuvo que salir de la Isla precisamente por su adicción, tras causarle malestar y momentos de ansiedad a su familia.

Intentó rehabilitarse en Florida y luego se movió a Texas, donde lamentablemente cayó aún más profundo en las drogas.

Con lágrimas en sus ojos, Pérez dice que ahora su madre está orgullosa de él.

“El sueño nunca fue de tener carros caros. Era de ser feliz. Estoy satisfecho con lo que tengo ahora y quiero ayudar a otros que no tienen nada. En el futuro quisiera tener esa casita en el campo”, indicó.

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