"Prefieren quitarse la vida a volver a Haití", activista haitiana que ha perdido su TPS y sus trabajos denuncia el temor colectivo que sufren

N+Univision habla con la reconocida activista Farah Larrieux horas después de haber perdido sus dos trabajos y de haberse confinado en casa con comida para no salir por temor a ser detenida por ICE. Denuncia que la administración Trump "está violando sus derechos humanos fundamentales" y que la deportación sería una "sentencia de muerte". Esta es su historia de más de 20 años de lucha.

Video Piden extender el TPS tras el doble terremoto en Venezuela: ¿Hay respuesta del gobierno?

Al momento de esta entrevista, Farah Larrieux sigue conmocionada. Hace solo unas horas que su permiso de trabajo ha sido cancelado, por lo que ya no podrá continuar en ninguno de sus dos trabajos.

Es una de las más de 300,000 personas de nacionalidad haitiana que ha perdido su estatus de protección temporal (TPS, por sus siglas en inglés). Farah lleva 21 años en Estados Unidos, donde ha podido desarrollar su carrera como comunicadora, llegando a fundar su propia plataforma. También ha tenido un segundo empleo en hospitalidad, haciendo turnos en un hotel.

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Ahora, sin posibilidad de trabajar y con la amenaza de ser deportada, ha decidido confinarse en su casa. Ha tapado el cristal de su puerta delantera con un papel, teme que los agentes vayan por ella y, por eso, ha optado por no salir. Tiene su armario y su refrigerador lleno de comida, y tendrá que vivir de sus ahorros. Su emocionante historia de superación en el país ahora pende de un frágil hilo.

Pregunta. Gracias Farah por atendernos en un momento tan complicado. La primera pregunta es obligada, ¿cómo estás viviendo esta situación de que el gobierno les haya suspendido el TPS?

Farah Larrieux. Vivo con mucha ansiedad todo esto. Con estrés, indignación y el miedo a ser deportada. Es una injusticia. Me he preparado para lo peor, no puedo salir de mi casa pero eso tampoco me protege, el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) tiene nuestras direcciones y ya amenazó con que irían por nosotros. Llevo 21 años aquí y aquí está toda mi vida, es tremendamente injusto.

Pregunta. ¿Qué ha pasado con tus trabajos?

Farah. Lo primero, me gustaría contar que nadie me ha regalado nada, en mis más de veinte años aquí he trabajado duro. Soy propietaria de una empresa de comunicación llamada Tiller Management Group, que fundé hace veinticuatro años en Haití junto con mi socio. En 2005 constituimos la empresa también en Florida.

Actualmente trabajaba para esa empresa. Sin embargo, mi permiso de trabajo ha sido cancelado. Eso me coloca en una situación de gran vulnerabilidad. He tenido que suspender las operaciones de la empresa.

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También he tenido que dar licencia temporal a algunos de los miembros de mi equipo y a algunos de los contratistas que trabajan con la compañía, para poder dedicar tiempo a la defensa de mis derechos humanos.

Por otro lado, además de mi negocio, tenía un trabajo de medio tiempo en una empresa del sector de la hospitalidad, y ese empleo ya terminó.

Pregunta. Se ha convertido en voz de muchos haitianos en la misma situación, ¿cómo lo está viviendo la comunidad?

Farah. La comunidad haitiana vive con miedo y ansiedad. Mucha gente no puede dormir, esto les afecta a su salud mental y física. A algunas personas les ha subido la presión arterial. Viven en depresión, a veces se sienten entumecidas, sienten ganas de quedarse en cama o se pasan el día llorando.

También hemos recibido reportes de personas que han expresado que preferirían quitarse la vida antes de ser deportadas a Haití, porque saben lo que eso significaría y lo que les esperaría. Hay muchas personas con el TPS que han estado viviendo en EEUU, al igual que yo, por más de veinte años.

En 2018 creé un grupo para haitianos beneficiarios del TPS para crear una red de apoyo mutuo entre nosotros. Empezamos siendo ocho personas y ahora somos 75 miembros, distribuidos en 10 estados, donde nos brindamos apoyo espiritual, emocional y psicológico.

La comunidad haitiana vive con miedo y ansiedad. Mucha gente no puede dormir, esto les afecta a su salud mental y física.


También estamos estableciendo vínculos con diferentes organizaciones locales para ver cómo podemos ayudar a estas personas ahora, porque muchos ya no pueden trabajar y tienen dificultades para pagar sus cuentas. Algunos podrían ponerse aún en riesgo mayor trabajando de manera informal, nos preocupa mucho la situación.

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Además, el DHS tiene nuestras direcciones y amenazó con que dará con nosotros. Conozco casos de personas que, ante la presión, salieron a Canadá porque Haití no es un país al que se pueda regresar.

Pregunta. Antes de abordar esta cuestión, por qué regresar a Haití no es una opción, me gustaría preguntarle cómo y cuándo llegó a EEUU.

Farah. Comencé mi carrera siendo muy joven como presentadora de televisión en Haití. Llegué a ser uno de los talentos más populares del país. A pesar de mi posición social, siempre me cuestioné la situación del país.

A principios de los 2000 no era ajena a la injusticia que existía: la crisis política, la violencia, la delincuencia y la pobreza. Todo eso me afectaba mucho.

Al mismo tiempo, viajaba con frecuencia a EEUU. En una cena de Acción de Gracias conocí, por medio de un familiar, a un hombre con quien mantuve una relación a distancia durante un tiempo. Más adelante decidimos casarnos. Nos casamos aquí, en EEUU, y él presentó la petición para que yo obtuviera la residencia permanente.

Así fue como emigré a EEUU en 2005. Puedo decirle que mi reputación como presentador de televisión trascendió las fronteras. Me gusta decir que la comunidad haitiana en EEUU me recibió con la alfombra roja.

Por eso, establecerme en Estados Unidos no fue difícil. Lamentablemente, mi verdadero desafío fue enfrentar el sistema migratorio.

Pregunta. Entiendo que no fue fácil, ¿cómo fue su camino hacia la regularización?

Farah. Quisiera aprovechar esta oportunidad para decir que la narrativa sobre la inmigración en Estados Unidos es falsa. Siempre se habla de 'la tierra de las oportunidades' pero la pregunta es: ¿para quién? Porque está claro, y mi experiencia lo demuestra, que el sistema migratorio funciona con muchas irregularidades.

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Los funcionarios del Sistema de Ciudadanía e Inmigración (USCIS) no rinden cuentas por sus acciones. De hecho, la experiencia que tuve con un agente del USCIS en 2007, durante la entrevista migratoria con mi esposo en una oficina de esa agencia, fue traumática para ambos.

No teníamos abogado. Pensábamos que se trataba simplemente de un trámite administrativo. Pero ese agente destruyó mi vida.

La experiencia que tuve con un agente del USCIS en 2007, durante la entrevista migratoria con mi esposo en una oficina de esa agencia, fue traumática para ambos


Como consecuencia, hubo un periodo en el que me quedé sin estatus migratorio de ningún tipo. Esa situación se prolongó hasta el terremoto de 2010 en Haití, cuando el presidente Obama concedió el TPS para los haitianos, y fue entonces cuando pude acogerme a ese programa.

El sistema migratorio estadounidense tampoco toma en consideración los casos de fraude, la falta de comprensión del propio sistema, la falta de integración o el hecho de que muchas personas no tienen dinero para pagar un abogado. Es un sistema que discrimina profundamente a quienes no tienen recursos económicos y no pueden costear asistencia legal.

Por eso vemos a tantas personas viviendo en Estados Unidos sin un estatus migratorio regular. Lo digo porque durante mucho tiempo sentí mucha vergüenza por no haber podido regularizar mi situación migratoria.
Pero puedo decirle que, desde el año pasado, decidí alzar la voz porque comprendí que no soy la única persona en esta situación.

Tenemos que decirle al mundo que, cuando alguien está indocumentado, no significa que no haya hecho todo lo posible por regularizar su situación. Lo que ocurre es que el sistema no da garantías, está obsoleto. Por eso exigimos una reforma migratoria y el restablecimiento del TPS para las personas haitianas según los estándares internacionales de protección humanitaria.

Cuando alguien está indocumentado, no significa que no haya hecho todo lo posible por regularizar su situación


Pregunta. Atendiendo a lo que expone sobre la ley ¿por qué debe restablecerse el TPS?

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Farah. Definitivamente, los haitianos deben estar protegidos porque cumplen con las tres condiciones que establece la ley sobre el Estatus de Protección Temporal (TPS). La ley señala que un país puede ser considerado para recibir esta protección si en su país de origen existe un desastre natural, una situación de violencia extrema, una inestabilidad ambiental o condiciones extraordinarias.

El terremoto ocurrió en 2010. Lamentablemente, los haitianos no teníamos, y seguimos sin tener, un gobierno competente ni líderes que realmente se preocupen por el pueblo haitiano, que quieran hacer lo correcto, representar con orgullo al país, actuar con integridad y reconstruir Haití.

Por desgracia, no contamos con ese tipo de gobierno. Nuestros líderes son corruptos y egoístas, no van a defender a su ciudadanía simplemente a plegarse a la decisión de EEUU.

Eso nos ha colocado en una situación de enorme vulnerabilidad. Lo vemos cada vez que un haitiano emigra, ya sea a República Dominicana, a las Bahamas, a Chile o a Brasil. Allí sufren discriminación y abusos, y terminan realizando los trabajos más duros, aquellos que nadie más quiere hacer.

Mi pueblo sufre muchísimo. Pueden sentir la emoción en mi voz. Hay mucho dolor. Estoy cansada de que golpeen a mi pueblo, de que cualquiera abuse de él simplemente porque no tiene líderes que lo protejan. Y quiero llevar esta lucha lo más lejos posible.

Mi pueblo sufre muchísimo. Pueden sentir la emoción en mi voz. Hay mucho dolor.


Lo que está haciendo la administración Trump es discriminar a los haitianos, y eso constituye una violación de la Constitución de EEUU. Además, está exponiendo a los haitianos a un enorme riesgo al obligarlos a regresar a Haití, donde pueden ser violados, extorsionados por grupos terroristas, asesinados o incluso reclutados por la fuerza por esas organizaciones, que actualmente controlan gran parte del país.

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Pregunta. Volvamos a la cuestión fundamental, regresar para muchos no es una opción. Usted por ejemplo denuncia abiertamente a las autoridades haitianas, ¿teme enfrentar represalias?

Farah. Por supuesto que no es una opción y la administración Trump sabe perfectamente que esa es la realidad. El cinismo es tal que la misma administración que afirma que Haití es ahora un país seguro y que los haitianos pueden regresar, ha emitido la advertencia de viaje más alta posible para los ciudadanos estadounidenses, recomendándoles que no viajen a Haití. Incluso les dice que, si aun así deciden ir, dejen una muestra de su ADN para que, si encuentran su cadáver, puedan identificarlo.

Eso significa que conocen perfectamente los riesgos que implica viajar a Haití: las personas pueden ser atacadas, asesinadas o secuestradas. Y para personas activistas o críticas con el gobierno como yo el riesgo es mayor.

El mensaje que están enviando desde EEUU es que la vida de un estadounidense vale más que la vida de un haitiano y nunca aceptaré eso. Todos somos seres humanos, todos tenemos los mismos derechos. La administración Trump está violando nuestros derechos humanos fundamentales y debemos oponernos a ello.

Según la legalidad internacional, actualmente hay 17 países cuyos ciudadanos están protegidos por el TPS, entre ellos Haití. Muchos de esos beneficiarios ya no pueden regresar a sus países de origen.

Ahí están, por ejemplo, los salvadoreños, los nicaragüenses, los nepaleses, los ucranianos, los venezolanos, por mencionar algunos. También los sirios.

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Eso significa que, si se obliga a esas personas a regresar a sus países, para muchas de ellas sería una sentencia de muerte. Y ello, insisto, constituye una violación de sus derechos humanos fundamentales. Por eso tenemos que seguir luchando contra esta administración por lo que está haciendo con nosotros.

Si se obliga a esas personas a regresar a sus países, para muchas de ellas sería una sentencia de muerte. Y ello, insisto, constituye una violación de sus derechos humanos fundamentales


Pregunta. ¿Cómo están tratando de desmontar legalmente el discurso de que el TPS ya no es necesario?

Farah. Los hechos son claros. Haití cumple con todos los requisitos para mantener el Estatus de Protección Temporal. Y la ley nos da la razón.

La ley no dice que, después de cinco renovaciones, ya no pueda otorgarse el TPS. No dice eso. Lo que establece es que, transcurridos 18 meses, el estatus puede renovarse una y otra vez. Nunca fija un límite de tiempo ni un número máximo de renovaciones.

Por lo tanto, esta es una crisis fabricada. La administración Trump todavía tiene la autoridad para decir: "Sí, vamos a renovar el TPS para Haití", porque Haití reúne los requisitos legales. Pero no quieren hacerlo porque, sencillamente, son racistas.

Haití reúne los requisitos legales. Pero no quieren hacerlo porque, sencillamente, son racistas.


Y mientras expulsan a los haitianos de Estados Unidos, ¿adivinen qué hacen? Dan la bienvenida a sudafricanos blancos basándose en argumentos falsos. Eso demuestra que no existe ninguna coherencia en las políticas de la administración Trump. Por eso defendems que Haití reúne plenamente las condiciones para recibir el Estatus de Protección Temporal.

De hecho, hay un dato que quizá muchos no sepan. En abril, la Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó, con 224 votos de legisladores de ambos partidos, una propuesta para conceder a Haití un TPS especial de tres años. De esos 224 votos, 10 fueron de legisladores republicanos. Es decir, fue una votación bipartidista.

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Asimismo, un proyecto de ley similar fue presentado en el Senado por dos senadores demócratas. En este momento, 28 senadores han copatrocinado el proyecto de ley S.4814, que otorgaría a Haití un TPS de tres años. Eso significa que incluso el propio Congreso reconoce la necesidad de conceder el TPS a Haití.

Nadie puede negar que los haitianos merecen esa protección. Haití todavía califica para el TPS basándose en ley del Estatus de Protección Temporal que fue firmada por el presidente Bush y votada por el Congreso en 1990 y que es parte de la Ley de Inmigración de 1990.

Pregunta. Desde su asociación han sido testigos de cómo hay toda una generación de haitianos que ha echado raíces aquí. ¿Cómo están viviendo esta nueva situación los más jóvenes?

Farah. Correcto, muchos de ellos tienen menos de 30 años. Llegaron al país en muchos casos con sus padres cuando tenían entre cinco y nueve años, después de la crisis provocada por el terremoto.

Esa generación ni siquiera recuerda Haití y habla un inglés perfecto. Se identifican como estadounidenses porque crecieron aquí, fueron a la escuela. Para algunos, fue recién al llegar a la secundaria, cuando se preparaban para la universidad, que descubrieron que tenían un TPS. Por eso no calificaron para ayuda financiera ni para préstamos estudiantiles, y tuvieron que pagar su educación superior de su propio bolsillo.

Ahora viven con el estrés de ser deportados a Haití. Estos jóvenes ven cómo les roban su futuro; básicamente se está destruyendo el futuro de esta juventud y la de cientos de miles de personas cuyo único delito es haber nacido en un país del que se vieron obligados a emigrar.

REUTERS/Marco Bello
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Imagen Marco Bello/REUTERS