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Ah, qué bien me siento, lupe. ¡lupe!
¡lupe! Es que tu casa es tan bonita, tienes tan buen gusto que-- oye, por cierto, ¿por qué tienen una sartén aquí en la mesita?
Lupe: qué preguntón, floren. Florentino: no te enojes.
Es que me siento tan bien que es como si estuviera en el cielo. Hasta veo las estrellitas.
Abuelo luis: ¡lupe! Lupe: pues ahora las vas a seguir viendo.
Abuelo luis: lupe, ¿qué está pasando aquí? Lupe: luisito ya se durmió.
Abuelo luis: ¿quién se durmió? Lupe: el niño de mi comadre petra.
Me lo encargó, ya se durmió. Abuelo luis: no sabía que tu comadre petra tuviera niño.
No sabía que se llamara petra, no sabía que tenías comadre. Florentino: pero no siempre fue así.
Porque era yo quien algunas veces, cuando llegaba, ya estaba tu abuela con tu abuelo luis. Abuelo luis: ay, lupe, lupita, yo ya quiero tener algo serio contigo.
Lupe: ¿algo serio? ¿qué tan serio?
Florentino: lupe. Lupe.
¡lupe! ¡lupe!
Te traje estas flores porque son para ti. Lupe: ay, muchas gracias, floren, pero las flores son para los muertos.
Florentino: lupe, lupe, mi amor, eres maravillosa. Ay, lupe, yo por ti te haría mi esposa.
Lupe: ay, qué cosas tan lindas dices, floren. Florentino: un día, yo le escribí una canción desde el fondo de mi corazón.
Y la noche que le iba a llevar serenata, su abuelo luis se me adelantó.