Bajo los efectos de un
devastador ciclón bomba, la ciudad de Nueva York enfrenta un dilema humanitario: el alcalde electo se niega a obligar a las personas sin hogar a entrar en refugios, manteniendo una política de "
entrada voluntaria". Pese a que
el frío extremo ya ha cobrado la vida de 13 personas a la intemperie miles
rechazan el sistema de albergues por temor,
desconfianza o por no querer abandonar a sus mascotas, quedando
expuestos a temperaturas potencialmente mortales.