El Departamento de Seguridad Nacional (DHS) sacó pecho hoy de su política de deportaciones y anunció que seguirán creciendo hasta cifras récord.
Louisiana, el epicentro de las deportaciones masivas, vive un drama con cientos de arrestados por ICE esperando su regreso
Cerca de 1,000 inmigrantes habrían salido hoy del aeropuerto de Alexandria (Louisiana) según informó Fox. Pero los familiares denuncian que los arrestados llevan semanas varados en una especie de cuello de botella en los centros de detención, a pesar de haber firmado su salida voluntaria, y en condiciones extremas.
El Secretario de Seguridad Nacional, Markwayne Mullin, mostraba a pie de pista del aeropuerto de Alexandria cómo estaban acelerando esos vuelos con deportados.
En la imagen se podía ver a arrestados, encadenados, formados para subir a los vuelos que les llevarían de vuelta a su país.
"Es mucho más caro tenerlos aquí y dejarles quedarse cuando no deberían estar de ninguna manera", pronunciaba Mullin sobre las críticas por el alto coste para el contribuyente de la política de deportaciones masivas.
"Además, muchos han cometido crímenes graves, en torno al 20%, ¿acaso no tiene precio una vida?", argumentaba.
Pero en los centros de detención de ICE del estado siguen acumulándose presos que ya han firmado su salida voluntaria y a los que las familias, denuncian, no les dejan salir.
Algunos llevan varios meses y se ofrecen incluso a pagarse ellos mismos el billete. N+Univision habló con los familiares de varios arrestados en custodia de ICE.
"Se fue al sueño americano y se encontró con la pesadilla americana"
Marilin asegura estar desesperada, lleva días sin poder comunicarse con su hijo de 21 años arrestado en el centro de ICE de Louisiana. Cuenta que, del estrés, tiene una lesión en la mandíbula.
Dice estar muy angustiada desde que su hijo le contó las condiciones del centro. "Es de criminales de alta peligrosidad, ahí cumplen condena de cadena perpetua por asesinatos, convive con presos peligrosos porque le contaron que era un correccional y que desde un año hay personas arrestadas por ICE a las que han tenido que hacer hueco como podían, pero están hacinados", relata Marilin.
Una persona que logró visitar el centro le mandó una foto donde prueba las condiciones que le contaba su hijo, que tienen un retrete junto al cabecero de la cama y que están en condiciones, según le relató, inhumanas.

"Se fue para el sueño americano y ahora vive la pesadilla americana", denuncia Marilin. "Mi hijo no es un delincuente, llegó a EEUU con el ESTA porque tiene la nacionalidad española. Después tramitó su TPS hasta que el año pasado ya no se lo renovaron".
"Ahora en la corte con la jueza pidió la salida voluntaria, estamos reuniendo el dinero desde Venezuela para pagarle el pasaje. Mira la paradoja, él consiguió trabajar, montar su empresa de pintar casas y me ayudaba a mí mandándome dinero y a su abuela y ahora soy yo la que le tiene que ayudar a él", cuenta entre lágrimas. "Me quedé viuda cuando él tenía seis años y en Venezuela no tenía futuro, desde ahí trabajó duro para ayudarnos".
Dice que lleva desde el 12 de agosto detenido y que hasta el 19 de octubre que tiene la apelación final no saben si le permitirán abandonar el país.
Su hijo, que ahora tiene 21 años, llegó al país con solo 16 y quiere salir voluntariamente pero denuncia que no se lo permiten. Un juez tendrá que decidir si puede salir voluntariamente o si es deportado, para lo que tendrá que esperar detenido en el centro.
"Solo lloraba en las llamadas y me dijo que no creía salir con vida de ahí"
El esposo de Vanesa fue detenido por ICE el 20 de julio, después de una parada de tránsito relacionada con una etiqueta vencida del vehículo.
El 30 de agosto era su audiencia final para el asilo. Llegaron a EEUU con sus dos hijos pequeños en 2021 y durante todo el proceso migratorio, asegura que siempre se presentaron a sus citas y cortes, y que su esposo contaba con licencia de conducir y permiso de trabajo.
"Después de su detención fue trasladado al centro de Karnes y posteriormente al Central Luisiana. El 30 de agosto firmó su salida voluntaria, pero desde su traslado a Luisiana nuestra familia prácticamente perdió toda comunicación con él. Incluso desapareció del sistema de ICE y durante días no pudimos saber dónde estaba ni obtener información sobre su situación", denuncia Vanesa.
"Posteriormente fue trasladado en un avión esposado de manos y pies durante más de 24 horas. Durante el viaje sufrió una fuerte crisis de ansiedad y dificultad para respirar. El avión tuvo una falla de motor y tuvo que aterrizar de emergencia. Desde ese momento, según lo que él nos ha contado, tanto él como otros detenidos han tenido acceso muy limitado a agua, alimentos y medios de comunicación. Él nos dice que recibían aproximadamente 500 ml de agua al día, que algunas personas llegaron a desmayarse por deshidratación y que actualmente hay personas durmiendo en el piso", cuenta entre lágrimas la esposa del detenido.
"Su salud se ha deteriorado considerablemente y nos ha informado que tiene la presión arterial muy alta. No podemos comunicarnos con él, estamos preocupados", relata. "Yo firmé la salida voluntaria junto con nuestros hijos porque tenía miedo de que nuestra familia fuera separada. Nosotros ya salimos de Estados Unidos y estamos en Brasil, pero mi esposo continúa detenido y no sabemos cuándo podremos reunirnos".
"Lo que más me preocupa ahora es su salud y su vida. Él ya firmó su salida voluntaria y no entendemos por qué continúa detenido sin que se concrete su salida. Incluso estamos dispuestos a pagar su pasaje si eso permite que sea trasladado y deportado de manera segura. Lo único que pedimos es que pueda salir de ese lugar y recibir la atención y las condiciones humanas que necesita", reclama Vanesa.
"El está entrando en un estado de depresión me dice que se va morir ahí adentro no está queriendo comer aparte porque la comida es pésima. Estuvo enfermo y no le atendieron, dice que ha rebajado aproximadamente 10 kilos. Solo lloraba en las llamadas y me dijo que no creía salir con vida de ahí", cuenta visiblemente afectada.
Vanesa reclama a la agencia federal que les den la posibilidad de pagar el pasaje "esto ayudaría a que esos centros de detención no colapsen tanto y así no comprometen el estado de salud de los detenidos".
"Es un polvorín y puede explotar en cualquier momento"
El hijo de Carolina también está preso en Luisiana y esperando salir. Fue a EEUU en 2023 para poder ayudar con dinero a su mujer e hijos y a su madre. Aseguran que entró por la frontera, se entregó y estaba siguiendo sus citas porque le concedieron asilo por ser venezolano.
Sacó su número social, su permiso deconducir y de trabajo y trabajaba como camionero hasta que un operativo de ICE lo arrestó el pasado 26 de junio cuando conducía su camión.
"Poco después de entrar al centro firmó su deportación voluntaria. Y han sido 3 meses horribles, no sabemos cómo está, es muy difícil comunicarnos con él", comenta su madre.
"Sabemos por otras familias que hay muchos venezolanos esperando, hay aproximadamente dos vuelos semanales y son muchos. Desde el 21 de agosto firmó su salida voluntaria pero sigue ahí. Dice que juegan con la mente de ellos, que les dicen que van a salir pero luego no los sacan. Hay mucha ansiedad, ha habido protestas y la situación que viven es límite, es un polvorín y puede estallar en cualquier momento", cuenta preocupada Carolina.
"Por favor, queremos que se sepa que solo queremos poder pagarle un billete y que vuelva a casa. Incluso podría recurrir e intentar quedarse allá porque no tiene historial criminal pero quiere volver a Venezuela, aquí tiene también a su esposa y sus hijos y lo estamos esperando", cuenta entre lágrimas.






