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Grandes científicos: Georges Louis Leclerc, conde de Buffon

Publicado 1 Abr 2014 – 02:00 AM EDT | Actualizado 2 Abr 2018 – 09:15 AM EDT
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Entre las grandes mentes de la historia de las Ciencias, en particular de las ciencias naturales, hay un nombre imprescindible del que nos ha quedado un amplio y valioso legado que constituye hoy, sin lugar a dudas, una verdadera joya de la humanidad.

Naturalista, matemático, literato, cosmólogo y más, Georges Louis Leclerc, conde de Buffon, fue una de esas figuras llenas de controversias, aciertos y desaciertos, que marcaron el desarrollo del saber humano y a la que tenemos que dedicar un merecido espacio en nuestra sección consagrada a los grandes científicos.

Primeros pasos de Leclerc

Georges Louis Leclerc nació en Montbard, Francia, el 7 de septiembre de 1707 en el seno de una adinerada familia que siempre intentó seducirlo hacia el estudio del Derecho, una profesión de gran reputación que él, aunque estudió por unos años en la Universidad de Grodans, en Dijon, dejó de lado para estudiar Matemáticas, Medicina y Botánica en 1728.

Esta carrera no la terminó debido a un problema con la justicia que lo obligó a abandonarla tempranamente, aunque los conocimientos adquiridos y bajo la tutela de Nathaniel Hickman, un miembro de la Royal Society de Inglaterra, le permitieron profundizar en el modo de analizar y comprender el mundo de las ciencias.

La extensísima obra del conde de Buffon

Aunque mencionar toda la obra de este incansable investigador sería imposible aquí, sí podemos mencionar dos de sus grandes legados: Mémoires, que presentó a la Academia de las Ciencias, e Histoire Naturelle, générale et particulière.

En la primera, que apareció entre 1737 y 1752, el conde de Buffon (título otorgado por el rey Luis XV), aborda temas tan diversos como las matemáticas, donde expone su conocida teoría de las probabilidades, la astronomía, abordando la ley de la atracción universal, la física, con aportes a la rama de la óptica, la física de las plantas, en particular la resistencia a la tracción de la madera, la silvicultura, la fisiología e incluso, la pirotecnia.

Pero sin dudas la obra más célebre y conocida de Buffon es Histoire Naturelle, générale et particulière (1749-1788), un descomunal compendio de 36 volúmenes (de los 50 que se propuso), en los que intentó de manera ciertamente ambiciosa, resumir en una sola obra todo el conocimiento de la historia natural, la geología y la antropología, así como sus interconexiones.

Un científico controvertido

A pesar de la admiración que despertó la obra de Buffon por su diversidad, su riqueza, y originalidad, muchas de sus teorías causaron grandes polémicas entre la sociedad científica del siglo XVIII. Sus concepciones sobre la historia geológica de la Tierra y los planetas; sus puntos de vista sobre la clasificación biológica; su modo de analizar las facultades mentales de los animales, entre muchos otros temas, provocaron el rechazo de muchos matemáticos, químicos y astrónomos. Mientras que entre los naturalistas hubo reproches, sobre todo, a su lenguaje grandilocuente y su modo de escribir ostentoso. El conocido matemático d’Alembert, pionero en el estudio de las ecuaciones diferenciales, llegó a tacharlo de “gran charlatán”.

El legado de Leclerc

A pesar de las polémicas, de las que por cierto, casi ningún científico se ha librado, Buffon fue uno de los primeros en analizar y defender sus puntos de vista científicos libre de cualquier influencia teológica. Hizo hincapié en la importancia de la historia natural y abrió el camino hacia la profundización de ciencias como la paleontología, la geografía zoológica y la psicología animal. Su obra contribuyó a establecer el marco intelectual sobre el que trabajaron posteriormente numerosos naturalistas, entre ellos,  Charles Darwin.

El conde de Buffon murió en París, el 16 de abril de 1788.

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