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Malia Obama vio las elecciones en una pizzería de un pueblo de Bolivia... y otros detalles de su viaje sabático por Latinoamérica

El año pasado, la hija mayor del presidente de los Estados Unidos pasó seis semanas entre Perú y Bolivia. Allí vivió con una familia local de orígenes quechua, escaló una gran cordillera y trabajó en una granja orgánica.
17 Ene 2017 – 08:54 PM EST
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La cadena de televisión boliviana Unitel reveló una serie de fotos de la estancia de Malia Obama en Bolivia entre octubre y noviembre de 2016. Crédito: Cortesía Unitel

En mayo de 2016, los medios estadounidenses anunciaron que una vez graduada de su colegio Malia Obama no iría directamente a la universidad, sino que se tomaría un año sabático ( gap year, en inglés) para viajar.

Con el episodio noticioso olvidado y lejos de las fronteras de EEUU, Mery Vaca, directora informativa de la agencia ANF, de La Paz, empezó a registrar sin mucho interés rumores locales que aseguraban que Malia Obama había sido vista en Tiquipaya, un pequeño municipio a siete millas de Cochabamba, en Bolivia.

¿Malia en Bolivia? “Fue entonces cuando recordé que el periódico 'El Español' había dado por seguro que la hija de los Obama estaría haciendo su viaje por Bolivia y Perú, así que nos pusimos a confirmar los rumores y ahí comprobamos que había pasado seis semanas en nuestro país entre octubre y noviembre de 2016”, explica Vaca, quien se lanzó a dar este domingo la noticia con detalles de los operativos secretos de seguridad que demandó esta visita.

Efectivamente, antes de enfrascarse en los rigores propios que acarrea Harvard y como si quisiera liberarse un rato de esa vida predeterminada de la Casa Blanca, Malia se inscribió en el programa ‘Andes and Amazon’ (que tiene un costo de 14,000 dólares sin pasajes) de ‘Where There be Dragons’, una agencia que permite que jóvenes estadounidenses vayan a diferentes lugares del mundo a hacer trabajo social y a tener una verdadera experiencia de cómo es la vida en esos otros lados del mundo.

Así, a ese pueblo de unos 50,000 habitantes, lleno de hortalizas, de clima templado, en el que tantas veces se encontraron Evo Morales y Hugo Chávez, llegó Malia Obama a vivir para practicar su español –que es fluido–, para conocer los monumentos locales, como la enorme estatua del Cristo de la Concordia que esta en el cerro San Pedro, y bellezas naturales como el jardín botánico.

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“También se estudia”, explican voceros del programa contactados por Univision. “Algunos eligen charlas sobre la Guerra del Agua en el 2000, sobre el estado de la coca y el tratado de drogas entre Bolivia y Estados Unidos, otros charlan sobre la globalización en ese país. Los aplicantes tienen también tiempo de ensuciarse un poco las manos haciendo sus proyectos independientes de estudio. El viaje también incluye otros destinos de Perú”.

Aunque Malia no pudo sacudirse del fuerte despliegue de seguridad que siempre la circundó de manera secreta, cumplió a cabalidad todo el programa que incluyó, entre otras cosas, la estancia en la casa de una familia local –la mayoría son descendientes de los indígenas Quechua–, que le abrió las puertas a vivir sus cenas tradicionales y sus celebraciones. Malia también tuvo el chance de estar en una granja orgánica en donde pudo tener contacto directo con los sistemas de producción de alimentos locales y las prácticas tradicionales de agricultura.

Por el tiempo en el que estaba viviendo en Bolivia, Malia tuvo justo que ver el 8 de noviembre las tensas elecciones presidenciales de su país en el televisor de la pizzería ‘Villa Esperanza’, que estaba cerca de donde se hospedaban ella y su numeroso grupo de compañeros.

"Cuando yo la vi me llamó la atención por lo altísima que es, nosotros somos pequeñitos, y yo le dije a mi esposo: 'ella se parece a la hija de Obama', pero él no me creyó. Luego, un señor americano que había hecho la reserva nos pidió una sala para que el grupo de jóvenes pudieran ver la televisión y como teníamos cable pusieron las elecciones", cuenta Miriam Zurita, dueña de la pizzería y quien se aseguró de hacerle fotos a la selecta visita. “Malia estuvo hasta media noche comiendo varias de las 51 variedades de pizza que tenemos”, dice con gracia la mujer.

Lejos de los protocolos, las fotos que ha publicado la agencia de turismo de montaña boliviana ‘Bolivian Mountain Guides’ –quienes llevaron a Malia y su grupo a conocer algunos de los picos emblemáticos de la región– muestra a una jovencita común y corriente que sacudida de cualquier formalismo de la Casa Blanca trepa exigentes montes como la Cordillera Real de Bolivia, ataviada con una acolchada chamarra de frío y gorro.

Su viaje por Bolivia también le permitió a la hija del hombre más poderoso de Estados Unidos vivir cosas sencillas: fue a las estaciones de buses para tomar un transporte interdepartamental, como el resto de los mortales, e hizo largas caminatas turísticas por La Paz vestida con desparpajo y gozando del placer de camuflarse como una turista más.

Después de ese contacto con otra forma de vida, con otras personas, y quizás con una versión más desprevenida de sí misma, Malia regresó de su viaje justo para el último discurso que dio su padre como presidente.

Quizás que haya elegido un país latinoamericano, y un programa con el interés expreso de fortalecer el conocimiento del español y las relaciones con indígenas, hable de lo que inquieta a las nuevas generaciones de Estados Unidos... muy a pesar de los tiempos extraños que sobreviven.


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