El regreso de Bridget Jones, que lleva 15 años enseñándonos a ser felizmente imperfectos

La idea de que la perfección está sobrevalorada es una de las más liberadoras e inspiradoras enseñanzas del entrañable personaje que hoy estrena una nueva película.
Opinión
Narrador, periodista y crítico cinematográfico. Nació y creció en la Ciudad de México, se le puede encontrar habitualmente viendo películas (o hablando de ellas), aunque la cantidad de temas que le interesan son demasiados como para abarcar un solo renglón. Tiene una gata adoptiva y padece de insomnio. Le encanta escuchar historias para contarlas después.
2016-09-16T09:06:14-04:00


Hoy, que es el estreno mundial de Bridget Jones's Baby, recuerdo que pocas veces en mi vida me he reído tanto, como al leer por primera vez — hace unos veinte años — la novela El diario de Bridget Jones, de Helen Fielding, basada en la serie de columnas humorísticas de esta periodista inglesa para el diario The Independent. Su creación del personaje de Bridget, solterona, fumadora empedernida, despreocupada y sobre todo, imperfecta, contribuyó a que una generación entera —y no solo de mujeres, que conste— descubriera en ella un espejo en el cual mirarse para aprender a quererse tal cual era. Esto, según su autora, porque en el fondo Bridget representa "la brecha entre lo que sentimos que se espera que seamos y cómo somos en realidad”.

Apostaría lo que fuera, a que Miss Fielding no se imaginó el impacto que su creación iba a tener — The Guardian incluso consideró el libro entre las novelas que definieron al siglo XX, ¿qué tal?— ni siquiera cuando llegó a las pantallas en la primavera de 2001, convirtiendo en auténticas estrellas de cine a Renée Zellweger y Colin Firth tras el estreno (Hugh Grant, que completa el trío como el canallesco Daniel Cleaver, ya era una estrella para ese entonces gracias a Cuatro bodas y un funeral y Notting Hill).



La película recaudó casi 300 millones de dólares en su exhibición original, contra un presupuesto de 25 millones, algo insólito para una comedia romántica dirigida por Sharon Maguire (una mujer, ojo). Su éxito internacional contribuyó a hacer global un fenómeno que hoy, pese a los años transcurridos (15), sigo encontrando fascinante: ¿por qué todos en algún momento nos identificamos con Bridget Jones?

En cierta forma, de lo que el personaje nos ha hablado todos estos años —y funciona como un espejo para todos los solteros mayores de treinta, sin importar género o nacionalidad— es de nuestra ansiedad ante la soledad y de la sensación de fracaso que nos da (o se supone nos 'debería' dar) el no conformar la convención social de ser perfectos en todo; y de cómo (aunque al principio sintamos que nuestra vida es un desastre) encontramos que la mejor manera de ser felices con nosotros mismos y lo que nos rodea, es aprender a aceptarnos y querernos tal como somos.

Esto es algo que Bridget descubre en parte por sí misma, sobreviviendo a situaciones que de tan auténticas resultan ridículas (¿quién no se ha enredado nunca antes con una persona que definitivamente no le conviene?, ¿quién no ha sido puesto en evidencia por sus propios padres en alguna reunión familiar, o no ha metido la pata en el trabajo de una manera tan espectacular que es casi un milagro que no lo despidan?); y en parte por su relación con Mark Darcy (Colin Firth), que da la impresión de ser un hombre absolutamente perfecto aunque tenga sus defectos… Pero que es la primera persona en decirle a Bridget que ella le gusta tal como es.



La idea de que la perfección está sobrevalorada es algo muy liberador y queda manifiesto en el personaje de Bridget Jones, es lo que la hace universalmente emblemática. No es que no nos importe nuestro peso, nuestra salud o nuestro futuro, es simplemente que la presión de aparentar ser perfectos ya no resulta tan opresiva y esto se traduce en una actitud que se ha venido adoptando en el mundo, en buena parte gracias a la mismísima Bridget Jones.

La nueva película, que se estrena simultáneamente en 40 países, incluyendo Reino Unido, Estados Unidos, México y España, muestra a una Bridget más madura y más cómoda consigo misma. Mucho más segura en su propia piel (tiene ahora 43 años que celebra sola —pero no con amargura— en la primera escena), nuestra solterona favorita es una adulta de verdad, imperfecta pero no infeliz al respecto, y no ha perdido la vulnerabilidad que la hace entrañable para tantos.

Son las circunstancias las que la llevan a vivir un enredo crucial: ¿quién de los dos hombres de su vida, Mark o Jack Qwant (Dempsey), es el padre del hijo que ahora espera? La solución a esta situación —que no voy a revelar aquí— es cómica a la vez que enternecedora y optimista. Esta es una película de la que uno sale contento (algo tendrá que ver que Emma Thompson, actriz y guionista ganadora de un Oscar, reconocida por su ingenio, sea responsable del argumento junto con Helen Fielding) y sobre todo, con la noción de que se puede hacer las paces con uno mismo y encontrar una satisfacción plena en aceptarse sin complejos.



Esto se nota también en la propia Renée Zellweger, quien regresa a las pantallas después de una prolongada ausencia —y una larga hilera de películas más bien olvidables— con energía y encanto contagiosos. La comodidad que Bridget encuentra en su propia piel también está manifiesta en la actriz. Así lo demostró al publicar un breve ensayo en el Huffington Post titulado ' Podemos hacerlo mejor' en el que directamente aborda la controversia surgida hace un par de años, cuando reapareció en un evento público con un look drásticamente distinto, que de inmediato llevó a la prensa sensacionalista a especular sobre si la actriz se habría sometido a la cirugía plástica, a lo que ella respondió: "No creo que haya ninguna dignidad en dar explicaciones a quienes comercian con escándalos inventados o en buscar la aprobación de aquellos que hacen de reírse de los demás un deporte. [...] A lo mejor podríamos hablar más de por qué parece que compartimos un apetito común por ser testigos de la degradación y humillación de personas con ataques a su apariencia y carácter."

En realidad, si Miss Zellweger se operó o no los ojos no es de la incumbencia de nadie, en su escrito ella lo niega y esto debería bastarnos. Algunas veces como espectadores, olvidamos la línea que separa a los personajes que amamos de los intérpretes que les dan vida en pantalla. Sin embargo, en este caso tanto Renée Zellweger como Bridget Jones trascienden el escrutinio mediático que convierte en entretenimiento lo que debería ser íntimo, para dejar claro que más allá de una simple representación, tanto el personaje como quien lo encarna son una inspiración emblemática para encontrar la felicidad en lo que se es, y no tomar la satisfacción personal de lo que los demás puedan opinar.


Y eso, en estos tiempos, es un regalo de valor incalculable una vez que estamos conscientes de ello.

Un regalo que hay que agradecerle a Miss Jones, de todo corazón.


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