Mudanzas

5 lecciones (de vida) que me dejó mi mudanza

Soltero, de gustos minimalistas y con la flexibilidad de horario que permite el home office, pensé que mudarme sería tarea fácil. Me equivoqué.
10 Jun 2016 – 8:30 AM EDT

1. Dale un respiro al armario, que nada quede oculto

Todas las guías de mudanza sugieren aprovechar el proceso para hacer una limpieza radical y deshacerse de lo viejo y lo que tenemos tiempo sin utilizar. Yo no comparto esos criterios del todo. Por supuesto, durante mi mudanza regalé una cuarta parte de la ropa y los objetos que conservaba, pero ni todo lo viejo era inservible ni todo lo que había olvidado era prescindible. Uno de mis hallazgos más felices al empacar fue la camisa de corte slim que había comprado durante un viaje a Tokio, que había condenado al último rincón de un cajón el día en que ya no me cerró. Encontrarla, y descubrir que volvía a caber en ella, hizo más llevadera la mudanza.

¿Qué conservar, entonces? Yo diría que todo aquello que refleja la persona que eres y tiene el potencial de mejorar tu vida. El problema es que algunas de esas cosas terminan ocultas cuando sobrepasamos la capacidad de almacenamiento de nuestros espacios. Lo mejor es conservar solo aquellas cosas que podamos tener a la vista siempre, pues terminamos por olvidar lo que no vemos. Eso nos lleva a la segunda lección.


2. Sé pragmático; mídelo todo

No decidas qué conservar y de qué desprenderte en términos abstractos o puramente sentimentales; pregúntate primero cuánto cabe en el lugar al que llegarás. En primer lugar, mide las puertas de tu nueva casa, todas las que tendrán que cruzar tus cosas hasta llegar a su destino. Eso será fundamental para decidir qué muebles y electrodomésticos es prudente conservar y cuáles es mejor sustituir. Por supuesto, siempre existe la opción de quitarle las patas al sillón capitonado que habías rescatado de casa de la abuela, o desmontar la hoja de una puerta o incluso una ventana con tal de lograr que entre (no sin antes raspar varios muros) pero, ¿no sería esa una señal de que tus gustos no coinciden con el espacio que habitarás?

Es igual de importante medir la capacidad de almacenamiento que tiene el nuevo espacio para decidir, a partir de eso, a qué destinarlo y, por tanto, qué conservar y qué desechar.

En mi caso, me sorprendió descubrir que contaría con espacio suficiente para todas las camisas y pantalones que habían sobrevivido a un primer filtro (sin necesidad de colgar unos sobre otros), pero me puso en aprietos reconocer que tendría que deshacerme de la mitad de mis libros (elegí aquellos de contenido más práctico que había sido ya superado, y de los que podría encontrar versiones actualizadas para Kindle).

3. Libérate de los estereotipos, lo que importa es decidir qué es lo mejor para ti

Incluso los espacios más abiertos y contemporáneos reflejan suposiciones sobre el estilo de vida de la gente que los habitará, y casi siempre corresponden a los de una familia o una pareja tradicional. Si vas a vivir solo y en muy pocas ocasiones recibes visitas para cenar, ¿por qué tendrías que destinar una parte importante del espacio a un comedor formal de seis puestos?

Yo llegué a un departamento con una sala comedor con dos ventanales orientados hacia el Norte, y mi impulso inicial fue colocar el sillón de la sala contra el muro que ofrecía la mejor vista hacia el exterior, instalar mi escritorio contra el muro que divide los dos ventanales y colocar un comedor contra el muro que linda con la cocina abierta. Un par de días fueron suficientes para descubrir que en esa posición del escritorio la luz me molestaba durante unas horas en la mañana, y que la mejor opción era colocar ahí el comedor, mandar el sillón al espacio frente a la cocina abierta y aprovechar la mejor luz (y la mejor vista) para la mesa en que trabajo la mayor parte del día, por ilógico que pudiera parecer.

4. Lo que importa son las experiencias, no las cosas

Lograr la máxima funcionalidad en tus espacios no garantiza que termines sintiéndote feliz en casa. Sin duda, es importante que, como recomiendan los clásicos de la arquitectura, la forma satisfaga a una función, y lo haga de la manera más eficiente posible, pero también es igual de relevante que vivir ese espacio se convierta en una experiencia placentera. Para alcanzar esa dimensión, no es necesario saturar el espacio con souvenirs o fotografías familiares. En mi caso, esa función la cumplen, por ejemplo, la lámpara de escritorio que compré con mi primer sueldo; el tapete diseñado por un amigo, la fotografía tomada por otro y el comedor que encontré en un mercado de pulgas y me recuerda a las mesas de las cenadurías que frecuentaba durante mi infancia.

5. Siempre hay que estar listos para partir

Recordar todas las complicaciones que genera una mudanza debería ser razón suficiente para vivir lo más ligeros que sea posible.

También ve:


Más contenido de tu interés