Comicópolis 2014: El gran momento de la historieta en Argentina

Algo está pasando con la historieta en Argentina. A un mes de haber finalizado la exitosa quinta edición del Crack Bang Boom (como informábamos aquí) la segunda entrega de Comicópolis logró alcanzar los mismos niveles de calidad y cantidad.

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Comicópolis se realizó en Buenos Aires, en un surrealista predio donde se emplazó Tecnópolis, un gigantesco terreno de varios miles metros cuadrados de tamaño. Allí se pueden observar animatronics de dinosaurios a tamaño real entre la selva, una sala dedicada a los videojuegos con las consolas de todos los tiempos, un fila de familias para subir a un auténtico avión para hacer una simulación, entre un larguísimo etcétera de otras actividades.

Y entre todo esto, durante cuatro días (desde el 18 hasta el 21 de septiembre) también hubo lugar para el cómic y todas sus variantes.

Grandes invitados, grandes anfitriones

En los primeros días del Comicópolis los organizadores tuvieron una visita de lujo: Quino. El artista había sido padrino de la primera edición (en esta oportunidad le tocó a Horacio Altuna), pero Joaquín Salvador “Quino” Lavado no quiso perderse la exposición dedicada a Mafalda hecha por varios dibujantes que daban su particular visión sobre el popular personaje.

Entre las visitas internacionales hubo una larga lista que complació a los aficionados. Se puede destacar a Norm Breyfogle, reconocido por dibujar Batman durante los inicios de los 90; al suizo Thomas Ott quien expuso sus alucinantes originales de mínimo tamaño; al enorme guionista Peter Milligan quien dio un concurrido taller sobre su oficio; al reportero-historietista Joe Sacco que pasó varios días más en el país posiblemente confeccionando una de sus inolvidables crónicas; Guy Deslisle que presentó su exitosa Jerusalén; al talentoso Rafael Albuquerque quien vendió todas las American Vampire disponibles; y muchos más que por una cuestión de espacio quedan afuera.

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Dentro del plano local hubo largas colas para llevarse ejemplares firmados por el enorme Quique Alcatena, de dibujos del mencionado Altuna, o del siempre convocante Liniers. También cabe destacar la presencia del paraguayo Robin Wood, quien no pierde vigencia ya que hubo una increíble demanda de ejemplares de Dago o Nippur firmados por el consagrado guionista.

En cuanto al plano organizativo, Comicópolis cumplió sobradamente con sus responsabilidades. Contando con el apoyo del Estado, fue posible hacer el evento de manera gratuita. Esto permitió que alrededor de 90.000 personas visitaran los hangares destinados a la convención. Afortunadamente esta impensada cantidad de gente no tuvo mayores inconvenientes para hacer lo que se hace en este tipo de acontecimientos: comprar revistas, conseguir autógrafos o fotos, asistir a talleres o simplemente pasear en familia o con amigos.

Los inconvenientes lógicos que se generaron antes tanta demanda de público (ruidos en algunas charlas, algún tipo de desorganización) fueron superados de forma inmediata por los responsables del evento, atentos a que todo se desarrolle con normalidad.

Disfraces y dibujos

Desde hace varios años es común ver personas disfrazadas como sus personajes favoritos en este tipo de convenciones. Atentos al interés y la demanda que genera el cosplay los organizadores de Comicópolis atinadamente decidieron dedicarles su propio espacio a los interesados en esta disciplina. El teatro designado estuvo lleno durante los cuatro días que duró el evento. Y también hubo vestuarios destinados para que los aficionados pudieran “transformarse” sin dificultad, evitando pasar largas horas en baños públicos.

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Si bien los superhéroes de Marvel y DC dominaban el panorama, tanto del cosplay como el de las revistas, las editoriales independientes argentinas y latinoamericanas tuvieron una fuerte presencia y grandes ventas a nivel general en la zona de stands. Por ejemplo Panxa Comics agotó rápidamente su edición de Niños de la basura gracias al impulso que ganó por haber ganado el premio Comicópolis a la Mejor Edición de Historieta Argentina Actual.

Algunas editoriales “veteranas” en estas cuestiones como Llanto de Mudo o LocoRabia agotaron ediciones de sus publicaciones. En las últimas horas del domingo, antes del cierre, el stand conformado por Dead Pop, Revista Términus, Salamanca y La Pinta tenían las mesas prácticamente vacías gracias a las buenas ventas previas. De este mismo éxito pueden hablar los fanzineros, que estuvieron inteligentemente integrados junto a los stands más “comerciales”.

Mirando al futuro

Obviamente por lo anteriormente escrito, Comicópolis 2014 fue un rotundo éxito. De alguna manera esta convención demuestra el buen momento que está viviendo la historieta en Argentina, luego de que el neoliberalismo casi la aniquile sobre fines del siglo XX. Pero hay que reconocer que sin el apoyo estatal, este evento (como muchos de los que se están gestando) hubiera sido imposible.

Hay “ una política de Estado por volver a generar una industria”, como declaró Thomas Dassance, curador del festival. Esto conlleva a pensar cómo será el futuro del festival, ya que en 2015 hay elecciones presidenciales en Argentina, sin posibilidad de reelección. Solo queda esperar que los que vengan comprendan la importancia que tiene la historieta como gestor de identidad cultural, y puedan observar que hay un público ávido de consumir este tipo de material. Ni hablar de la legión de autores y editores dedicados con pasión a esta actividad, quienes luchan por constituir la industria reclamada.

Comicópolis es la muestra de un saludable presente. Esperemos que en las ediciones venideras sólo le reste fortalecerse y aumentar la apuesta. Si están los recursos, la imaginación es el límite.