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El republicano Donald Trump se ha convertido en el principal generador de contenido para los verificadores del discurso político, durante la campaña presidencial de Estados Unidos.

De la mano de Trump, el 'fact checking' político vive sus mejores días

De la mano de Trump, el 'fact checking' político vive sus mejores días

La popularidad de la verificación del discurso político coincide con la irrupción del republicano en la campaña presidencial. El candidato se ha convertido en un caso de estudio por su uso indiscriminado de mentiras en público.

El republicano Donald Trump se ha convertido en el principal generador d...
El republicano Donald Trump se ha convertido en el principal generador de contenido para los verificadores del discurso político, durante la campaña presidencial de Estados Unidos.

Los políticos se quedan sin posibilidades de mentir en público y salir bien librados. El primer debate presidencial entre Hillary Clinton y Donald Trump, realizado el lunes 26 de setiembre en la Universidad Hofstra de Long Island, Nueva York, evidenció el rol cada vez más importante que tienen los fact checkers o verificadores de la verdad de lo que afirman los candidatos.

Ejemplo de ello son los esfuerzos inéditos de varios medios de comunicación: El diario New York Times tenía a 18 reporteros para comprobar en vivo lo que dijeron Clinton y Trump. Mientras, en Miami, Univision Noticias realizó por primera vez en su historia un ejercicio televisado de verificación del debate, además de su versión simultánea en Internet. Este medio tiene una plataforma permanente de verificación desde marzo de este año, llamada El Detector de Mentiras.

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Además, la organización pública NPR ofreció a su audiencia una transcripción simultánea del debate, acompañada con anotaciones de más de 20 reporteros. Incluso la candidata demócrata Clinton convirtió su página web en un sitio de fact checking para evidenciar las mentiras de su rival y aprovechó la transmisión en vivo para enviar a los televidentes al sitio.

Al final de la noche, NPR había puesto a prueba 73 afirmaciones de los candidatos y el New York Times 22. Univision, por su parte, detectó 10 mentiras o afirmaciones engañosas, nueve de ellas dichas por el republicano Trump.

Precisamente, el aspirante republicano se ha convertido en el principal generador de contenido para los verificadores del discurso político de Estados Unidos. Según un artículo del columnista Chris Cillizza, hasta el 26 de setiembre el diario Washington Post había chequeado 75 afirmaciones dichas por Trump –la mayor cantidad que ese medio ha verificado de cualquier candidato presidencial en estas elecciones– de las cuales 65% resultaron ser mentiras.

Otras plataformas de verificación como Politifact han chequeado 270 frases del republicano –poco más de la la mitad son falsedades– y 262 de Clinton (12% han sido mentiras), según la información que tiene en su sitio web.

El equipo de Univision, por su parte, ha detectado 83 afirmaciones falsas o imprecisas de Trump (80%) y 19 de Clinton desde que empezó a verificar la campaña presidencial en marzo de este año.

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Que el cambio climático es una farsa inventada por China para afectar la manufactura estadounidense, que él puede deportar a 11 millones de indocumentados en dos años, que Clinton quiere abolir el derecho a poseer y portar armas, que él ha donado millones a grupos de veteranos y otras fundaciones, que el desempleo entre jóvenes negros es del 58% o que EEUU es el país con los impuestos más altos del mundo, son solo algunas de esas mentiras que Trump ha dicho.

Práctica popular

En periodismo, el término fact-checking se refiere a la verificación de la exactitud de los hechos. Este ejercicio no es nuevo, desde hace décadas muchas salas de redacción tienen a sus propios verificadores revisando lo que escriben sus periodistas.

En Estados Unidos ha tomado relevancia como estilo periodístico, al punto de que ahora hay equipos dedicados a tiempo completo para retar sistemáticamente la veracidad el discurso público, especialmente lo que dicen los políticos. La misión de los fact checkers (verificadores de hechos) es bajar la incertidumbre en la información que reciben las audiencias.

La primera iniciativa de este tipo surgió en Estados Unidos en 2003, con la plataforma FactCheck.org y se consolidó cuando en 2009 el proyecto Politifact del diario Tampa Bay Times ganó el premio Pulitzer por su cobertura de las elecciones presidenciales de 2008.

Desde entonces la cantidad de periodistas que hacen fact-checking creció notablemente y se expandió a otros países. Muestra de ello es que la primera reunión global de verificadores realizada en 2014 en Londres, Inglaterra reunió a 40 periodistas y académicos. Para la tercera cita, en Buenos Aires, Argentina, en mayo de 2016, asistieron 100 personas de 41 países.

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“La prominencia y el reconocimiento del fact-checking ha cambiado en comparación con elecciones previas en EEUU”, sostiene Jane Elizabeth, especialista en el estudio y difusión del fact checking del American Press Institute.

Ese cambio responde a varios factores, según Elizabeth. Primero, a que más medios han descubierto que este tipo de periodismo es popular en las audiencias. “Nuestra investigación lo demuestra: esta es una buena decisión para el negocio”, dice la especialista.

Diversos estudios sugieren no solo que el público siente atracción por este tipo de contenido en medio de una saturación de información política, sino también que las personas aumentan la precisión de su conocimiento político con la información derivada del fact checking.

Eso sí, ese efecto se nota con más fuerza entre los más educados en materia política. Además, el contenido del fact checking es percibido de forma más positiva por los demócratas que los republicanos.

El segundo motivo por el que los fact checkers tomaron más protagonismo es que encontraron formas para mercadear y distribuir mejor y con más agresividad sus contenidos, sostiene Elizabeth. Por se han hecho más visibles, explica. Ese proceso va desde alianzas entre medios, el uso de redes sociales, el video, y demás plataformas.

Los esfuerzos por distribuir mejor y más rápido los contenidos ha llevado incluso a experimentar con sistemas de verificación automática, como lo procura el sitio ClaimBuster de la Universidad de Texas en Arlington.

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"Pero, también a algunos medios les gusta estar a la moda y puede que el fact checking esté de moda", agrega Jane Elizabeth.

¿Es un efecto de Trump?

La popularidad del fact checking coincide con la irrupción de Donald Trump en la política estadoundiense. El candidato republicano se ha convertido en un caso de estudio por su uso indiscriminado de mentiras en público.

Si bien el cruce de las mentiras de los políticos con los periodistas que las desnudan tienen una larga historia, es razonable pensar que sin la “carne” que el candidato ofrece a los fact-checkers, el ejercicio de este tipo de periodismo no habría encontrado tan buena acogida en las audiencias ni generaría tanto tráfico. Pero, para algunos ese hecho tiene un rostro bueno y uno no tanto.

“Trump es una bendición y una maldición para los fact checkers, considera Alexios Mantzarlis, jefe del International Fact-Checking Network del Instituto Poynter, un prestigioso centro de investigación y capacitación periodística.

“Sus afirmaciones con frecuencia están tan desconectadas de la realidad que son fáciles y graciosas de leer. Sin embargo, Trump también ha traído consecuencias negativas. Por un lado, los medios han decidido, en ocasiones, interpretar literalmente hipérboles afirmadas por el republicano para publicar verificaciones “tontas”, sostiene el experto.

En segundo lugar, dice Mantzarlis, el fact checking ha servido como “munición” para que algunos miembros de la campaña de Trump muestren públicamente a los fact-checkers como sus adversarios. Eso implica un riesgo de que se enlode este tipo de periodismo.

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Varios estudios apuntan a que las personas aprecian los ejercicios de comprobación de los hechos, especialmente cuando se trata de política.

Una encuesta de la Universidad Monmouth, publicada el lunes 26 de setiembre, muestra que el 60% de las personas creen que los moderadores de los debates deberían cuestionar en vivo la información falsa que dan los candidatos. El estudio también revela que los partidarios de Trump son quienes menos creen (46%) que el moderador debería verificar lo que dicen los aspirantes presidenciales.

Así, pareciera que el Internet, Donald Trump y las nuevas tecnologías son una fórmula perfecta para que esta la época dorada del fact-checking. Ahora, el reto es que esta modalidad periodística mantenga una imagen de objetividad y equilibrio y que los medios no pierdan interés, una vez terminada la campaña presidencial.

"En Estados Unidos, me preocupa que cuando la campaña haya terminado todas las organizaciones que corrieron a hacer fact-cheking van a dejarlo rápido, como si las mentiras políticas se acabaran el día de las elecciones", apunta Alexios Mantzarlis, de Poynter.

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