Lo que comenzó como un conflicto familiar terminó en una masacre con ocho menores muertos, dos heridos y una ciudad rota
En las redes sociales de Shamar Elkins, la vida parecía tranquila, la de un gran padre dedicado, creyente y amoroso, una vida llena de triunfos cotidianos: videos de recitales, fotos de diplomas por mayor progreso académico y la imagen de una hija mayor en una "pequeña cita a solas" el viernes por la tarde. Menos de 48 horas después, ese archivo digital del orgullo materno se convirtió en el prólogo de la peor masacre que esta ciudad del norte de Luisiana haya recordado jamás