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Varios oficiales llegan apresuradamente al lugar del atentado que costó la vida a 14 personas en San Bernardino.

Olor a pólvora, llantos y terror en las miradas: el ataque en San Bernardino contado por la policía

Olor a pólvora, llantos y terror en las miradas: el ataque en San Bernardino contado por la policía

Este viernes se conmemora el primer aniversario del atentado terrorista en San Bernardino. Lo que vieron los primeros oficiales que atendieron la emergencia quedó recogido en un reporte que arroja luz a uno del momentos más trágicos de la historia reciente de EEUU.

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Varios oficiales llegan apresuradamente al lugar del atentado que costó la vida a 14 personas en San Bernardino.

LOS ÁNGELES, California.- Una mujer bañada en sangre yacía sobre los cristales de una puerta que las balas habían destrozado. Un hombre perforado por múltiples disparos estaba sentado en una banca y sin soltar el teléfono celular que llevaba en una mano. Otro cadáver, el de un hombre que almorzaba, había quedado recostado en una mesa de patio donde los proyectiles lo alcanzaron.

Eran las víctimas con las que se toparon los cuatro policías que respondieron en primera instancia a la llamada de emergencia al 911 que una mujer hizo a las 10:59 de la mañana del 2 de diciembre de 2015.

La voz en el auricular se producía desde un escondite al interior Inland Regional Center (IRC) de San Bernardino, palabras que pretendían ser calmadas y precisas, pero que evidenciaban un profundo terror, porque la llamada advertía que personas armadas con fusiles AR-15 y vestidas de negro habían irrumpido en el lugar.

La llamada al 911

Se trataba del ataque terrorista que Syed Riwan Farook y su esposa Tashfeen Malik ejecutaron el 2 de diciembre de 2015 en un salón de IRC, donde esa mañana unos 80 empleados del Departamento de Salud Ambiental del condado (DEHS) participaban en un entrenamiento laboral y más tarde se disponían a tener un convivio navideño. Catorce personas fallecieron, 22 resultaron heridas.

En ese mismo salón del IRC, un año antes, varios de esos empleados del DEHS habían asistido a un entrenamiento sobre cómo reaccionar en situaciones de peligro por tiroteos, pero esa mañana algunos de ellos creyeron que quienes portaban los fusiles de asalto, vestían de negro y llevaban pasamontañas, eran parte de un simulacro.

Esa mañana del 2 de diciembre el salón lucía con adornos navideños en las paredes y otros que colgaban del techo, un enorme árbol de Navidad en una esquina, mesas y sillas a lo largo de la habitación, en un extremo estaba los asientos acomodados en herradura para los jefes del DEHS y en el otro una mesa repleta de comida y aperitivos para el convivio.

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Pero en un par de minutos el salón se convirtió en un pandemónium, como lo describe un reporte del Departamento de Justicia y Police Foundation luego de revisar la respuesta policíaca que se tuvo en el atentado.

En fotos: A un año del ataque en San Bernardino

En fotos: Ataque en San Bernardino, un año después

La escena trágica

Cuando los primeros cuatro policías que atendieron el llamado entraron al salón, se introdujeron en una atmósfera lúgubre creada por el agua que caída de los rociadores activados por las balas y que se mezclaba con el humo de las aproximadamente 100 detonaciones que se acababan de realizar.

En busca de los pistoleros, los policías empezaron a caminar tratando de esquivar a quienes heridos o muertos estaban tendidos en el suelo. Recuerdan que estaba oscuro, pero el humo de los disparos aún se podía ver. La estancia olía a pólvora. La alarma contra incendios y el siseo de los rociadores eran el sonido de fondo para los lamentos y las voces de angustia que pedían ayuda en esa escena trágica.

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Mientras los cuatro policías avanzaban por el salón en formación diamante, como fueron entrenados para situaciones de pistoleros en acción, algunos heridos trataban de aferrarse a las piernas de los oficiales rogando por ayuda.

“Era lo peor que uno se podía imaginar”, refiere el testimonio de esos policías. “Algunos estaban en silencio, se escondían, otros gritaban o se estaban muriendo, algunas víctimas se agarraban a nuestras piernas porque querían que las sacáramos, pero nuestro trabajo en ese momento era seguir adelante. Esa fue la parte más difícil, caminar por encima de ellos”.

Minutos más tarde, cuando el humo permitía ver la dimensión de la masacre, los cadáveres regados, los adornos navideños salpicados de sangre, los orificios en las paredes, los rostros de las víctimas y su dolor, uno de esos cuatro policías describió el momento con una frase: “El terror en sus ojos era más escalofriante que sus heridas”.

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