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Una mujer frente a la barda metálica que divide la frontera entre California y México.

"Me siento derrotada": el 82% de los mexicanos que habitan la frontera sufren traumas severos

"Me siento derrotada": el 82% de los mexicanos que habitan la frontera sufren traumas severos

Un estudio concluye que la mitad de los indocumentados originarios de México que habitan comunidades californianas fronterizas padecen de angustia psicológica y otros males atribuidos al actual clima político, los incidentes violentos y la pobreza.

Una mujer frente a la barda metálica que divide la frontera entre Califo...
Una mujer frente a la barda metálica que divide la frontera entre California y México.

LOS ÁNGELES, California.- San Diego está rodeado por agentes de inmigración. Al sur se encuentra la frontera con Tijuana (México), que está protegida por dos bardas y cientos de oficiales de la Patrulla Fronteriza; en el norte y este, tres carreteras principales tienen retenes de ‘La Migra’; y en el oeste está el mar.

En medio de ese cerco viven unos 170,500 indocumentados. Entre ellos se cuenta la familia de Karen Bahena, una joven mexicana a quien le angustia la posibilidad de que los suyos sean deportados.

“Aquí es más fácil que una persona sea detenida y que la lleven a Tijuana en unos minutos”, dice Bahena, quien llegó a esa ciudad cuando tenía ocho años. Ahora está amparada por la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA), pero le preocupa que sus padres caigan en un operativo de la Patrulla Fronteriza, que ella ha visto en lugares públicos que antes no frecuentaba, o de la Oficina de Inmigración (ICE). También desconfía de la policía local por una presunta colaboración con estos.

Un incidente la marcó: a su tío lo expulsaron a México en 2008, aunque los agentes federales buscaban a otra persona. “Lo vieron moreno, le hicieron preguntas, lo detuvieron y lo deportaron”, relató Bahena, de 24 años y quien es investigadora de la Escuela de Medicina de la Universidad de California en San Diego. “Me estresa que mis papás vayan a tener un encuentro con la policía o ‘La Migra’”, señala.

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Bahena no es la única inmigrante que habita cerca de la frontera entre California y México, y que sufre angustias y traumas debido al ambiente político, por incidentes violentos o a la pobreza. Un estudio de Rice University que se publicará en la revista Journal of Traumatic Stress concluye que el 82% de los mexicanos indocumentados en dicha zona sufre por incidentes traumáticos, un índice alarmante comparado con el resto de la población de Estados Unidos.

Según el reporte ‘Varias cicatrices: Las asociaciones entre los eventos traumáticos y la angustia psicológica entre los inmigrantes mexicanos indocumentados’, el 47% de los entrevistados padece de angustia psicológica clínica grave y alrededor del 33% relató que había experimentado al menos seis acontecimientos que le dejaron un choque emocional.

“Nuestros hallazgos son alarmantes”, dijo Luz Garcini, investigadora del Departamento de Psicología de la Facultad de Ciencias Sociales de Rice University y autora del informe. “La prevalencia de eventos traumáticos entre los indocumentados en nuestro estudio es mucho mayor en comparación con las estimaciones de otras poblaciones de Estados Unidos”, alertó.

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“Esta administración lo está amplificando”

Un total de 248 mexicanos sin documentos migratorios participaron en dicho estudio, que incluyó entrevistas clínicas realizadas por psicólogos aprendices bajo la supervisión de médicos de salud mental. La mayoría tenía entre 18 y 45 años; 172 eran mujeres y 76, hombres.

Más de la mitad de los que resultaron con angustia psicológica tiene antecedentes de violencia doméstica o lesiones físicas, el 56% dijo que había sido testigo de algún acto violento, el 55% reportó carencias económicas en sus familias y el 53% dijo que vio sufrir a sus seres queridos.

“Esta información es solo la punta del iceberg”, señaló Garcini, quien espera que su investigación cambie el rumbo de la política migratoria del gobierno de Donald Trump. “La principal preocupación es que el clima sociopolítico actual y las acciones punitivas contra la comunidad indocumentada, como la cancelación de DACA, puedan aumentar el riesgo de exposición a eventos traumáticos entre estos inmigrantes sin acceso a los servicios que necesitan o protección legal”, añadió.

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Dulce García, quien emigró del estado de Morelos cuando tenía cuatro años, asegura que incluso ha enfermado debido a su temor de que le quiten el programa DACA. “En ocasiones estoy tan deprimida que no quiero pararme de la cama”, dice esta abogada de inmigración.

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García, de 34 años y residente de San Diego, cuenta varios incidentes que le ocurrieron a su familia: en una ocasión su madre huyó de un agente migratorio que se subió al autobús donde iba ella, un policía le preguntó a su hermano su estatus migratorio y a otro hermano lo detuvieron en una cárcel de ICE por manejar sin licencia y su familia cruzó un retén de ‘La Migra’ para visitarlo.

“Es angustia, estrés, trauma, pero no es nuevo, solo que esta administración lo está amplificando”, mencionó la dreamer.

Las emociones negativas que experimentan los inmigrantes, en efecto, vienen de lejos. Un estudio que publicaron en 2011 la Universidad de California en Davis y el Instituto Nacional de Psiquiatría de México reveló que los mexicanos de entre 18 y 25 años que emigran a EEUU tienen hasta cuatro y media veces más de probabilidades de sufrir depresión y ansiedad que sus compatriotas de la misma edad que se quedan en su país.

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Del 1 de enero al 30 de junio, ICE deportó a 16,599 indocumentados de los condados de San Diego e Imperial (una región habitada por 185,000 personas sin documentos legales), ambos en la frontera con México, un descenso comparado con las 23,719 personas que fueron expulsadas del país durante todo el ciclo fiscal anterior. Sin embargo, solo uno de cada tres deportados tenía antecedentes penales.

Dulce García, la abogada dreamer, asegura que las medidas migratorias de Trump están presionando su límite emocional. “Me siento exhausta, en ocasiones derrotada”, dice. “Y la cosa se está poniendo peor”.

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