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Eloísa: ay. Mama, por favor, discúlpame.
Olvidé recogerte ayer en el aeropuerto. Es que tuve un día muy...
Muy complicado y lleno de problemas. Yo no llamaría problemas a correr a tu marido de la casa.
Más bien, estupidez. ¿cómo te enteraste?
¿octavio te habló? No, le dije yo.
Mati, hubiera preferido que me dejaras decírselo a tu abuela. Tuve que decirle para que supiera por qué me quiero quedar este fin en su casa.
Bueno, ¿y esa fue tu manera de avisarme? Lo que tienes que hacer es pedirme permiso, y ya.
Es mi abuela. Y no quiero estar aquí justo cuando mi papá nos abandona.
¿no lo puedes entender, ma? Claro que lo entiende, nena.
Siempre eres bienvenida en la casa. - notificación telefónica - ya llegó el taxi.
Espera. Te va a ser muy bien estar estos días en casa.
Vas a comer mejor, nada de carbohidratos, ¿eh? Vamos a hacer cositas, y no te preocupes por tu papá.
Yo me encargo de resolverlo. - gracias.
- toma, hija. Me hablas cuando llegues.
- sí. - cuídate.
Bye, abu. Llévale esto a genaro, ¿sí?
Tu maletita, mi amor. Matilde: está bien.
- mamá. - ¿qué te he dicho?
- que no le compres estas cosas. - por favor, mamá.
- no le hacen bien. - por favor, hoy no.
¿y nayeli? Se fue a oaxaca a visitar a su sobrina.
¿quieres algo? No tuve tiempo de ir al súper.
¿pues cómo, si estuviste haciéndole dos maletas a octavio? Ni siquiera para que tenga pretexto de volver.
Por lo visto, matilde te puso al tanto de todo. Pues, hizo bien.
- hola, abuela. - hola, hija.
- hola, hija. - ay, ¿y esas ojeras?
Pues es que no dormí bien porque tuve pesadillas que mi papá estaba solo en el hotel, le daba un infarto y nadie lo escuchaba. Hice huevos con tocino, ¿quieres?
No, tengo el estómago revuelto. Me llevo una fruta y ya me voy a la oficina.
Por cierto, mamá, me quedo este fin de semana con tomás. - adiós.
- adiós, hija, que te vaya bien. Antonia: gracias.
No vayas a empezar con tus sermones, por favor. No.
Yo solamente estoy mirando el panorama. Tu marido tuvo un desliz y tú dejas que tu familia se desmorone y que tus hijos se vayan a la perdición.
A ver, no fue un desliz y mis hijos no se van a echar a perder. Antonia tiene 23 años y puede dormir donde quiera.
No creo que solo vaya a dormir. Contrario a samuel, que ese no va a dar luces hasta después de medio día porque no tiene ocupación.
Pues estás mal. Se fue a trabajar desde muy temprano.
Ah, qué bueno. Y con matilde aprovecho para pedirte que no la atormentes con lo de la audición.
¿cómo? ¿no entró?
Pensé que ya te lo había dicho. Pues no.
Ha sido muy dura consigo misma, así que... Por favor, no le toques el tema, ¿sí?
Pero es muy sencillo. El problema de ella es disciplina.
Tienes que atender a tu hija adolescente. ¿sabes qué?
Voy a recoger la ropa. Es una mujer joven, ¿verdad?
¿treintas? Ríe clásico.
Este es un momento crítico, eloísa. Tienes que tener la cabeza bien puesta sobre los hombros porque si pierdes el control de la batalla habrás perdido la guerra.
- esto no es una guerra, mamá. - claro que es una guerra.
Y las armas son la sensatez y la dignidad. Un desliz no acaba con un matrimonio.
Te dije que no fue un desliz. Pues llámalo como quieras.
Al final de cuentas va a ser lo mismo. Fíjate que no.
Desliz no es lo mismo que tiene octavio con esa mujer. - eso es una relación.
- ay, una relación. Por favor, hija.
Entonces, ¿cómo le llamarías tú a algo que lleva dos años? Sí, dos años...
Dos años en que no me di cuenta de nada. Pues dos años no son 25.
En esos dos años no solo no te diste cuenta, no te dejó. No abandonó a su familia por irse con esa mujer.
Hasta ayer, que le hiciste dos maletas y lo mandaste directa y torpemente a sus brazos. Hice lo que tenía que hacer.
Mi dignidad estaba de por medio. Tú no puedes correr el riesgo de perder a tu marido y eso es lo que va a suceder, ¿eh?
Si no cambias de estrategia cuanto antes. Esto no es una estrategia, no es una batalla, no es una guerra, no es un juego...
Es un matrimonio que se acabó. Y no porque yo lo haya querido así.
- me quité el anillo. - pero...
Mamá, yo sé que te preocupas por mí y también sé que lo que viene no va a ser nada fácil. - no.
- pero voy a sobrevivir, mamá. - si tú y octavio se separan...
- ya nos separamos. Él va a seguir con su vida, con esa mujer o con otra.
Es lo que hacen los hombres de su edad. ¿sabes qué es lo que te espera en tu vida, hija?
¿qué, mamá? Soledad.
Y no una soledad de viudez como la mía, serena y con la satisfacción del deber cumplido, sino una soledad de abandono, dolorosa, fría, llena de remordimientos y de arrepentimientos. Lamento decirte esto...
Pero estás cometiendo el peor error de tu vida. Voy a rezar para que cuando lo entiendas...
No sea demasiado tarde. Me voy.
Puerta se abre