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Que digamos. Tú eres un buen hombre.
Y nada. Pues, si ya va un resto de horas, ¿no?
Es lo que digo. Tú también...
Nada más ha pasado hora y media, hombre. ¿lo tienes?
Es una niña. A ver.
Ay, qué... Qué chiquitita.
Mi hijita. Es mi hijita.
Es una niña. Está hermosa.
¿una niña? Una niña.
Dionisio. Mírala.
Es tu hija. Es tu hija.
Pues, felicidades, caponera. Dionisio.
Vamos, pues, muchachos. No sé...
... Si la puedo tocar.
Pues... Pues, solo hoy hay una manera de saberlo.
Mira. ¿qué?
¿qué? La puedo tocar.
La puedo tocar. Sí.
Sí. ¿está bien?
Estoy bien. Estoy bien.
Mi hijita. Está hermosa.
Sabemos que las cutiño... Pues, solo tenemos mujeres.
Siempre. De generación en generación.
Nomás mujeres. Esta niña no es otra cutiño.
Es una p1inzón. Dionisio.
Dionisio, casémonos. Casémonos.
- ¿eh? - si a mí me preguntaran cuál ha sido sin dudarlo, escojo ese.
Ahí estábamos los dos, mostrándoles a todos que el amor todo lo logra. Jamás pensé que vestida de novia sería feliz.
Pero lo era. Y mucho.
Hasta ahí me había llevado el terco de estima. Y por eso le estaba muy agradecida.
¡caponera! Te quiero, dionisio.
- ¿sí? - sí.