Entre nos: Lo que me enseñó Cristina

Mi maestra regresó y lo hizo en el programa de su alumna, y la recibí con la misma admiración con la que entré a su oficina hace 28 años.

  Por: Luz María Doria, Productora de Despierta América

La vida da muchas vueltas y, en esos recorridos curiosos que planea Dios, el destino siempre te ofrece la manera de ponerte en paz con tu pasado.

Hay quienes pasan de largo, otros se detienen y le aceptan la oferta. Yo soy de los del segundo bando.

Mi primera jefa tiene un nombre conocido: Cristina Saralegui.

Llegué a su vida cuando ella estaba embarazada de su hijo menor, Jon Marcos hace 28 años.

Yo tenía 21 y la admiraba desde que empecé a leer "Cosmopolitan", revista que ella convirtió en un manual de superación para la mujer hispana.

Me encantaba su manera de escribir, sagaz y divertida.

Me gustaba porque era muuuuy real. Porque siempre parecía tener una solución para cualquier problema.

Y porque los problemas de ellas se parecían a los míos.

Cristina Saralegui ríe y sigue Pa' lante

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Cuando me gradué de Periodismo no pensé en otra persona para que fuera mi jefa.

Fernán Martinez, un amigo común, me consiguió una cita con ella y dos meses después el sueño estaba cumplido: Yo era la empleada más joven de Cristina Saralegui en la redacción de "Cosmopolitan" y "TVyNovelas".

Cuando me contrató como reportera comenzaron las clases de periodismo que nunca me dieron en la Universidad.

Era exigente. Muy exigente. Impredecible. Gritona. Terca. Apasionada. Brillante. No había nada más importante para ella que los resultados.

Sus revistas eran las que más vendían y ella la Directora que más ganaba. La más exitosa.

Una noche, cuando estábamos solas en la oficina y yo iba saliendo,  me atajó con un grito y me advirtió a quemarropa: "Luzmaaaaa: ¿tú haz visto lo que hace en inglés esa señora que se llama Oprah Winfrey? Yo  voy a hacer eso mismo en  la televisión en español".

Esa noche me subí al carro pensando que Cristina estaba loca. Un año después, esa loca era la periodista más querida y poderosa de la comunidad hispana en USA.

La reina de Univision. El día que cambió las revistas por la televisión se despidió diciéndome: "Algún día tendré mi propia revista y tú serás la directora".

Esta vez no quise pensar que estaba loca y sólo confié. Un par de años después sonó mi teléfono y era ella cumpliendo su promesa. Me nombró Directora de "Cristina la Revista" y trabajamos juntas 10 años más.

Durante ese tiempo, la ayudé a escribir su primer libro "Confesiones de una rubia", conocí junto a ella a los personajes más populares del momento, escribí sus programas de radio... Me sensibilizó ante el Sida y ante cualquier tipo de abuso. Me enseñó a respetar la orientación sexual y a hacer cadenas de bondad.

Aprendí que la gente cuenta sus problemas para que a otros no les pasen.

Fui testigo de toda su gloria. Pero un día en que ella amaneció de muy mal genio y yo muy valiente, me dijo algo que no me gustó y yo renuncié.

Seis días antes habían derribado las torres gemelas y yo no quería terrorismo en mi vida. Con un dolor profundo en el corazón me separé de Cristina y comencé por primera vez a trabajar sin un jefe famoso.  Ya las llamadas no me las devolvían tan rápidamente. Ni las entrevistas eran tan fáciles de conseguir... Ya yo no era "la de Cristina".

Pero ella me había enseñado a luchar por mis sueños. A nunca quedarme callada y a nunca, nunca, darme por vencida.

A medida que fui madurando profesionalmente las lecciones de Cristina reaparecían en mi cabeza con más frecuencia y el agradecimiento era mayor.

Durante 13 años no nos volvimos a hablar hasta hace un mes que mi jefe Alberto Ciurana me pidió que la invitara a Despierta América.

Y en ese momento comprendí (confieso que asustada) que era el enviado del destino haciéndome la oferta de hacer las paces con mi pasado.

Hoy mi maestra regresó a Univision y lo hizo en el programa de su alumna: Despierta América. Y la recibí con la misma emoción y admiración con la que entré a su oficina hace 28 años en mi primer día de trabajo. Me encontré a una Cristina más sabia y menos arrogante. Más clara en sus ideas. Una Cristina que ha sufrido mucho y quizás por eso hoy sabe ser más feliz.

¿Qué cómo fue el reencuentro? Nos abrazamos, lloramos y a los 5 minutos parecía que no hubieran pasado 13 años.

Ves porque te digo que la vida da muchas vueltas y el destino siempre, siempre, te ofrece la oportunidad de hacer las paces con el pasado?

Gracias Mati por todo lo que me enseñaste y me sigues enseñando.

Y a ti mi querido lector, recuerda que para ser completamente feliz, hay que eliminar las toxinas de la mente y del alma.

¡Inténtalo y después me cuentas! Espero tus comentarios en @ldoria@univision.com

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