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Edwin: eso es todo, muchísimas gracias por su atención y vayan con dios. María: edwin mena conquistó fácilmente el corazón de quienes lo escucharon en aquella feria eclesiástica.
Su libro, "confesiones de un cura católico renegado", estaba a la venta. Padre, teníamos que decirle que qué bonito habla usted.
Sí, muchas felicidades. Estábamos todos escuchándolo con mucha atención.
Edwin: yo simplemente cumplo con mi deber que es pregonar la palabra del señor. Y qué manera de hacerlo, padre, usted evangeliza con mucha alegría, tal como lo pidió nuestro santo padre, el papa francisco.
Edwin: muchísimas gracias. Si algún día necesitan algo no duden en llamarme.
Esta es mi tarjeta. ¿dónde tiene usted su iglesia, padre?
Edwin: en tijuana. Ay, ¿y usted se viene hasta los ángeles a evangelizar?
Edwin: hija mía, incluso aquí encuentro personas de buen corazón que quieren ayudarme con la causa que tengo con los pobres de la frontera. Dios lo bendiga, padre.
Bueno, lo dejamos para que atienda a la gente. Ambas: permiso, padre.
Edwin: vayan con dios. Juan: era una persona que tenía mucha carisma.
Podía platicar de cualquier cosa. Sabía de muchos tópicos de--de cosas que a la gente le gustaba hablar.
Padre, ¿por qué está tan preocupado? Sí, padre, yo también me di cuenta que usted tiene algo.
¿y cómo no voy a estar preocupado? En dos días empiezo vacaciones y todavía no llega mi reemplazo.
Ay, dios mío, eso sí que es un problema, padre. Pues, claro que sí.
Un problema grave, porque yo necesito hablar con la persona que me va a sustituir. El cura tiene que hacerse presente para explicarle cómo es que funciona nuestra parroquia.
Padre, pues nosotras en estos días conocimos a un sacerdote en la feria eclesiástica y él nos dio su tarjeta. ¿quiere que le llame por teléfono a ver si él puede reemplazarlo?
Pero por supuesto, hijas mías, llámenlo. Que se ponga en contacto conmigo.
Y ahora vamos porque rosario no espera. Sí, sí, como mande.
Juan: nadie le pidió su certificado de sacerdocio, dónde fue a ordenarse como sacerdote. Eh, en qué arquidiócesis tenía todos los permisos, dónde tenía sus huellas digitales.
Pues, se les hizo fácil porque las--las dos monjas lo conocieron y dijeron: "ven a ayudarnos". Padre, permiso.
Aquí le traemos al sacerdote del que le hablamos. Edwin: padre, mucho gusto.
Yo soy el padre edwin mena, para servirle en lo que usted mande. Llega usted como caído del cielo, padre.
Mañana me voy de vacaciones tres semanas y necesito, por favor, que usted me reemplace. Edwin: con mucho gusto, padre, claro que sí.
¿trajo los papeles de identidad? José: en todas las comunidades del mundo el obispo exige que los sacerdotes tengamos una licencia ministerial, un id, un documento que nos dice el sacerdote en qué parroquia está presentando sus servicios y que tiene una determinada caducidad.
Edwin: los papeles los olvidé en tijuana, padre, pero ya pedí el favor de que me los enviaran y tan pronto como los tenga se los hago llegar. Bueno, bueno, por eso no va a haber problemas, de todas maneras tan pronto los tenga los entrega a la secretaria de la iglesia y yo tengo que apurarme porque todavía no he terminado de preparar mi viaje.
Edwin: no se preocupe. Viaje usted tranquilo que yo me hago cargo de sus feligreses y de su parroquia.
Bueno, no se diga más. Les ruego me disculpen, voy un momento allí, a la oficina.
Edwin: propio, padre. Bueno, nosotras también nos vamos.
Tenemos que ir a solucionar un problema de una herencia que recibimos. Edwin: ¿un problema de una herencia?
Sí, es un terreno que nos dieron, pero entonces fíjese que tenemos que cambiar la propiedad a nuestro nombre y no sabemos cómo hacer. Edwin: por eso no hay ningún problema, no se preocupen, yo les puedo ayudar.
Soy prácticamente un experto en bienes raíces. Ay, padre.
Qué bendición. Muchas gracias por su ayuda.
Edwin: si esperan un tantito yo termino con el padre o si quieren traer los documentos para revisarlos y yo las espero acá. Claro que sí, muchas gracias, padre.
Juan: y él les dijo: "sí, ¿cómo no? Yo sé de propiedades, yo sé de bienes y raíces, yo les puedo hacer todos los documentos y todo.
Lógico, cobrando un dinero. María: escudado en la seguridad que le daba su sotana no perdía el tiempo ganando adeptos.
Edwin: voy a dejarles mi tarjeta por si algún día necesitan algo. Yo estoy consciente de los riesgos que ustedes corren por estar indocumentados, los peligros que hay en la calle entonces yo puedo ir a sus casas a ofrecerles una misa, a ofrecerles confesión, a ofrecerles comunión o lo que ustedes requieran.
Ay, padre, qué bueno, porque si no tenemos que arriesgarnos. Usted sabe que si llega la migra, de aquí mismo vienen y nos llevan, padre.
Edwin: ya no van a tener que arriesgarse. Por un pequeño donativo y con la gracia de dios yo estaré con ustedes.
Ay, padre. Muchas gracias, dios me lo bendiga.
Edwin: edwin mena. Padre edwin mena.
Gracias, padre. Edwin: dios los bendiga.
Vayan con dios. Gloria: y él se ofreció para venir a dar servicios a las casas, a los domicilios y nosotros, aquí la comunidad, decidimos que lo íbamos a contratar para una misa.
María: gloria gómez fue de las primeras en pedir la ayuda del padre mena. En la vecindad donde vivía en el centro de los ángeles todos eran fervientes devotos.
Edwin: bueno. Gloria: padre mena, ay, disculpe que lo moleste.
Edwin: no, no es ninguna molestia, hija. Dime para qué soy bueno.
Gloria: pues, fíjese que aquí los vecinos queremos que nos haga una misa para la fiesta de la virgencita de guadalupe. Nosotros le tenemos aquí el altarcito.
Somos gente muy humilde, pero con mucha fe, padrecito. Edwin: claro que sí, con mucho gusto yo voy.
Gloria: ¿y como cuánto por sus servicios? Edwin: bueno, por tratarse de ustedes voy a cobrarles solo 380 dolaritos.
Gloria: ah, bueno, pues-- pues ahí veremos a ver cómo hacemos, padre, pero entre todos le juntamos el dinerito. Edwin: entonces solamente me avisan cuándo y a qué horas para no hacer más compromisos.
Gloria: bueno, padrecito, muchas gracias. Primero quería un depósito.
Nos hacía un recibo. Venía y agarraba su depósito y cuando terminaba el servicio le dábamos el restante.
María: gloria no solo confió en el padre mena, también, literalmente, le abrió las puertas de la comunidad de vecinos. Gloria: ay, padrecito, llega usted temprano, qué puntual.
Edwin: quería llegar a tiempo para la sagrada eucaristía. Gloria: por favor, padre, ¿gusta un taquito?
Ellos son mis vecinos. Todos: mucho gusto.
Edwin: no, pero yo no quiero incomodarlos. No, no se preocupe, padre, para nosotros es un honor tenerlo aquí en nuestra vecindad.
Siéntese, por favor. Edwin: siendo así, con su permiso.
Sí, padre. María: los vecinos se sentían honrados de tener a un cura en su mesa.
Gloria: comíamos, él estaba muy amable con nosotros comiendo. Para ese momento alguien se le ofrecía otro servicio de aquí mismo y bueno, íbamos al próximo servicio que daba él aquí en la comunidad.
María: el padre mena frecuentaba y prestaba sus servicios en varias parroquias de los ángeles, pero la realidad es que no vivía en ninguna. Edwin: ya no puedo más.
Absolutamente delicioso. ¿le podría pedir un favor?
Gloria: claro que sí, padre. Edwin: ¿me podría usted prestar su--su baño?
Quiero asearme para dar la misa como se debe, como dios merece. Gloria: sí, padre, sígame al baño y ahora le doy una toalla.
Edwin: con permiso. Tenía hambre el padrecito.
María: muchas veces aprovechaba las visitas a las casas de los feligreses para comer y bañarse. Gloria: traía su maleta, se metía a un apartamento y se vestía muy bien como un-- totalmente como un padre y ya salía a dar la misa.
Edwin: bien, ya estamos listos para la santa misa. Gloria: ay, padrecito, muchas gracias.
Para nosotros es un honor que usted esté aquí en nuestra humilde vecindad. Edwin: vamos entonces a celebrar el sacrificio del señor.
Gloria: ay, sí, padre. Gloria: las misas eran mucho mejor-- se sentía que él las decía con amor, con sentimiento, con pasión.
María: ay, félix, una de las cosas que más me impresionó de los vecinos entrevistados allí en los ángeles es que todos estaban de acuerdo en algo. Edwin, el padre edwin, daba mejores sermones y misas que muchos sacerdotes.
Félix: y es que él se acomodaba a la necesidad de cualquiera. Se adaptaba fácil a ricos y pobres, todos lo sentían muy cercano y por eso se ganó