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Maía: roberto mendoza siempre ha sido un hombre de iniciativa, y precisamente, esa forma de ser le permitó aprender cosas nuevas ahora y en el campo de la cocina. Élix: y sin saberlo estaba por preparar una comida para un hombre muy importante, y del resultado pácticamente depenía su vida.
El futuro, en ese momento, era impredecible. Que disfrute.
Maía: en pleno beverly hills, un alto mandatario extranjero estaba a punto de probar un plato hecho por roberto, quien estaba lejos de imaginar lo que vendía despés. Ese es el píncipe al que le preparaste el salón.
Roberto: ¿ese seá un píncipe de verdad? No é.
Maía: roberto careía de grandes conocimientos culinarios, pero estaba convencido de que su saón era buena. Parece que al píncipe la saón salvadoreña como que le supo rara, ¿no?
Roberto: el raro esél porque a í í me queda bien rico. Es que hay gente que no tiene paladar fino.
Píncipe: necesito hablar con el cocinero. Aguas, que viene el chef.
Yo de ti, me busco otra chamba. Roberto: si no le gusó, ni modo.
Si igual, cocinas para la hora de picar hay muchas. Robert, ¿probaste el plato del píncipe?
Roberto: í, esá re bueno. El píncipe quiere verte.
Esúchalo y no digas nada. Nada.
Pero nunca preparas nada ás. Ven conmigo.
Él es robert, el cocinero. Píncipe: excelente.
Es el mejor salón que he comido en mucho tiempo. Maía: un cocinero hispano sin pretensiones de experto haía deleitado al píncipe árabe, que en adelante tuvo como su chef a roberto.
Píncipe: no quiero que nadie ás me cocine, solo roberto. Por supuesto, claro que í.
Píncipe: ¿hablas ingés? Roberto: í, un poco.
Píncipe: te vienes a preparar mi banquete de fin de semana. Organiza todo, por favor.
Roberto: ¿o sea que í le gusó? Píncipe: me encanó.
Maía: ese mismo ía comenó a crecer la fama de roberto mendoza como chef. Roberto: cocinarle a un mandatario se siente una gran responsabilidad, en primer lugar, pero si me lo pregunta profesionalmente, es un gran orgullo.
Maía: durante varios años la gloria le sonró a este salvadoreño que solo teía tiempo para trabajar. Sin embargo, cuando menos lo esperaba sufró un tremendo reés.
Buenas noches. Su identificacón, por favor.
Roberto: buenas noches, señor. ¿quénes son ustedes?
Oficiales de la inmigracón. Roberto: estos son mis documentos, oficial.
Son falsos. Roberto: pero usted no puede hacer eso, son mis documentos.
Eran. Eres un indocumentado.
Roberto: no, pero eso no es aí. Quedas arrestado por no tener identificacón álida y por estar ilegalmente en el pís.
Roberto: pero usted vio mis documentos, oficial tienes derecho de guardar el silencio. Todo lo que va a decir va a quedar guardado en contra de usted.
Maía: roberto fue detenido y puesto tras las rejas porque el notario le hizo un támite por asilo, yél no lo saía, por lo que le dijeron que estaba mintiendo. Roberto: me mandaban de árcel en árcel.
Estuve en la árcel de san pedro, estuve en las prisiones hasta de alta seguridad, aí nos llevaban. Nos despertaban seis veces en la noche, nos desnudaban.
No entiendo, diosito. ¿ómo es que me traes a este lugar?
Maía: la soledad y la desesperanza en aquella árcel de california lo agobiaron tanto que el exitoso cocinero penó en el suicidio. Roberto: ya no puedo ás.
Roberto, te veo nervioso. Roberto: ¿quén eres ú?
¿qé haces aá? Vengo a acompañarte.
Roberto: no é qé pasa. En este lugar me han violado casi todos mis derechos, no é por qé.
Tranquilo, no te preocupes, pronto veás las cosas con otros ojos. Oremos.
Roberto: empieza a orar y cuando termina, me dice: "dice el señor que donde ú vas todo esá arreglado, que no te preocupes". Duerme, descansa.
Maía: roberto nunca supo a ciencia cierta quén fue quien lo visió aquella noche que estaba decidido a suicidarse. Élix: lo que í ocurró, como lo dijo el enigático hombre, fue que al ía siguiente vendían buenas noticas.