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Edwin: espero que hayan quedado todos contentos con la celebración de la sagrada eucaristía, así como yo quedé feliz tanto con la comida como con la cena. Gloria: ay, padre, claro que sí.
Dice usted unas cosas tan bonitas. Ah, mire, aquí tengo los 380 dolaritos de la misa.
Edwin: muchas gracias. Gloria: y--y estos 80 se juntaron de las ofrendas.
Mire, padre. Edwin: ustedes tienen un corazón muy bondadoso.
Gloria: lo que dábamos en la ofrenda lo estábamos dando con amor. Era con mucho sacrificio que nos lo ganábamos aquí, pero era para la iglesia, lo dábamos con amor.
Ay, padrecito, qué bueno verlo. Necesito que, por favor, bendiga mi casa.
Siento que ahí asustan. Edwin: ¿cómo que asustan?
Yo creo que son los espíritus chocarreros. Edwin: ah, pues, no se diga más.
Vamos inmediatamente a bendecir tu casa, porque además soy buenísimo corriendo al diablo. Gracias, padre.
Por aquí. Véngase, vecina, acompáñenos, vamos.
Félix: entre más tiempo pasaba el padre mena se volvía más popular en el vecindario. Gloria: se volvió el sacerdote de la comunidad aquí.
Edwin: en el nombre de dios te pedimos que bendigas esta casa para que en ella únicamente more la paz, la prosperidad y el amor. Padre santo, te pedimos que cualquier espíritu maligno se expulsado de ella y te lo pedimos en nombre de tu único hijo, nuestro señor jesucristo.
Ambas: amén. Edwin: yo bendigo esta casa en el nombre del padre, del hijo y del espíritu santo.
Todos: amén. Padre, ¿cuánto va a ser por la bendición?
Edwin: no te voy a cobrar mucho, hija, yo sé que ustedes tienen necesidades. 100 dolaritos está bien.
Félix: algunos en el vecindario no se acostumbraban a que el padre mena cobrara por todo. Aquí tiene los 100 dólares, padre.
Muchísimas gracias. Edwin: dios te bendiga, hija.
Bueno, ya es hora de retirarme. Si ustedes necesitan cualquier cosa tiene mi número telefónico, me llaman.
Gloria: muchas gracias, padre. Vecina, ya es hora de irme también.
Hasta mañana. Hasta luego.
Gloria: siga, padrecito. Edwin: gracias.
Ahora sí a descansar en paz porque el padrecito sacó al demonio de esta casa. Félix: confiadas en la bendición del cura, gloria y su vecina se fueron a dormir sin sospechar que mena ocultaba más de un secreto.
Nadie sospechaba que el padre mena tenía por hogar un viejo automóvil que estacionaba en un parque. Edwin: bueno.
Buenas noches, padre, disculpe que lo moleste. Ya ha de estar usted en su casa durmiendo.
Edwin: sí, la verdad sí, estoy aquí en mi cama descansando en mi casa, pero no te preocupes, hija, dime, ¿qué puedo hacer por ti? Sí, es que quisiera que le hiciera el novenario a mi papá que acaba de fallecer.
Sería aquí en la casa donde hicimos la misa de la virgen. Edwin: claro que sí, con mucho gusto yo voy.
Muchas gracias. Edwin: no hay de qué, hija.
Descansa, buenas noches. Dios te bendiga.
Jose: y hay gente que al confiar en cualquier persona sin haberla conocido, sin haber visto su currículum y otras cosas más confía en ellas y esto, precisamente, permite que se comentan fraudes y abusos. Félix: octaviana se sentía aliviada.
No pudo viajar al funeral de su padre, pero en los ángeles podía pedir por el descanso de su alma. Octaviana: padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre-- yo llamé a puebla y le comenté a mi hermano.
Yo le estoy haciendo un rezo aquí a papá. Le digo: "¿sabes qué es lo más mejor?
", le digo, "es que viene un padre a celebrarlo". Y él contento dice: "está bien", dice, "está bien, síguele haciendo".
Dice: "tú no pudiste venir a verlo, pero está bien que tú le hagas el rezo". Edwin: ay, muchas gracias, octaviana.
Siempre vino bastante gente al rezo, ¿no? Octaviana: sí, aquí querían mucho a mi papá.
Edwin: octaviana, yo-- quiero saber si tú me puedes hacer un gran favor. Octaviana: sí, dígame, padre.
Edwin: a mí me da-- me da mucha vergüenza, pero ¿tú me podrías prestar 100 dolaritos? Eh, es que no tengo para el combustible y tú sabes que los sacerdotes vivimos de la misericordia que ustedes nos dan.
Octaviana: sí, padre, descuide, no faltaba más. Félix: aunque aquel dinero era una fortuna para ella no dudó en dárselo al sacerdote.
Edwin: muchas gracias, hija. Mañana mismo te lo regreso.
Octaviana: descuide, padre. Pues, yo nunca le cobré ni nada y mi esposo no sabía que yo le había prestado el dinero.
Y este, ya después, este, acabó el rezo, se fue y ya nunca lo volvimos a ver. Félix: en su peregrinaje por las parroquias mena ofrecía y cobraba incluso por servicios no religiosos.
Padre, perdone que venga a molestarlo, pero necesito su consejo. Edwin: ¿en qué te puedo ayudar?
Eh, padre, resulta que me esto divorciando y estoy acorralado. Los abogados de mi ex mujer me exigen que tengo que tomar terapia psicológica para poder ver a mis hijos.
Tengo problemas con la custodia, padre, por eso vengo a pedirle que, por favor, rece por mí. Edwin: claro que sí, pero pues, además del rezo, pues, si tú quieres, por un pequeño donativo, también te puedo dar la terapia.
¿usted, padre? Edwin: sí, y no solamente eso, también puedo ayudarte con el documento que te piden de la corte.
Aquí donde me ves, también soy psicólogo. Ay, padrecito, muchas gracias que dios me lo bendiga.
Juan: era productor de música, era director de música, era cantante, era, eh, músico, era psicólogo, era psiquiatra, era conocedor de bienes raíces, todo sabía este señor. Félix: gloria nos dijo que el hombre a quien conocía como el padre mena, le pidió prestados 800 dólares y como no se los pudo conseguir estaba mortificada porque él le llamaba insistentemente durante varios días.
María: y es que la pobre se sentía culpable porque el supuesto padre le decía que necesitaba ese dinero para pagar una bodega donde tenía almacenadas donaciones para los pobres y que si no