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Historia de maía antonieta collins, que hace años que toó una decisón de vida o muerte. ♪ ♪ ♪ ♪ maía: se pensaban que porque estaba de viaje, no estaba haciendo nada?
En españa, en roma, donde sea, voy y me grabo. No es lo mismo hacerlo en la casa, que en madrid.
Yo queía ser una mujer mayor saludable. El impacto ás grande de la ciruía no ólo fue con los deás, sino que tambén con lo ío.
Puedo hacer las cosas que nunca imagié de pronto. Agarrarse bien de los brazos y poder bajar al únel.
♪ ♪ ♪ ♪ ♪ ♪ ♪ ♪ ♪ ♪ ♪ ♪ ♪ ♪ ♪ ♪ hacer cosas ísicas que a una mujer de ás de 60 años, con 185 libras, le era simplemente prohibido. Todaía hay otro escaón ás.
M antes con mi peso era imposible hacer un viaje papal. Hay que seguir un orden, una loística que te obliga a despertarte a las cinco de la mañana.
Cuando benedicto xvi, yo era una reportera gordita, talla 16. No hubiera podido seguirlo.
Yo ya me haía acercado al borde del precipicio. Teía pre diabetes, teían colesterol, tomaba pastillas para la presón alta.
Esa maía antonieta collins, de 190 libras, no existe, no le doy chance. La sepulé con todo mi cariño el 27 de enero del 2014.
Una persona con obesidad órbida menos en este planeta. Reducimos el esómago en un 70 o en un 80%.
♪ ♪ ♪ ♪ ♪ ♪ ♪ yo me acuerdo de ver la imagen cuando saló, que me impacó y luego ver la transformacón. Es la televisón, tu estexpuesto''as ú esá expuesto.
De convertiste en una modelo de talla grande? Í, pero ya luego no lo puede hacer.
La ropa no me marcaba y lo que haían era darme la ropa de enfrente, muy enfrente de la ámara. Humillaciones fuertes como por ejemplo el vestido.
El famoso vestido que ué para el certamen de belleza. Maía: cánto te cosó el vestido?
$3000. Cuando me paó lo del avón, fue cuando toé conciencia.
Fue corriendo un muchacho a í y me dijo: si ú quieres llegar sana y salva a nueva york, tienes que tomar dos boletos. Todos se rían.
Yo me hice a un lado, me suí y estuve cuatro horas de camino a nueva york reflexionando. Maía: tocaste fondo aí?
Í, la gente pasaba y se me quedaba viendo. Los hombres se burlaban de mis caderas.
No hay nada ás feo que tus hijos digan: ma, por qé todo