El Ferry de Los Ébanos: el cruce fronterizo que sobrevive al tiempo y la tecnología

A primera hora de la mañana, desde hace 76 años, el ferry Los Ébanos ha conectado las ciudades fronterizas en Texas, y Díaz Ordaz, Tamaulipas. Un cruce impulsado por la fuerza humana y que deja ver la conexión entre Estados Unidos y México.

Video ¿Cruzar la frontera entre EEUU y México con la fuerza de las manos? Así es el Ferry de Los Ébanos

En un discreto rincón de la frontera entre Estados Unidos y México, donde el río Bravo separa a Los Ébanos, Texas, de Díaz Ordaz, Tamaulipas, sobrevive un cruce que parece desafiar al paso del tiempo. No hay motores, grandes estructuras de acero ni el flujo de vehículos que caracteriza a otros puentes internacionales. Aquí, el trayecto depende de la fuerza de seis marineros que, sujetando un grueso cable, arrastran un ferry de una orilla a otra.

Es el ferry de Los Ébanos, conocido también como el Chalán San Miguel, el único ferry binacional de pasajeros y vehículos que conecta oficialmente a México y Estados Unidos.

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"Hay varios que conectan ciudades, pero este es el único que conecta dos países", explica la pasajera Juana Krueger, mientras espera abordar la embarcación.

El recorrido dura apenas siete minutos. El costo es de dos dólares por persona y cinco dólares por vehículo, una tarifa que mantiene vivo un servicio que realiza cerca de 75 cruces diarios entre las ocho de la mañana y las tres cuarenta de la tarde, cuando concluye la jornada.

"Son alrededor de 75 vueltas durante todo el día", detalla Marco Antonio Garza, propietario de la parte mexicana del ferry.

Trabajadores con sus propias manos movilizan el Ferry Los Ébanos
Trabajadores con sus propias manos movilizan el Ferry Los Ébanos
Imagen N+ Univision

La singular embarcación pertenece a dos familias: una estadounidense y otra mexicana, reflejo de la naturaleza compartida de este histórico paso fronterizo.

"Es muy importante para nosotros. Tengo 78 años y todavía lo tenemos", comenta Ediberto Reyna, dueño del lado estadounidense, cuyo cruce fue inaugurado oficialmente en 1950, cuando el control fronterizo estaba integrado apenas por un agente de inmigración y otro de aduanas.

Más de siete décadas después, la esencia del ferry permanece intacta: la fuerza humana sigue siendo el motor que lo impulsa. Aunque los marineros son quienes realizan el trabajo físico, la operación cumple con estrictas normas de navegación.

"La Guardia Costera de Estados Unidos demanda que el chalán tenga un capitán", explica don Ediberto Reyna. Con una tripulación que está conformada por seis hombres que, literalmente, jalan el ferry de un país al otro.

"La tripulación está compuesta de seis marineros... son los que jalan el mecate, son los que hacen todo el trabajo pesado", señala Marco Antonio Garza.

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Los desafíos del ferry Los Ébanos

Durante sus 76 años de existencia, el Ferry de Los Ébanos ha enfrentado múltiples desafíos para sobrevivir. Uno de los más recientes fue la propuesta de construir un puente internacional que habría significado el fin de esta histórica embarcación. Sin embargo, el proyecto nunca se concretó debido a las condiciones de inundación de la zona, permitiendo que el ferry continuara prestando servicio.

Hoy, las preocupaciones son distintas. Comerciantes y usuarios consideran que el reducido horario de operación limita el intercambio cotidiano entre ambas comunidades.

"Quisiéramos que se alargara porque esto nos beneficia... a las tres cuarenta y cinco ya se nos acaba", comenta Carlos Fernando Rosas, usuario frecuente del cruce.

Imagen N+ Univision

Cada tarde, cuando el reloj se acerca al cierre, una escena cotidiana resume el profundo vínculo entre ambas naciones. Niños con mochilas al hombro corren hacia la orilla texana para alcanzar el último viaje del día. Son estudiantes estadounidenses que viven con sus familias en Díaz Ordaz, México, y cruzan diariamente la frontera para asistir a clases en Texas.

Con el último recorrido concluye también la jornada de los oficiales fronterizos.

"Todas las noches duerme en Estados Unidos. Aquí a las 3:40 se termina de dar el último viaje, baja la gente de CBP, se trae su candado y lo amarra", explica Garza.

Una vez asegurada la embarcación en territorio estadounidense, los chalaneros regresan a México, mientras el ferry permanece inmóvil hasta el amanecer, listo para iniciar una nueva jornada.

Curioso que, en una época marcada por la tecnología y la modernización de las fronteras, el ferry de Los Ébanos sea un testimonio vivo de la historia compartida entre México y Estados Unidos, una tradición que ha sobrevivido al paso del tiempo.