La
población en Irán enfrenta un
endurecimiento de sus condiciones de vida debido a una
inflación descontrolada y al aislamiento bancario internacional. Tras los recientes bombardeos,
el costo de la canasta básica sube diariamente mientras la
moneda local pierde valor. El sistema financiero impide recibir remesas del exterior o
realizar transacciones con tarjetas extranjeras, obligando a residentes y visitantes a
depender exclusivamente del efectivo en medio de la incertidumbre por el conflicto.