DALLAS, Texas. En un hospital de Kyiv, Ucrania, el celular avisa que puede haber un bombardeo cerca. Jorge Corona y su equipo ya conocen ese sonido.
De Dallas a Kyiv: un cirujano mexicano opera heridos de guerra en Ucrania
Jorge Corona, cirujano mexicano que vive en Dallas, Texas, viaja a Ucrania para operar heridos de guerra. Entre alertas de bombardeo y quirófanos, busca devolverles parte de su rostro y su vida.

A veces, la alerta obliga a bajar a un refugio.
Luego vuelven arriba y retoman lo que vinieron a hacer: operar a pacientes con heridas que dejó la guerra.
Este 24 de febrero se cumplen cuatro años desde que comenzó la invasión rusa a Ucrania.
Mientras el conflicto sigue, otra batalla ocurre lejos de las trincheras: la de médicos que reconstruyen rostros y órbitas oculares dañadas por balas, drones y metralla.
Corona, un cirujano oculoplástico mexicano residente de Dallas, viaja para donar su tiempo y su experiencia en esa parte del esfuerzo médico.
“No soy soldado, pero en mi habilidad de ser médico es la forma en que yo puedo ayudar y es contrarrestar la maldad con bien”, comenta en entrevista con nuestro compañero Ángel Pedrero de N+ Univision 23.

Qué lo llevó a una zona de guerra
Corona explicó que su decisión nace de una postura contra la guerra y de una convicción personal.
“Totalmente en contra de la guerra. Ucrania es un país soberano, por eso quisiera ayudar”, afirmó.
También dejó claro que su rol no es militar.
Su herramienta es su especialidad, enfocada en reconstrucción del área del ojo y el rostro, donde una lesión puede afectar visión, funciones básicas y la vida diaria.
Para llegar, no existe una ruta directa.
Primero vuelan a Polonia y desde allí continúan por tierra.
El trayecto, entre retenes y salvoconductos, toma entre 10 y 12 horas.
En el camino, dicen, viajan con el temor de un ataque y de que el vehículo que transporta a médicos se convierta en un blanco.
Corona es el único hispano que realiza el viaje.

Cuántas cirugías han hecho
Corona describió un trabajo por misiones.
Dijo que en cada viaje su equipo realiza alrededor de 40 cirugías.
En cinco viajes, estimó que han hecho cerca de 200 procedimientos.
“Desde que fuimos a Ucrania hemos hecho en cada viaje aproximadamente el equipo unas 40 cirugías, entonces llevamos cerca de 200 cirugías hechas en los cinco viajes en los que he participado”, dijo.
Esas cifras, explicó, reflejan el volumen de casos que han atendido en visitas repetidas, con pacientes que llegan desde zonas de combate o con lesiones recientes por explosiones.

Un puente médico entre Dallas y Ucrania
Parte del trabajo comienza antes de subir a un avión.
Según explicó Corona, en Ucrania se realizan tomografías computarizadas a los heridos.
Esas imágenes se envían a una empresa especializada, Medcan, para fabricar implantes y piezas de titanio diseñadas para cada paciente.
“Los imprimen aquí en Dallas, los llevamos con nosotros y en Ucrania los operamos junto con los doctores ucranianos”, contó.
La lógica, dijo, es llevar material ya preparado para que la cirugía sea más precisa y se reduzca el tiempo en quirófano, especialmente cuando el sistema de salud está bajo presión.

Operar con alertas de bombardeo
La guerra no se queda afuera del hospital.
Corona relató que ha estado en Ucrania cuando llegan alertas de ataque y deben moverse rápido.
“Varias veces hemos estado en Ucrania cuando nos suena en nuestro teléfono que puede venir un bombardeo a la zona en donde estamos”, dijo.
“Nos ha tocado oír las bombas y nos ha tocado que los cristales del edificio en donde estamos empiecen a temblar y nos ha tocado ir al refugio”.
Ese riesgo convive con una rutina médica exigente.
Viajan con piezas y equipo.
Llegan a un país que sigue bajo amenaza.
Y trabajan con colegas ucranianos en cirugías que, en condiciones normales, ya serían complejas.

Qué queda después de la cirugía
Al terminar la operación, el vendaje cubre la zona intervenida y llega un silencio breve dentro del quirófano.
Después, el agradecimiento.
En la historia, esa reacción no se presenta como un gesto emotivo aislado: el paciente recupera parte de su vida diaria.
El impacto no se limita a lo físico.
En heridas faciales, volver a ver, hablar o respirar mejor cambia la manera en que alguien vuelve a la calle y se enfrenta al espejo.
También cambia cómo esa persona se siente frente a su familia, su trabajo y su futuro inmediato.













