SAN ANTONIO; Texas.- Niños y adultos comenzaron a ser liberados del centro de detención de ICE, en Dilley, Texas.
“No sé si voy a volver ahí”: trasladan a familias de centro de detención de ICE a un albergue
Ante la presión tras denuncias de condiciones precarias, falta de atención médica, falta de alimentos y de agua potable, al menos 27 familias fueron trasladadas a un albergue ubicado a una hora de Dilley.
Ante la presión tras denuncias de condiciones precarias, falta de atención médica, falta de alimentos y de agua potable, al menos 27 familias fueron trasladadas a un albergue ubicado a una hora de Dilley.

Con un nudo en la garganta, una madre de familia liberada confesó a N+ Univision que no esperaba salir con un grillete en el tobillo.
“Mi hijo me preguntó, porque esto normalmente se lo colocan a los delincuentes, a las personas que están en la cárcel o que hacen delitos, entonces él me preguntó ‘mami, ¿por qué te colocaron eso? ¿lo vas a tener siempre?’. Se siente raro. No sé cómo funcione y no sé si voy a volver ahí”, dijo la joven madre.
El miedo, tristeza y enojo lo comparten varios adolescentes cuyas vidas fueron interrumpidas al ser detenidos.
“Tristeza y enojo porque una guardia se burló de mí por estar encerrado y pues quería ver a mis amigos”, dijo un jovencito.
Madres de familia con niños enfermos continúan desesperadas por la falta de atención médica.
“Él desde que nació sufre de los riñones, no he podido darle bien agua, ni nada. A él no le gusta tomar el agua de aquí. No es una atención buena de los médicos, de verdad, que no es una atención buena”, dijo una mujer, que era acompañada por sus dos hijos pequeños.
Cientos de niños de todas las edades aún permanecen encerrados y aunque tienen temor a represalias, continúan denunciando.
“Quiero volver a ser libre, no quiero estar encerrada. Yo también quiero salir, pero también quiero que salgan otras personas”
Por segundo día consecutivo, uno tras otro hicieron fila para hablar con N+ Univision.
“Extraño a mi gatita Chepina que está en mi casa”, dijo Paola, de 6 años.
Al preguntarle a Paola cuál es la comida que más extraña, su semblante cambió y dibujó una enorme sonrisa: “¡Chocolate!”, contestó.














