El domingo 12 de abril, Donald Trump publicó un post en Truth Social sin precedente: un presidente en funciones atacó por nombre y en público al papa. Calificó a León XIV de “débil frente a la delincuencia” y fue más lejos: aseguró que sin su llegada a la Casa Blanca, el cardenal Robert Francis Prevost nunca habría llegado al pontificado.
Trump contra León XIV: una crónica de la crisis entre el presidente y el primer papa estadounidense
El enfrentamiento exhibe una fractura inédita entre Trump y la Iglesia católica, donde la fe, la política y la guerra chocan en pleno escenario global.

“No estaba en ninguna lista para ser papa, y la Iglesia lo puso allí solo porque era estadounidense… Si yo no estuviera en la Casa Blanca, León no estaría en el Vaticano”, escribió Trump. Añadió: “No quiero un papa que piense que está bien que Irán tenga armas nucleares” y “No quiero un papa que critique al presidente de los Estados Unidos porque estoy haciendo exactamente las cosas para las que me eligieron”.
La respuesta llegó desde un avión, al inicio del viaje del papa por África: “No le temo al gobierno de Trump ni a proclamar con firmeza el mensaje del Evangelio, que es para lo que creo que estoy aquí”. Y añadió: “No soy un político, no tengo intención de entrar en un debate con él. El mensaje del evangelio es muy claro: Bienaventurados los que construyen la paz”.
Esta reacción del presidente Trump se produce luego de que el sábado 11 de abril, durante una jornada de oración por la paz en la Basílica de San Pedro, León XIV condenó el uso del nombre de Dios “en discursos de muerte”: “¡Basta ya de la idolatría de uno mismo y del dinero! ¡Basta ya de la exhibición de la fuerza! ¡Basta ya de la guerra!”
El pontífice advirtió que quien se aleja de Dios queda sometido a una lógica de muerte al convertir su propio poder en un “ídolo mudo, ciego y sordo”. No mencionó a Trump ni a Irán. Aunque Trump sí mencionó a León.
La paradoja que se convirtió en advertencia
Seis de los nueve jueces de la Corte Suprema son católicos. El vicepresidente J.D. Vance se convirtió al catolicismo en 2019. El secretario de Estado Marco Rubio es católico. El embajador ante la Santa Sede, Brian Burch, también es católico. En 2024, Donald Trump ganó el voto católico con un margen que ningún republicano había logrado en décadas. Nunca un gobierno estadounidense había tenido tantos integrantes católicos en sus círculos de poder.
Además, el 84% de los católicos estadounidenses simpatiza con León XIV, según el Pew Research Center. Una encuesta de CBS de marzo muestra que el papa supera a Trump en popularidad entre votantes: 34 puntos de apoyo neto frente a -12 del presidente. Encuestas de medios conservadores, incluido Fox News, ya reportaron una caída del apoyo a Donald Trump y a sus políticas entre los católicos estadounidenses, particularmente por el conflicto en Medio Oriente. Esto revela que se comienzan a abrir grietas dentro del movimiento del presidente.
El origen: las redadas contra los migrantes
La crisis con la Iglesia no comenzó con la guerra.
El 13 de noviembre de 2025, la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos publicó un mensaje inédito, en español, donde denunció el clima de ansiedad y temor en las comunidades migrantes ante las redadas que ya alcanzaban espacios públicos y dejaban familias separadas. Incluso publicaron un video en el que manifestaron su preocupación por el trato hacia las comunidades migrantes y aseguraron que la dignidad humana y la seguridad no se contraponen.
Sobre esto, León XIV ese mismo mes calificó el trato a los migrantes en Estados Unidos de “extremadamente irrespetuoso” y subrayó que las personas en situación irregular merecen que su caso se resuelva sin menoscabar su dignidad. Aunque enfatizó que los países deben tener control sobre sus fronteras: “Debemos buscar maneras de tratar a las personas con humanidad, con la dignidad que les corresponde”, señaló.
El segundo capítulo: la guerra
Ahora, con el inicio del conflicto en Medio Oriente, se abrió un nuevo frente de tensión entre la Iglesia Católica y la Casa Blanca.
Durante su homilía del Domingo de Ramos, León XIV dijo que Dios “no bendice ninguna guerra” y, al citar al profeta Isaías, señaló que Dios “no escucha la oración de quienes hacen la guerra” ni de quienes tienen “las manos llenas de sangre”. Esto fue interpretado por la opinión pública como una respuesta al secretario de Guerra, Pete Hegseth, quien había pedido a la ciudadanía estadounidense rezar por la victoria de Estados Unidos en nombre de Dios. Durante esa ceremonia, el papa agregó que “Jesús es el rey de la paz, que rechaza la guerra, a quien nadie puede usar para justificar la guerra”.
Voces dentro del clero estadounidense se sumaron al llamado del papa, como monseñor Timothy Broglio, responsable de la atención pastoral a los militares de Estados Unidos, quien el 5 de abril cuestionó la legitimidad moral de la guerra contra Irán. Dijo que “la guerra es siempre el último recurso” y sostuvo que el conflicto no cumple los requisitos de la doctrina católica de la guerra justa.
En enero de 2026, ante el posible despliegue de tropas en Minneapolis y las amenazas de invadir Groenlandia, Broglio afirmó que para el personal militar “sería moralmente aceptable desobedecer una orden” que atente contra su conciencia. Por su parte, el cardenal McElroy, arzobispo de Washington D.C., añadió que esta guerra es moralmente ilegítima.
Ante la amenaza de Trump de que “toda una civilización moriría” si no se abría el estrecho de Ormuz, León XIV calificó la amenaza contra el pueblo iraní de “inaceptable” y contraria al derecho internacional.
Tensiones diplomáticas en aumento
Las fricciones entre el Vaticano y la Casa Blanca ya tuvieron consecuencias. Dos semanas después de la elección de León XIV en mayo de 2025, el vicepresidente Vance y el secretario Rubio fueron recibidos por el papa y le extendieron una invitación para los festejos de julio por el 250 aniversario de la Declaración de Independencia. La respuesta tardó meses.
A mediados de febrero de 2026, el Vaticano anunció que el papa viajaría ese mismo día a Lampedusa: la isla del Mediterráneo donde desde hace años se acumulan imágenes de naufragios con migrantes.
También en febrero, el Vaticano rechazó participar en el Consejo de la Paz convocado por Trump para supervisar la reconstrucción de Gaza. El cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano, argumentó falta de claridad en temas clave e insistió en que estas crisis deben gestionarse desde la ONU.
Mattia Ferraresi, periodista y colaborador de The Free Press, enumeró tres razones por las que el equipo del papa decidió que no viajara a Washington: desacuerdos en política exterior, la oposición de los obispos estadounidenses a la política migratoria del presidente Trump y la cercanía de las elecciones intermedias de noviembre de 2026.
El incidente del Pentágono
De acuerdo con un artículo de The Free Press publicado el lunes de Pascua, Christopher Pierre, nuncio apostólico en Washington, se reunió con funcionarios del Departamento de Guerra en el Pentágono, incluido el subsecretario Elbridge Colby.
Durante el encuentro, que se llevó a cabo en enero, Ferraresi sugiere que el tono habría sido intimidante. La publicación señala que se planteó que la Iglesia debería estar del lado de Estados Unidos. Según sus fuentes, el equipo de Colby analizó línea por línea el discurso del pontífice, al considerarlo una afrenta contra la doctrina “Donroe”, reinterpretación de Trump de la política Monroe.
Poco después, el embajador ante la Santa Sede, Brian Burch, confirmó que la reunión sí ocurrió, pero rechazó esa versión. J.D. Vance se negó a comentar y Matteo Bruni, vocero del Vaticano, cerró el caso: confirmó el encuentro y afirmó que “la narrativa ofrecida por algunos medios no corresponde en absoluto a la verdad”.
La tensión entre ambas instituciones no surgió de un solo incidente, sino del resultado de meses de fricciones diplomáticas derivadas de un choque de visiones, a pesar de que muchos pensarían que un gobierno con figuras católicas como Vance y Rubio facilitaría el diálogo con el primer papa estadounidense.









