Entre más libros lean, presos pueden pasar menos días en las cárceles de Brasil

El programa permite descontar a los reclusos cuatro días de su sentencia por cada libro leído; pueden reducir su condena en hasta 48 días al año, luego de demostrar con ejercicios la comprensión de lectura.

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En Brasil, leer libros puede significar menos tiempo en prisión, ya que un programa oficial permite a las personas privadas de la libertad reducir su condena en hasta 48 días al año a cambio de leer y demostrar comprensión de obras literarias.

La iniciativa, regulada por primera vez en 2012 y estandarizada a nivel nacional en 2021, se ha convertido en uno de los sistemas más amplios de este tipo en el mundo. Por cada libro leído, los reclusos pueden descontar cuatro días de su sentencia, siempre que participen en actividades como debates, reseñas o ejercicios que acrediten la lectura.

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El programa ha ganado popularidad entre decenas de miles de presos en todo el país. En un sistema penitenciario marcado por el hacinamiento y condiciones difíciles, la lectura no solo representa una oportunidad de reducir su condena, sino también una vía de escape mental y desarrollo personal.

En prisiones como la Djanira Dolores de Oliveira, en Río de Janeiro —que alberga a más de 800 mujeres—, los talleres incluyen la elección de libros, discusiones grupales y la elaboración de textos o dibujos. Entre las obras leídas figuran clásicos de la literatura brasileña y universal, como Capitanes de la arena, Crimen y castigo o El color púrpura.

Autoridades penitenciarias destacan que el acceso a la educación y la cultura contribuye a la reinserción social. Según funcionarios, estos programas ayudan a que las personas regresen a la sociedad con herramientas para respetar normas y reconstruir sus vidas.

El crecimiento del programa ha sido notable: desde 2021, las solicitudes para reducir penas mediante la lectura se han multiplicado por siete, de acuerdo con datos oficiales.

Sin embargo, el acceso sigue siendo desigual, pues un informe de 2023 reveló que cerca del 30% de las cárceles en Brasil no cuentan con bibliotecas o espacios adecuados para leer, lo que limita su alcance.

A pesar de estos desafíos, especialistas coinciden en que la lectura ofrece algo más que beneficios legales. Para muchos reclusos, los libros representan una forma de imaginar otros escenarios, reflexionar sobre su vida y reconectar con su identidad más allá de su situación judicial.

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El expresidente que lee para acortar su tiempo en prisión

El programa de lectura en prisiones volvió a captar la atención mediática a principios de 2026 cuando el Tribunal Supremo de Brasil autorizó al expresidente Jair Bolsonaro participar en este sistema de reducción de condena.

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Bolsonaro, quien cumple una sentencia de 27 años — tras intentar un golpe de Estado para permanecer en el cargo a pesar de su derrota electoral en 2022—, podrá acceder a los mismos beneficios que otros reclusos si cumple con los requisitos establecidos, como la lectura de libros y la elaboración de trabajos que acrediten su comprensión.

El caso puso en el centro del debate la aplicación de este tipo de programas a figuras de alto perfil, aunque las autoridades brasileñas han reiterado que se trata de un mecanismo general, es decir, disponible para cualquier persona privada de la libertad que cumpla con las condiciones establecidas.

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