Nueva York.- Once son las ciudades de Estados Unidos que recibirán a cientos de miles de aficionados durante el Mundial de fútbol, uno de los eventos deportivos más grandes del planeta. Más allá de la emoción en los estadios donde se gritará "gooool", la llegada masiva de visitantes también implica un aumento significativo en vuelos, consumo de energía y agua, generación de residuos y presión sobre la infraestructura urbana como el transporte.
Más ciudades, vuelos y emisiones: ¿Cuál será la verdadera factura ambiental del Mundial?
El Mundial promete ser una enorme fiesta de fútbol, pero también podría convertirse en uno de los eventos deportivos con mayor impacto ambiental. ¿Qué tan grande será su huella ecológica?
El torneo, que se realizará del 11 de junio al 14 de julio en México, Canadá y Estados Unidos, y tendrá de sedes estadounidenses a ciudades como Nueva York/Nueva Jersey, Los Ángeles, Dallas, Atlanta, Houston y San Francisco, entre otras, que recibirán una intensa actividad turística, económica y logística, trayendo consigo mucho más que fútbol: será un reto ambiental.
" Uno de los principales desafíos será la capacidad de las comunidades anfitrionas para procesar materiales reciclables y compostables. Contar con esta infraestructura es fundamental para reducir la cantidad de desechos que terminan en los vertederos", explica a UNIVISION, Brian McCullough, profesor asociado de la Universidad de Michigan.
"En cuanto al consumo energético, las instalaciones utilizadas para estos encuentros demandarán niveles similares a los que requieren otros eventos deportivos de gran escala que se celebran regularmente durante el año como la NFL. El uso de energía suele aumentar considerablemente antes del inicio de cada partido, se mantiene elevado durante su desarrollo y disminuye una vez que concluye", añade el especialista.
Por otro lado, para Alicia White, ambientalista y directora ejecutiva de Project Petals, una organización neoyorquina acreditada ante las Naciones Unidas, dice que la generación de residuos y huella de carbono forman parte de una huella que puede extenderse mucho más allá de las semanas de competencia.
"La huella de carbono es enorme. Solo los viajes internacionales representan una parte significativa de las emisiones, y eso sin contar la adecuación de estadios, el consumo de energía, la generación de residuos y las necesidades de transporte para millones de visitantes", asegura.
En la región de Nueva York y Nueva Jersey, por ejemplo, las autoridades han apostado por fortalecer el transporte público y desarrollar espacios para aficionados con criterios ambientales, pero no todas las sedes parten de las mismas condiciones.
"En lugares como Texas, donde cerca del 90% de la población depende del automóvil para desplazarse, implementar estrategias basadas en el transporte público resulta mucho más complejo".
Para Alice, la sostenibilidad debe reflejarse de forma mucho más tangible. "Significa apostar por estándares de construcción más ecológicos, programas de compensación de carbono que sean realmente verificables, el uso de proveedores y recursos locales, metas concretas de reducción de residuos y una participación genuina de las comunidades en el proceso de planificación. Además, requiere medir el impacto que deja un evento global de esta magnitud una vez que todo ha terminado", asegura.
Sostenibilidad en el Mundial de fútbol
Para intentar contrarrestar el impacto ambiental, la organización del Mundial ha construido su estrategia de sostenibilidad en cuatro pilares: social, ambiental, económico y de gobernanza. Según explica Alicia, el eje ambiental pide a las ciudades sede que desarrollen planes propios para reducir emisiones, mejorar la eficiencia energética y usar los recursos de forma responsable.
Además, se comprometieron públicamente a reducir sus emisiones en un 50% para 2030 y alcanzar cero emisiones netas para 2040, y el Mundial debería reflejar esa ambición.
Sin embargo, críticos señalan que "muchas de las medidas propuestas dependen en gran parte de tecnologías futuras, compensaciones de carbono o cambios de comportamiento, más que de reducciones reales integradas en la estructura del torneo".
"Esta crítica no es menor, especialmente considerando que las afirmaciones de neutralidad de carbono del Mundial de Qatar fueron consideradas engañosas por un regulador suizo", dice Alicia White.
Finalmente, de cara a futuros eventos internacionales, McCullough cree que el enfoque debe centrarse menos en construir desde cero y más en aprovechar los recursos existentes, una estrategia que ya han adoptado recientes Juegos Olímpicos y torneos de gran escala.
"Los futuros eventos deberían priorizar el uso de instalaciones ya existentes, como hemos visto en recientes torneos internacionales y en los Juegos Olímpicos de París y Los Ángeles. Evitar la construcción de nuevas sedes y optar por modernizar o mejorar las que ya existen es una estrategia más rentable y amigable con el medio ambiente. Además, tiene un mayor potencial para dejar un legado positivo y duradero al fortalecer la infraestructura con la que ya cuentan las ciudades", concluye Brian McCullough.
Esta nota se realizó en colaboración con TMX.
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