El video ya está publicado. Pasan unos minutos y aparece la tentación de revisar el celular. ¿Cuántos likes tiene? ¿Se está moviendo? ¿La gente está comentando? Para muchos jóvenes que empiezan a crear contenido, esa escena se repite más de lo que imaginaban.
Likes y redes sociales: el creador de contenido Francisco Doglio analiza la presión digital.
Cada vez más jóvenes en América Latina usan las redes para mostrar lo que saben hacer o iniciar proyectos propios. Pero la presión por los likes puede terminar desviando el foco.

Las redes sociales abrieron un espacio enorme para compartir ideas, aprender cosas nuevas o incluso empezar proyectos propios desde casa. En América Latina, cada vez más jóvenes ven en internet una forma de mostrar lo que saben hacer, enseñar algo que dominan o construir una comunidad alrededor de un tema que les apasiona.
Pero junto con esa oportunidad aparece una presión silenciosa: la de medir todo por reacciones inmediatas.
Francisco Doglio, creador de contenido uruguayo que trabaja de cerca con emprendedores digitales en la región, suele hablar de ese fenómeno cuando conversa con jóvenes que están empezando. Muchos llegan con entusiasmo, con ideas claras sobre lo que quieren compartir, pero al poco tiempo empiezan a fijarse más en el contador de likes que en el mensaje que querían transmitir.
Y ahí es donde, según Doglio, empieza la confusión.
Porque una publicación puede recibir muchas reacciones simplemente porque es fácil de consumir o porque entra bien en el ritmo de la plataforma. Pero eso no siempre significa que esté generando una conexión real con quienes la ven. En cambio, hay contenidos que tal vez no explotan en los primeros minutos, pero terminan provocando conversaciones, preguntas o interés más profundo.
En varios encuentros y charlas con jóvenes emprendedores digitales, Doglio insiste en algo sencillo: el like no es un diagnóstico, es solo una señal.
Lo que suele preocupar a muchos creadores nuevos es que sienten que deben competir constantemente. Ven cuentas con números altos, videos virales o tendencias que parecen repetirse en todas partes. Eso puede llevar a cambiar el estilo propio solo para intentar encajar en lo que parece funcionar.
Doglio dice que ese es uno de los errores más comunes cuando alguien empieza a construir presencia en redes. Ajustar todo para agradar puede traer visibilidad momentánea, pero también puede hacer que el contenido pierda identidad.
En distintos espacios donde comparte su experiencia con jóvenes latinoamericanos interesados en el mundo digital, suele hacer una pregunta que deja pensando a más de uno: si mañana desaparecieran los likes visibles, ¿seguirías publicando lo mismo?
La respuesta no siempre es inmediata.
Para muchos jóvenes, las redes son hoy un lugar para aprender, explorar ideas o mostrar proyectos personales. Algunos enseñan habilidades que dominan, otros comparten experiencias o documentan lo que van descubriendo en el camino. Esa diversidad es parte de lo que hace interesante el espacio digital.
Por eso Doglio insiste en que el verdadero valor del contenido no siempre está en la reacción rápida, sino en lo que provoca después. Si alguien escribe para preguntar más, si una publicación ayuda a entender mejor un tema o si alguien se anima a empezar algo nuevo después de verla, ahí ya ocurrió algo importante.
En América Latina, donde el acceso a herramientas digitales sigue creciendo, muchos jóvenes están encontrando en las redes un lugar para experimentar con ideas que antes no tenían dónde mostrar. Algunos terminan convirtiendo esa actividad en proyectos más grandes; otros simplemente encuentran una comunidad que comparte sus intereses.
Lo que Doglio intenta transmitir cuando habla con creadores que recién comienzan es que el número visible no debería convertirse en el centro de todo. Las métricas cambian, las tendencias pasan, pero el contenido que nace con intención suele encontrar su espacio con el tiempo.
Porque al final, más allá del algoritmo o de la cantidad de likes, lo que realmente hace crecer una comunidad es que alguien al otro lado de la pantalla sienta que lo que vio le dejó algo.








