Rogelio Peral y su personaje Mayiyi: los desafíos de sostener el humor en redes sociales

En internet, el humor suele verse como algo rápido. Un video aparece, la gente se ríe, lo comparte y pasa al siguiente. Lo que rara vez entra en la conversación es todo lo que ocurre antes y después de ese momento. En el caso de Mayiyi, el personaje creado por el comediante y creador latino Rogelio Peral, ese proceso tiene bastante más trabajo y dudas de lo que podría imaginarse desde afuera.

Mayiyi se ha dado a conocer entre el público hispano a través de parodias musicales y sketches inspirados en situaciones cotidianas. Su estilo parte de algo simple: observar lo que ocurre alrededor y exagerarlo lo suficiente para que se vuelva humor. Muchas veces una escena común, una frase escuchada al pasar o una situación absurda de la vida diaria se convierten en el punto de partida de un video.

El desafío empieza justo después de esa idea inicial.

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Una escena que funciona en la cabeza no siempre funciona cuando se escribe. Lo que suena gracioso en una frase puede perder ritmo cuando se dice en voz alta. A veces una línea necesita varias versiones antes de encontrar la forma correcta. En otras ocasiones la idea simplemente se descarta y el proceso vuelve al principio.

Ese tipo de decisiones forman parte del trabajo cotidiano, aunque rara vez aparezcan cuando el video finalmente llega a la pantalla.

Las parodias musicales que produce suelen implicar un proceso más largo de lo que parece. Primero aparece el concepto general, luego la adaptación del guion al ritmo de la canción. Después se graban las voces, se ajusta el audio y finalmente se filman las escenas que sostienen la historia.

La edición ocupa buena parte del tiempo.

Es ahí donde la pieza encuentra su ritmo definitivo. Una pausa demasiado larga puede arruinar un remate. Un gesto que llega antes de tiempo puede cambiar la reacción del público. Son detalles pequeños, casi invisibles, pero decisivos cuando el objetivo es que la escena funcione de manera natural.

Ese trabajo minucioso también tiene que ver con el camino que Peral recorrió antes de dedicarse al contenido digital. Creció en una familia vinculada al circo, donde aprendió desde muy joven que la reacción del público no admite muchas explicaciones. Si un número funciona, la risa llega en el momento. Si no funciona, el silencio también aparece sin aviso.

Más adelante llegaron otras experiencias que terminarían influyendo en su manera de crear. La música aportó sentido del ritmo. El trabajo con sonido enseñó paciencia y precisión técnica. El cine ofreció herramientas para construir escenas. Con el tiempo, todos esos elementos terminaron mezclándose en la forma en que produce sus parodias.

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Sin embargo, incluso con esa experiencia, uno de los desafíos más grandes no está en la técnica sino en la constancia.

Las redes sociales funcionan con una velocidad particular. Lo que hoy circula ampliamente mañana puede haber desaparecido de la conversación. En ese contexto, muchos creadores sienten la presión de producir sin pausa, como si cada publicación tuviera que superar a la anterior.

Esa lógica puede volverse agotadora.

En lugar de perseguir cada tendencia o reaccionar a todo lo que ocurre en el momento, Mayiyi ha preferido mantener un proceso más cercano a su forma original de trabajar. Las ideas siguen naciendo de observaciones simples, situaciones que cualquiera podría reconocer en la vida diaria.

A veces una conversación casual basta para encender una idea. Otras veces la inspiración aparece en una escena que, vista con un poco de distancia, ya parece una parodia por sí sola.

La dificultad está en sostener ese proceso durante años.

No todos los videos generan la misma reacción. Algunos encuentran audiencia de inmediato y otros tardan en circular. También hay contenidos que simplemente pasan desapercibidos. Esa irregularidad forma parte de la dinámica del mundo digital, aunque desde afuera muchas carreras parezcan una sucesión constante de momentos virales.

Con el tiempo, la relación con esos resultados también cambia.

En lugar de medir cada publicación como un éxito o un fracaso inmediato, el trabajo empieza a verse como una construcción más larga. Una acumulación de ideas, intentos y ajustes que poco a poco terminan definiendo un estilo propio.

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Para un comediante, hacer reír siempre será el objetivo visible. Pero sostener ese humor en el tiempo implica algo más que una buena ocurrencia. Implica paciencia, disciplina y la capacidad de seguir buscando la próxima idea incluso cuando el resultado anterior todavía está dando vueltas en internet.

En el caso de Mayiyi, ese proceso continúa abierto. Porque detrás de cada video que aparece en pantalla hay algo mucho menos evidente: la insistencia diaria de volver a empezar.