Cansado por la crisis que vive en San Francisco, un guatemalteco naturalizado estadounidense ha tomado la decisión de autodeportarse. Ha perdido casi en su totalidad la vista por enfermedades crónicas desde hace tres años, no puede trabajar y
lleva más de dos esperando una respuesta sobre los beneficios sociales que le corresponden por su discapacidad. Su única prioridad es salir adelante con su esposa e hija, a quienes suma diez años sin abrazar.
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