Cuando Juli Obregón se subió por primera vez a un escenario, apenas tenía seis años. La mayoría de los niños a esa edad están más preocupados por juegos o dibujos animados, pero ella ya sabía que cantar era lo suyo. Y no era un capricho pasajero: venía con la música desde los cuatro años, cuando empezó con su formación vocal, guiada por el entusiasmo familiar y una convicción temprana.
De las raíces al pop global: cómo Juli Obregón construyó su estilo sin perder su esencia
La historia de una joven cantante argentina que pasó del chamamé a la música pop sin olvidarse de dónde viene

A los 9 años, su talento apareció en la televisión nacional, un espacio que le dio visibilidad pero también una responsabilidad inesperada para alguien tan joven. Y a los 12, en su Corrientes natal, se paró ante 25 mil personas en el Festival Nacional del Chamamé.
No solo emocionó al público, sino también a una de las figuras más importantes de la música folclórica argentina: Soledad Pastorutti. Ella no dudó en invitarla al escenario en su propia presentación. Era el tipo de gesto que dejaba en claro que Juli tenía algo especial.
Desde ese momento, todo fue crecimiento. Pero no uno lineal ni sencillo: hubo una búsqueda, una transformación, un proceso natural de cambio que la llevó a explorar nuevos estilos, sonidos y territorios.
La carrera de la artista tomó verdadero impulso tras ser descubierta por Eduardo Basagaña, un referente en la industria musical que ha trabajado con figuras como Ángela Leiva y Ana Mena. Gracias a su respaldo, pudo consolidar su proyección y comenzar a dejar una marca propia.
Juli Obregón y la búsqueda de un sonido propio
En el presente, Juli tiene 22 años. Ya no es la niña que conmovía en festivales con su voz aguda y sus canciones tradicionales. Ahora es una artista que mezcla ritmos pop, baladas y arreglos retro con una estética clara y una presencia sólida en redes sociales. Pero ese camino no fue una ruptura, sino una evolución.
“Me definiría como una artista que no se cierra a ningún género, ya que en mis inicios comencé cantando chamamé que es la música tradicional de donde vengo (Corrientes), pero en mi casa siempre se escuchó de todo así que actualmente puedo definirme como una artista muy versátil en la búsqueda de nuevos sonidos”.
Esa apertura la llevó a experimentar con su voz y también con instrumentos como el piano, la guitarra y el ukelele. En paralelo, se volcó a interpretar covers de artistas que admira profundamente: Ariana Grande, Katy Perry, Dua Lipa o Taylor Swift. Con cada versión, fue entendiendo mejor qué quería transmitir como artista.
“Cuando hago covers siempre busco darle mi toque personal. Por ejemplo, en cuanto a la técnica vocal, me gustan mucho los melismas, así que trato de ponerle siempre algo de eso, cambiando un poco la melodía pero no tanto, siempre respetando el tema original”.
Transformación artística y adaptabilidad
En esa exploración también se sumó el homenaje a artistas del pop europeo de los 80s, como Sandra o Ivana Spagna, que sirvieron de referencia para muchas de sus próximas composiciones. De hecho, en su álbum debut, esas influencias se mezclan con sonidos más actuales, creando una propuesta fresca y personal.
En total, ya tiene nueve canciones en Spotify, cada una con su videoclip, y otras diez en desarrollo. Con la salida de su primer disco, su presencia en plataformas digitales ya suma millones de reproducciones.
Desde la colaboración con Ariann en “Nadie Dijo Remix”, que entró en los rankings de Spotify en Argentina y Uruguay, hasta los comentarios y mensajes de figuras como María Becerra o Mau y Ricky en sus redes, todo indica que su trabajo está resonando. Pero Juli Borregón prefiere hablar desde el proceso, no desde el resultado.
“Lo mejor fue poder hacer realidad todas las canciones que tenía en mi cabeza, escucharlas tal cual las imaginaba fue algo increíble”.
En definitiva, Juli Obregón no dejó atrás el chamamé. Lo integró y lo convirtió en parte de su base para abrirse a nuevos sonidos. No es una artista que cambió de piel; es alguien que decidió crecer con todo lo que ya era.







