“Si te escapas, voy a denunciarte y te van a deportar”, es una de las amenazas que, de acuerdo con Karla De Anda, pueden escuchar algunas trabajadoras del hogar cuando deciden ponerle un alto a los abusos de sus empleadores.
“Jamás estarán solas”: Karla De Anda, la mujer que lucha por las trabajadoras del hogar explotadas
Karla De Anda, fundadora de The Right to Freedom Network, ha construido una red integrada por 80 personas donde acompaña, orienta y brinda apoyo a trabajadoras domésticas que han sobrevivido a situaciones de trata y explotación.
Karla De Anda, fundadora de The Right to Freedom Network, ha construido una red integrada por 80 personas y un Comité de Liderazgo conformado por 15 mujeres, donde acompaña, orienta y brinda apoyo a trabajadoras domésticas que han sobrevivido a situaciones de trata y explotación. Su misión es ayudarlas a recuperar su voz, conocer sus derechos y alzarla para exigir cada uno de ellos, después de haber sido invisibilizadas, vulneradas o privadas de ellos.
Pregunta: ¿Cómo fue la primera vez que una trabajadora doméstica se acercó a usted para pedirle ayuda?
Respuesta: La primera vez que una trabajadora doméstica tocó mi puerta para pedirme ayuda. La pasé a mi oficina y durante siete horas escuché cómo me contaba que había sido víctima de trata y explotación, hasta el punto de terminar hospitalizada, por lo que decidió irse a su país para poder ser atendida.
Entre coraje e indignación, la víctima decidió volver a Miami para exigir justicia y demandar a las personas que la habían contratado, con mi ayuda. Lamentablemente, nunca le regresaron el dinero que le correspondía después de las largas horas de trabajo, pero durante todo el proceso logró obtener la visa T, que puede otorgarse a personas que han sido víctimas de trata y cumplen con determinados requisitos.
A partir de ese momento, mi celular no dejó de sonar. Comenzaron a llegar casos de explotación, falta de pago, aislamiento y amenazas. Hace tres años opté por crear mi propia organización porque, mientras colaboraba con otras, en muchas ocasiones no podía hacer todo lo necesario para ayudar a las trabajadoras que acudían a mí.
¿Recuerda a cuántas personas ha ayudado?
R. Calculo que hasta ahora he podido ayudar a entre 14 y 16 trabajadoras del hogar. Algunas de las mujeres que he atendido pasaron entre nueve y 15 años en situaciones de explotación.
En los casos que llegaron a una resolución favorable o a un acuerdo, se ha recuperado un acumulado de casi 2 millones de dólares que corresponden a las propias trabajadoras. Sin embargo, no todas las víctimas deciden acudir por la vía civil debido al miedo a las represalias de las familias.
¿Cuál es el mayor desafío para poder ayudar a las trabajadoras del hogar?
R. El mayor desafío de mi organización es establecer contacto con las víctimas para ayudarlas a salir de la situación en la que se encuentran. Algunas no tienen acceso a un celular; sus familiares no se encuentran en el país o ni siquiera tienen control sobre su propio dinero.
Muchas veces la trabajadora ni siquiera se da cuenta de que lo que está viviendo es terrible y, aun en esas circunstancias, las mujeres tienen derechos.
¿Qué tan importante es que una trabajadora doméstica tenga pruebas de lo que ocurre en su lugar de trabajo?
R. La vulnerabilidad puede comenzar desde la contratación. Algunas trabajadoras llegan a Estados Unidos con una visa para trabajar en una casa sin haber leído adecuadamente el contrato. En determinados casos, el chofer o la familia les entrega un sobre para presentarlo en la embajada y terminan firmando el documento dentro de un automóvil. Incluso cuando el contrato está escrito en español, algunas no tienen la oportunidad de revisarlo tranquilamente.
Por eso considero fundamental que conozcan sus derechos antes de viajar, conserven su pasaporte, tengan una copia del contrato y sepan cuáles son las condiciones bajo las que deben trabajar.
Uno de los mayores abusos que se dan con frecuencia es que las trabajadoras laboren entre 80 y 100 horas a la semana sin recibir el pago correspondiente por tiempo extra. No obstante, este número puede aumentar, ya que los empleadores pueden dar por finalizada la jornada y después pedirles que continúen planchando o realizando otras actividades de la casa.
Un consejo que recomiendo, en el caso de que quieran exigir sus derechos ante un juzgado, es llevar un registro de sus horarios y de las actividades que realizan. También la documentación puede convertirse en una herramienta fundamental. Guardar fotografías, contratos y cualquier otro registro que permita demostrar las condiciones en las que están trabajando.
He conocido casos de trabajadoras que fueron obligadas a dormir en cuartos de lavandería, garajes o espacios sin aire acondicionado.
¿Cómo puede una trabajadora doméstica identificar las primeras señales de violencia o abuso antes de que la situación empeore?
R. Considero que algunas de las señales de alerta son que les retiren el pasaporte, controlen su dinero o teléfono, las mantengan aisladas o las amenacen con denunciarlas ante las autoridades migratorias si intentan escapar.
“Si te escapas, voy a denunciarte y te van a deportar”, es una de las amenazas que pueden escuchar algunas trabajadoras. En determinados casos, cuando una mujer consigue escapar, también puede ser acusada de robo. Estas amenazas no deben tomarse a la ligera y, paradójicamente, pueden terminar convirtiéndose en evidencia dentro de un caso.
¿Qué tanta importancia tiene para usted la barrera del idioma entre una trabajadora doméstica y su empleador?
R. Uno de los obstáculos para que una trabajadora del hogar pueda exigir sus derechos es no hablar inglés. Esto puede impedir que pida ayuda, conozca sus derechos o pueda desenvolverse con independencia. Esta es una de las razones por las que mi organización ofrecerá clases de inglés el próximo año, con la intención de darles una herramienta para generar autonomía.
No hablar inglés puede dificultar muchísimo que una trabajadora conozca sus derechos, pueda pedir ayuda o pueda desenvolverse en determinadas situaciones.
¿Qué ocurre cuando una trabajadora sufre violencia doméstica y es inmigrante indocumentada?
R. Normalmente, recomendaría llamar inmediatamente al 911 y acudir a un hospital para recibir atención médica y solicitar un examen. Sin embargo, debido al temor que algunas mujeres tienen ante las medidas migratorias, aconsejo que me llamen directamente para que pueda canalizarlas con organizaciones especializadas en agresión sexual o violencia doméstica.
Mi organización intenta acompañar a las víctimas durante estos procesos y conectarlas con profesionales que puedan ayudarlas tanto en el ámbito migratorio como en el civil. El temor a tener problemas migratorios también puede impedir que una trabajadora denuncie.
Yo reconozco que no puede garantizar al cien por ciento que una persona nunca enfrentará consecuencias migratorias, por lo que mi organización busca acompañarla durante el proceso y, cuando es necesario, contar con una abogada que pueda acudir con ella. La intención es que la trabajadora no tenga que enfrentar sola un sistema que puede resultar intimidante, especialmente después de haber vivido años de control.
¿Qué opina de la política migratoria del presidente Donald Trump y cómo cree que está afectando a las trabajadoras domésticas inmigrantes?
R. El miedo es terrible ante el segundo mandato de Trump, por lo que algunas trabajadoras llevan meses sin salir de sus casas y prefieren pasar sus días de descanso dentro del lugar donde trabajan.
El miedo ha cambiado la manera en que las organizaciones pueden ayudarlas. Antes podíamos insistir en que pelearan por sus derechos, mientras que ahora algunas temen perder su empleo o consideran que salir de casa puede representar un riesgo.
Además, con la actual administración también han aumentado los tiempos de espera para la aprobación de la visa T. Mientras que anteriormente el proceso podía tardar alrededor de un año, ahora la espera puede extenderse hasta tres años.
También las organizaciones que atienden a víctimas de trata enfrentan una reducción de recursos. Algunos programas que anteriormente recibían subvenciones gubernamentales dejaron de contar con esos fondos. En el caso de mi organización, actualmente cuentan con recursos para cubrir alrededor de tres días de hotel cuando una víctima consigue escapar, mientras buscan un refugio u otra alternativa.
El resto depende de donaciones, fundaciones, abogados que aceptan algunos casos sin cobrar y apoyos de emergencia para comida y hospedaje. Sin embargo, en Miami, el trabajo que ha realizado el Consulado de México con víctimas mexicanas de trata. Desde mi experiencia, ha existido colaboración y una respuesta profesional hacia las víctimas.
Para mí, esa coordinación es importante porque el agresor puede ser incluso de la misma nacionalidad que la persona afectada, lo que plantea retos adicionales para las instituciones.
¿Qué cambios debería haber para mejorar las condiciones laborales de las trabajadoras domésticas?
R. Yo creo que debería existir un mecanismo de supervisión para las mujeres que llegan con una visa específica para trabajar como trabajadoras domésticas. Considero necesario que exista una instancia que compruebe que el empleador cumple con el contrato y paga correctamente las horas trabajadas.
Actualmente, han surgido otro tipo de modalidades de contratación, como agencias que ofrecen trabajos relacionados con el cuidado de niños a través de Facebook y envían a mujeres a Estados Unidos con visas de turista. Esto las coloca en una situación todavía más vulnerable porque llegan sabiendo que no pueden trabajar legalmente y pueden quedar atrapadas en ciclos de violencia.
¿Ahora que tiene esta experiencia, cómo le hubiera gustado que la ayudaran cuando era trabajadora doméstica?
Yo conozco esa vulnerabilidad porque yo fui una trabajadora doméstica . Cuando recuerdo mis primeros años, me hubiera gustado tener un lugar al que pudiera acudir, un espacio donde acercarme y recibir apoyo, porque cuando llegas eres muy vulnerable.
A mí me pagaban menos del salario mínimo y, aunque no sufrí el nivel de maltrato de algunos de los casos que atiendo actualmente, sí experimenté situaciones donde me hablaban con connotaciones racistas y clasistas.
¿Cree que el llamado “sueño americano” sigue siendo una realidad para los inmigrantes?
R. Yo creo que el sueño americano nunca existió como tal. En mi opinión, una persona puede lograr muchas cosas y mejorar económicamente, pero también hay un costo.
Ese costo puede cobrarse con años sin ver a tus hijos, perdiéndote la vida de tus seres queridos, a tal punto que algunas ni siquiera pueden regresar a sus países cuando sus padres mueren.
Para algunas, el objetivo tampoco es quedarse en Estados Unidos. Quieren recuperar el dinero que les corresponde, regresar a su país de origen y utilizar esos recursos para construir un patrimonio.
¿Cómo describe el sentimiento que experimenta cuando logra ayudar a una persona a salir de un ambiente laboral precario o de abuso?
R. Este sentimiento lo puedo describir como algo hermoso, y considero todavía más significativo el proceso mediante el cual se consigue. La organización funciona como una red entre las propias mujeres, donde algunas han pasado por situaciones similares y poseen el conocimiento necesario para ayudar a otras a enfrentar problemáticas que ellas mismas vivieron.
Es increíble, porque no se trata solamente de sacar a una persona de una situación de abuso. También se trata de que pueda recuperar su autonomía y empoderarse poco a poco.
Hay casos de mujeres de alrededor de 60 años que estuvieron con una familia durante décadas. Por ello, sus intereses pueden ser diferentes: algunas quieren tener la posibilidad de regresar a su país, mientras que otras buscan una restitución económica.
Cuando me preguntan qué se debe hacer si una trabajadora vive una situación de abuso y tiene miedo, yo contesto que “den el primer paso y que me hagan esa primera llamada”.
Mi organización ha llegado a recibir en nuestras propias casas a trabajadoras que necesitan salir inmediatamente del lugar donde viven con sus empleadores. Si ellas dan el primer paso, jamás las dejaremos solas.








